Macri, el cerdito “Práctico”
Hay una sacrificada mamá que debe criar sola a sus hijos. Su compañero la abandonó y ahora ella vive agobiada por su apretada situación económica en una casa alquilada, sus chicos ya no reciben regalos y ella a penas duerme porque trabaja todo el día y luego vuelve a su hogar para seguir cocinando, limpiando y haciendo los deberes de la escuela.
Hoy sus hijos se han reunido para pedirle algo: quieren irse a vivir con su padre porque con él “estaban mejor”, le dicen.
Cómo explicarles que su padre gastó todos los ahorros para darles aquella vida. Y que cuando los ahorros se terminaron vendió el auto para poder seguir gastando. Y que al final se fue, llevándose el dinero que ella había juntado para la máquina de coser...? Esa mamá llora de impotencia.
Es el caso de una típica paradoja. Una situación que aparenta ser una cosa, pero que es en verdad otra. Y tiene que ver con lo que ahora vivimos muchos argentinos, es decir, cómo explicar clara y simplemente que la difícil situación económica actual es el resultado de años y años de improvisación y populismo durante los cuales, a veces “estuvimos mejor” (y otras peor).
Los cuentos infantiles se usaron justamente para esto, para explicar ciertas paradojas. El cuento que mejor corresponde a nuestro caso es, creo, el de los tres cerditos. El más previsor, (“Práctico”, lo llamó Walt Disney) construyó con esfuerzo y sacrificio su casa “de ladrillos” y pudo así salvarse y salvar a sus hermanos del lobo...
El kirchnerismo cobró las enormes rentas en dólares de unas exportaciones que eran altas en valor (por el inesperado precio internacional de la soja en aquellos tiempos) y también en cantidad (gracias a las inversiones que había realizado el campo durante los años del menemismo). Pero, como aquel padre irresponsable, las malgastó en un nivel de consumo que, como quedó demostrado, no se podía sostener.
Qué hubiera significado por entonces “construir la casa de ladrillos”? Quizá algo simple: usar el superávit fiscal que nos dejó la crisis del dos mil uno para comprar esos dólares de la exportación y guardarlos en el Banco Central. Quizá mantener tarifas razonables en los servicios públicos, para preservar ese superávit fiscal y poder seguir llenando la alcancía del Banco Central. Nos hubiéramos evitado la inflación y los años de recesión que vinieron después. También nos hubiéramos evitado esta crisis final con la que lucha el gobierno actual que, todos en el fondo del alma sabemos, debió haberle explotado al gobierno anterior. Hubiéramos entrado en un camino de crecimiento mas lento pero sostenido. Habría ahora trabajo para todos. Unico camino para salir de la pobreza.
Pero lo que hubiera resultado “Práctico” no se hizo, y más útil es preguntarse ahora qué sería HOY construir “la casa de ladrillos”.
Esta administración, de una u otra forma, ha logrado recomponer aquellos dos pilares del crecimiento que se despilfarraron: volvemos a tener superávit fiscal y superávit externo. Son cimientos construidos con esfuerzo y sacrificio. Pero son cemento puro. Que no se ve, pero que ahí está. Y que permitirá seguir construyendo sobre seguro. Y vivir en paz.
Como no podría ser de otro modo, la economía de los países se parece mucho a la de las personas . Todos sabemos que para mejorar debemos ser cautos y sacrificados. Ahorrar, en lo posible, para luego, con mucha prudencia invertir. Y los préstamos no son en sí mismos ni buenos ni malos. Todo depende del uso que se les dé.
Juan Carlos Aulmann
Economista