miércoles, 15 de octubre de 2008

"CARTAS A PENELOPE" (NOVELA CORTA)

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PROLOGO



La vida está llena de misterios. ¿Y quién es el que no ha soñado alguna vez con resolverlos? Yo tuve la
suerte de develar uno, pequeño quizá, pero muy interesante, al menos para mí.

Soy Penélope Rorik (por favor no confundir con la Penélope de las cartas...) y vivo en una ciudad frisia de
Holanda. Cuando mi querido abuelo murió, quedé algo sola en el mundo, sabiendo muy poco de la vida y
casi nada de mi futuro. Pero también me sentí libre, totalmente libre por primera vez. Esa libertad, junto
con el amor por la literatura, fueron los tesoros que me dejó aquel hombre fuerte y tranquilo que me supo
respetar, y que se llevó con él (estoy segura) secretos de mi pasado.

Dediqué los primeros años de mi independencia a hacer todo lo que la mayoría de la gente solía entonces
hacer: me casé, tuve hijos, luego llegaron nietos... Tenía un raro magnetismo para los hombres holandeses
y quizá fue por eso que mi esposo pudo amarme toda su vida, cosa tan rara en un siglo en que los amores
han dejado casi de existir.

Pienso que fue también por esa razón que sólo pude novelar cosas un poco insípidas: porque la verdadera
fuerza de un escritor está en la observación de la realidad misma... y poco se puede mirar del mundo
cuando se vive tan dedicada a una sola cosa, como fue en mi caso cuidar de una gran familia... Aunque no
me di cuenta de esto hasta que pasaron los años. Tampoco pude imaginar que lo mas interesante que
tendría para contar era algo que me había pasado a mi misma y que aún desconocía.

Pero empecemos por el principio.

Entre las numerosas bibliotecas de Buenos Aires (de libros de historia, de narrativa, de arte, de títeres, de
flora, de trajes, del lunfardo, de música indígena, etc., etc.), hay una dedicada a la poesía: la Casa de
Evaristo Carriego, el poeta triste de Palermo. Fue en ella que, a mis veinte años, encontré, hurgando entre
libros viejos, uno que había sido escrito por el que fue mi padre sustituto (algo así como adoptivo pero con
carácter transitorio), Juan Beltramino, del cual tengo apenas unos recuerdos ligados a mi infancia que,
según me han contado, transcurrió en San Isidro, un suburbio de esa ciudad. Ese libro, que el bibliotecario
me regaló, permaneció siempre conmigo, principalmente porque una de sus poesías llevaba mi nombre y
eso me permitía fantasear con la idea de que había sido escrita para mí. Luego me di cuenta de que no fue
así.

Años después, durante un veraneo que pasé en Ostfriesland, lo tomé nuevamente para hojearlo. Pero lo
primero que noté fue que el poema ya no estaba: la página había desaparecido.

¿Quién otro que mi abuelo podría haberlo hecho?

Ignoro, naturalmente, cual fue su real intención. Pero lo cierto es que este hecho me impulsó al
descubrimiento de otros, que de otro modo hubieran permanecido ocultos para siempre. Esa página
arrancada fue tal vez (con el tiempo he terminado por verlo así) el único modo que halló mi abuelo de
dejarme abierta la puerta a un secreto que quizá se había jurado callar.

Vueltas y vueltas di entre editoriales que ya no existen y editores retirados o fallecidos tratando de dar con
otro ejemplar (completo) de aquel pequeño libro. No lo logré. Pero en cambio hallé estas cartas de Juan
Beltramino que estaban, junto a una copia del diario íntimo de Penélope (de la verdadera y terrible
Penélope de esta historia), en manos de una hija de la que fue su amiga y profesora de castellano en la
Argentina, Azucena Odriozola. Ella también me dijo que el original debía haberlo tenido yo, pues quedó
en manos de mi abuelo...

También encontré un relato ("El Ultimo Sueño") que Juan escribió antes de su muerte y que formó parte
de una colección dedicada a cuentos psicológicos inéditos. Tiene (creo) mucho que ver con lo que ocurrió
al final.

Hoy, a mis ochenta años, he decidido publicarlo todo... Si no como una historia real, al menos como una
novela que a nadie podrá ya afectar. Si sólo de una mínima parte de nuestro presente somos (acaso)
responsables: ¿cómo serlo en lo más ínfimo del pasado? Y en este caso, además, ese pasado me
enorgullece.

La idea de intercalar las cartas en el diario fue sugerida por mi editor, preocupado naturalmente por hacer
las cosas más fáciles e interesantes a los lectores. El también quería reescribir el diario que Penélope
redactó originalmente en su incipiente castellano, pero me opuse: solamente permití que fueran corregidos
errores de ortografía, de conjugación de verbos y declinaciones más importantes. Es cierto que su sintaxis
resulta a veces algo confusa, pero debe considerarse que son los problemas normales de quién está
aprendiendo un idioma... Ir más allá hubiera significado afectar la frescura original.

Los minuciosos hechos reales permanecerán (una vez más) en la sombra. Los que aquí se relatan trazan
una imagen algo difusa y ciertos aspectos quedan ocultos o admiten más de una explicación; pero quizá
eso no importe. Porque el mundo no es como es, sino como lo imaginamos: a los veinte años vi en aquel
poema todo el amor a la vida que por entonces me inundaba el alma. Hoy, a la nueva luz de los textos que
encontré, en mis parciales recuerdos de aquellas estrofas perdidas veo (o creo ver), ni más ni menos que el
apasionado retrato de un asesinato a puñaladas...



PRIMERA PARTE



Buenos Aires (Argentina), marzo de 1996.


Mucho tiene para contar quien hace un viaje a tierras tan extrañas.

Nunca escribí un diario. Pero mi padre me regaló éste antes que yo dejé Holanda y así... Tal vez sea bueno
para los años que vienen saber qué ocurrió antes; y también es bueno para practicar mi español.

Además sería para mí tan lindo aprender a escribir muy bien! Yo recibí una carta muy hermosa de un
hombre que conocí en la calle al poco tiempo que llegué a la Argentina y Azucena me ayudó a traducirla
porque era muy difícil para mí. Yo creo también es por eso que deseo practicar mucho este idioma de
poetas y poder algún día contar perfectamente lo que yo siento...

América es mi tierra de sueños. Cuando yo era una niña pensaba siempre en viajar por aquí. Mi abuelo me
contó que soy nieta de una muy bonita india zamba que murió cuando mi padre nació. Y él entonces
estuvo tan triste que quiso regresar a Holanda. Mi apellido es sin embargo muy español y dicen viene de
Cádiz donde tres hermanos emigraron a Chile y de allí se difundió a Mendoza.

Pero América es ahora muy distinta que mi abuelo me contó. El vivió en Chaco y también en un valle
cordobés de nombre indio muy difícil que ya no recuerdo más. Allí conoció a mi abuela y se enamoró el día
mismo que la pudo ver. Ella también tenía ojos brillantes y era muy alta como él.

Mi abuelo trabajó mucho en el ferrocarril. El y otro ingeniero inglés (Wheelright, creo) fueron los que
trajeron los rieles y construyeron las vías del tren que va de la Capital al norte del país. Vio morir un
gaucho aplastado por una locomotora por tratar de enlazarla persiguiéndola a caballo. Y se declaraba peste
casi todos los veranos...

Pero a pesar que estas vías que fueron colocadas con tanto esfuerzo aún siguen firmes en su lugar y que
todavía los viejos vagones holandeses pueden verse circulando, estos tiempos románticos ahora pasaron y
Buenos Aires parece una ciudad muy vieja y la gente vive protestando y quejándose de todos.

Mi abuelo se dejaba cortar el pelo por mi abuela y así ellos se enamoraron. También me explicó que
zambos eran muy despreciados por ser mezcla de indios y negros pero mi abuela era sin embargo tan
orgullosa de sus ancestros de indios como también de descender de alguien que fue muy hombre para
soportar ser esclavo de otros hombres y no morir de hambre y de enfermedades en el barco que una vez lo
trajo del Africa.

El decía estas discusiones sobre si los indios son muy buenos o muy malos o muy inteligentes o muy tontos
son tan ridículas como la famosa polémica de épocas de la conquista sobre si ellos tenían o no un alma.
Ellos son sólo una civilización muy atrasada que no conocía ni la rueda cuando llegaron los colonizadores
porque habían quedado aislados del resto del mundo y tuvieron poco intercambio con otras culturas. Es
muy difícil llegar desde Grecia al Perú cruzando en trineo por las Aleutianas, reía a veces... También que
todos recuerdan cómo Pizarro asesinó al Inca Atahualpa pero olvidan que él había hecho matar a su
hermano Huáscar y bebió chicha en su cráneo el día antes que lo mataron los españoles... Y se emocionaba
diciendo la Malinche, la india amante de Cortés, no solamente no vendió a su sangre sino que señaló el
camino correcto de mezclarla con otra como sucedió en todas partes desde que el mundo es mundo!

Fui hasta ahora secretaria de un señor muy importante. El es presidente de la firma alemana Hoeming.
Además, cuido y doy clases de alemán y holandés a niños hijos de extranjeros. Tengo también muchos
nuevos amigos porque los argentinos son muy buenos conmigo, aunque los hombres son algo cargosos
porque siempre están hablando de mi estatura y piensan que yo soy una mujer europea que va a dormir con
cualquiera. Qué tontería!

Conocí un hombre buen mozo enseguida que llegué pero ya lo dejé porque era muy indiscreto: el siempre
quería saber qué yo hice. También tengo otro amigo que vive en Santiago de Chile, Luis Valladares, que
me visita de vez en cuando. Es un hombre muy joven de pelo negro enrulado. Todas las mujeres están
locas por él. El es muy lindo pero sólo quiere estar en la cama conmigo. Así de aburrido!

Yo creo que estoy ahora enamorada del padre de uno de mis alumnos de germanística: el embajador de los
Países Bajos. El es tan inteligente y tan protector! Pero su mujer es una niña argentina muy caprichosa y
malcriada. Ella también es muy bonita y tiene un amante, pero Claus ya lo sabe.

Ya estuve varias veces en la Quinta de Olivos (la casa del Presidente). Claus me llevó allí. Es un lugar de
muy lindas plantas que no hay en Holanda pero está un poco descuidado porque las gentes aquí tiran cosas
al suelo para que otro las levante. El Señor Presidente me explicó que la palabra "quinta" es en su origen
"suerte" y que esta "suerte" tocó a Juan Ruiz de Ocaña, un hombre de Garay (fundador de Buenos Aires) y
muchos virreyes españoles pasaron veraneos en ella. Cuando esta República comenzó fue dada al gobierno
por la familia de Miguel de Azcuénaga y es desde hace ya casi un siglo residencia de los jefes del gobierno.
Pero muchos argentinos ignoran esto porque no se preocupan tanto por su historia y tradiciones como
nosotros en Holanda.

Yo pienso que tal vez Claus también está enamorado de mí porque ya me regaló dos poemas y siempre me
lleva a todos lados donde va. El próximo mes darán una gran fiesta en la casa de San Isidro. Me deseo
tanto que bailemos juntos mirando en el río el reflejo de la luna!

***

Hace muchos años (ya casi he olvidado cuántos), yo también tomaba todas las mañanas un tren que me
llevaba al trabajo.

Frente a mí solía sentarse una mujer de gran hermosura (casi tan hermosa como ahora lo sos vos) de la
cual yo me había ido, poco a poco, enamorando. Sin embargo su belleza era tal que yo, inseguro, no me
animaba a demostrarle mis sentimientos.

Ella, por su parte, fingía no reparar en mí y nuestras miradas se cruzaban -fugazmente- sólo muy de vez en
cuando. Es así que fue pasando el tiempo y ambos nos habíamos acostumbrado a la situación. Sin embargo
cierta vez dos hechos, que ocurrieron -casualmente- el mismo día, pusieron un abrupto final a esta historia.

Ocurrió que una mañana un pasajero, que siempre viajaba dormido cerca nuestro, tuvo una pesadilla que lo
hizo despertarse con sobresalto y caer escandalosamente al suelo en medio del pasillo.

Fue entonces que, por primera vez, ella me miró y ambos, simplemente, nos sonreímos. Sin embargo yo
supe inmediatamente que en esa sonrisa había algo más que mera complicidad: habíamos encontrado (al
fin!) la forma de abrir una puerta que había estado trabada durante tanto tiempo.

Pero, como muchas veces ha ocurrido y ocurre en la Argentina, una crisis económica que todos
esperábamos, que todos temíamos, comenzó precisamente aquella tarde, y en su primer despiadado
zarpazo, se llevó a la quiebra el primer banco de aquellos tiempos - el tristemente famoso Banco de
Intercambio Regional - para el cual yo trabajaba.

Esa noche misma debí dejar Buenos Aires para colaborar en la resolución de situaciones que se habían
producido en agencias del interior y así comenzó una nueva vida, inestable y viajera, que me mantuvo
alejado durante mucho, demasiado tiempo.

Nunca más volví a ver a aquella mujer. Y ahora, cada vez que la recuerdo, me pregunto qué hubiera
ocurrido si el destino hubiera cruzado nuestros caminos un poco antes.

Esta historia es tan vieja que apenas puedo sentirla como propia, pero quizá sirva para que ambos nos
miremos en ella como en un espejo, y sepamos o recordemos que las oportunidades de vivir siempre,
finalmente, terminan por perderse.

Yo sé muy bien que esa seducción de las siete y cuarto de la mañana es nada mas que un juego; una mujer
que se mira en los ojos de un hombre para sentirse irresistible... Pero en el fondo de esos ojos veo, o quizá
deseo ver, algo más; una especie de curiosidad, un sueño de aventuras, un anhelo de locura, no sé...

Sólo conozco tu bella imagen que pasa por las mañanas entre la barbarie de la estación oscura y sucia,
como un hada morena. Nada sé de tu alma ni de tu vida y este impulso tal vez te parezca una tontería. Pero
los sueños y la realidad sólo se distinguen por suceder en diferentes zonas de nuestra razón.

Si alguna vez, por aburrimiento o por lo que sea, quisieras jugar a convertir vida en sueños o sueños en
vida, por un instante o por una eternidad, espero que esta carta sea suficiente excusa...

***

Creo que nadie hay tan holgazana para escribir un diario!

Pero hoy tengo muchas ganas de hacerlo porque Claus y yo estuvimos juntos en una playa del sur y fuimos
tan felices!

Claus me besó de repente en una fiesta. El estaba un poco borracho y yo también... Fue muy romántico!
Creo que los sirvientes nos estaban viendo pero eso no le importó nada: me levantó en brazos hasta el
dormitorio de Stefan (su hijo) y allí hicimos el amor. Estábamos tan excitados!

Después me prometió que pediría a su amigo, el cónsul de Finlandia, una casa muy hermosa que el hizo
construir en una playa solitaria del Atlántico Sur. Allá el mar es con grandes olas grises y la arena es muy
suave, como en las islas de Ostfriesland.

Claus es un hombre tan dulce. Sabe cocinar muy bien! Nosotros hablamos mucho y también nadamos
aunque en julio el mar es muy frío en el sur (al revés de Europa). También caminamos por la playa y no
había nadie! Claus dio vacaciones a los guardias y entonces quedamos los dos solos. Fuimos por la playa
de noche y recordamos poemas. También me recitó ese verso que tanto quiero "Ich will dich lieben im
Gram und Leid..." (quiero amarte en la alegría como en la tristeza) y otros que había escrito para mí.

¡No hay estrellas como éstas del sur!.

***

El último fin de semana fuimos con Claus al Perú. Es un país hermoso! Conocimos antiguas ruinas de los
indios Incas (mis antepasados!). Yo conocí un cacique y quedé en el momento enamorada de él y él de mí.
Fue muy raro! Fuimos a conocer ruinas muy antiguas y nosotros después hicimos el amor en una choza
muy chiquita que estaba en la selva, sobre el agua. Fue una aventura tan hermosa! Yo creo que sentí un
poco como mi abuela.

Pacha (este cacique) me contó que es muy peligroso que los blancos vayan a Perú porque hay mucho odio.
Pero no me importa porque soy holandesa y me gusta el peligro (y porque además tengo piel oscura). Qué
cómico!

Yo estuve tan orgullosa de mi sangre americana cuando pude subir a Machu-Pichu. Es un lugar terrible;
tan alto y en medio de selva y nubes grises que no dejan ver las montañas que rodean el lugar. Pacha dijo
que una sola piedra de esas costaba el trabajo de veinte hombres para todo un año y que esta es la razón
porque ellas encajan tan perfectamente. También dijo que el nombre significa "donde se detiene el sol". Y
le contesté que yo ahora entendía porqué él casi nunca brillaba en Holanda! Pero creo no pudo
entenderme. Después también me contó el lugar se construyó para poder dominar a las otras tribus.
Siempre los hombres quieren gobernar a otros hombres. ¿Para qué? ¡Es mucho más lindo enamorar que
gobernar! (O quizá es lo mismo!).

También me regaló un medalla de oro de un Dios Sol que fue de una descendiente de Pachacutec (que
fundó el Cuzco) y que sus antepasados trajeron de los Diaguitas, del norte de la Argentina. El dijo la
medalla tiene más de dos mil años. Qué increíble!

Creo que Pacha se enamoró mucho de mí porque vi sus ojos muy rojos cuando nosotros nos despedimos.
Pero yo no. Yo solo quise saber de mi abuela.

Claus no fue porque debía trabajar.

***

Claus y yo estamos ahora en una estancia de la Patagonia. ¡Es como estar en medio de un desierto! ¡Yo
amo tanto esta soledad! También el viento que sopla tan fuerte en la noche y los cielos grises que me
recuerdan a Europa.

Ayer cuando llegamos fuimos inmediatamente a un lugar en donde hay huesos de un dinosaurio que están
casi a la vista en superficie. Yo traje un pequeño pedazo petrificado que parece un suflé de chocolate y es
de caparazón de gliptodontes.

Claus alquiló este lugar porque él quiere estar solo conmigo todo el tiempo. ¡Y lo logró porque no había
nadie en miles de kilómetros! Yo le dije entonces debe ser muy fácil a los argentinos entenderse porque
son tan pocos en tanto territorio y no como nosotros en Holanda que somos tantos por kilómetro
cuadrado. Pero nosotros al final discutimos porque él cree que sabe todo sobre este país y yo no sé nada.

El dice que Argentina es un país de muy bonita topografía pero sus habitantes no saben qué hacer para
ponerse de acuerdo. Y me cuesta tanto creer esto porque ellos siempre hablan mucho al revés de los
europeos del norte que son tan callados!

***

Hoy en mi día más triste!

Porque yo descubrí que Claus no escribió esos poemas para mí. Yo los vi en un cuaderno viejo que estaba
en su escritorio. El los escribió para su mujer pero ahora los usa para mí. Que tontería!

Pero yo quiero creer que el todavía me quiere. Algunos hombres hacen cosas increíbles para lograr una
mujer: como ese poeta de la estación que me escribe cartas de amor que hablan de fantasmas y hadas. Que
loco! El además no sabe que soy una bruja holandesa experta en sagas y duendes!

Pero no, Claus no necesitaba hacer esto. Yo ahora no voy a creer más qué él me dice... Tampoco puedo
entender porqué él no deja a su mujer. Ella es muy bonita pero tan tonta! Ella no sabe más que gastar su
dinero en joyas y vestidos. Además hace siempre el amor en cualquier parte de la casa con uno de los
guardias y una vez Claus la va encontrar justo. Pobre Claus! Hoy está tan todo frío como en mi alma.

Yo recuerdo ahora los besos que se dan bajo el muérdago porque la leyenda dice que el invulnerable dios
Baldr fue muerto por una lanza de esa planta que era su única debilidad. Yo un día sabré donde debo besar
a Claus para mi terrible venganza...

***

A veces, después que tu tren partió llevándote no sé a dónde, quedo preguntándome cuál será el origen de
tanta fascinación.

Más de una vez he reflexionado y aún escrito que el amor es un inextricable misterio... ¿Porqué ese pelo
castaño, a veces con reflejos cobrizos al primer sol de la mañana, y no otro cualquiera? ¿Porqué esos ojos
cuyas profundidades en realidad desconozco? ¿Porqué esa silueta de figurín de tapa que apenas parece
rozar el andén gris, quizá milagro, quizá simple brujería de estupor ó resto de sueño de la mañana que
recién empieza...

Una vez, caminando al filo de la madrugada por una playa brumosa y desierta, me topé con la figura
inmóvil de un hombre muy viejo que con el rostro vuelto hacia la primera luz escudriñaba el fondo de las
olas rompiendo en su constante ir y volver.

- ¿Cuándo dejaré de extrañarla? - dijo casi sin mirarme - La vi por primera vez jugando descalza al borde
del agua; de lejos parecía que caminaba sobre la espuma; una especie de ángel dichoso; era una mañana
como ésta...

¡Cuántas historias sobre esa arena entonces solitaria! El rumor de las olas se transformó de pronto en un
coro multitudinario de almas ausentes que el tiempo había dejado atrás, y cuando continué andando me
parecía escuchar lejanos gritos de fantasmas que trataban de contarme sus destinos inexorablemente
olvidados...

Yo también recuerdo la primera vez que te vi.

Y también fue en una especie de bruma; apenas alcanzaba a divisarte, a pesar de que entonces te sentabas a
esperar el tren en el asiento que está justo en frente.

Pero esa bruma no estaba afuera sino dentro mío. Eran mis amores con Kanopus que lentamente se iban
extinguiendo, barridos por un impiadoso viento de intolerancia... Así, una mañana te vi sentada, creo,
mirándome rectamente, no sé si por curiosidad ó por simple azar; recuerdo tus piernas delgadas y paralelas
apuntándome como un feroz e implacable arma de dos caños...

Después, como me suele ocurrir con tantas otras cosas, se me van mezclando recuerdos como las fotos de
un álbum; algunas antiguas y otras más recientes. Largos vestidos blancos que te vuelven princesa árabe de
las mil y una noches, el naranja estridente, sexy, el rojo, con aire de embrujo gitano...

Y la bruma se va levantando y te voy viendo cada vez más nítida y comienzan poco a poco nuestras rutinas
de miradas esquivas, flechas de una guerra silenciosa de aparente indiferencia que iluminan por un instante
los andenes como bengalas sorpresivas que se extinguen y caen velozmente cuando tu tren cierra las
puertas y emprende la marcha.

Y el andén queda nuevamente solitario y lúgubre.

Pero me consuela saber que todo, aún esas pequeñas luces, queda escrito en el libro del Universo. Y un día
alguien caminará por el andén y escuchará voces de fantasmas en el fragor momentáneo de los trenes que
pasan...

Quizá alguna vez yo mismo camine por la estación de los recuerdos y sienta llegar y partir los trenes y a la
gente pasar a mi lado sin poder verme ni oírme. Y entonces quizá te encuentre... y estos besos que ahora
se mueren en mis labios puedan alcanzar los tuyos.

***

El último sábado Claus y yo fuimos a un lugar muy tradicional de la ciudad que tiene ya más de ciento
treinta años (el Café Tortoni) y bailamos tango los dos solos! Qué danza tan llena de vida y también de
muerte! Es para mí increíble... pero dicen fue en su origen una danza entre hombres solos!

Yo tomé clases antes de viajar y así... Es muy hermoso para mí bailarla, y tan difícil. Pero Claus igual se
emocionó cuando me vio dando vueltas en mi vestido violeta y con una flor en el pelo. Yo quisiera poder
escribir ese momento como lo hace este hombre que me regala cartas. La gente después aplaudió mucho y
un señor muy amable (y muy porteño!) me invitó a bailar porque dijo yo parezco una mujer del famoso
cuadro "Paso de Tango" de un pintor Sigfredo Pastor, creo, y rió tanto porque creyó que yo hablo como
una holandesa por hacerle una broma... Pero después él dijo prefería una morena holandesa imposible pero
real y no una rubia Mireya imaginaria... y esto no pude entenderlo. Luego bailó conmigo tan bien... fue
maravilloso para mí. Tal vez fue el fantasma de mi abuela que pudo poseerme esa noche!

***

Claus es terrible! El hace conmigo lo que él quiere.

Hoy estuvimos solos en la casa porque su mujer fue de viaje pero yo no quería hacer el amor porque...
Bueno, no sé porqué, supongo fue una mirada de este hombre en la estación del tren. El me escribe cartas
hace un tiempo y nosotros jugamos un poco todos los días pero nunca hablamos.

Pero Claus me empujó a la cama y me sacó los zapatos y no pude aguantar de ganas. Y él entonces dijo
había descubierto mi debilidad y escribió su firma abajo las suelas para que yo así llevo su "marca" secreta!

El después me mostró un vídeo real de una china que es drogada, violada y después muerta por tres
hombres. Fue terrible! Nosotros después tuvimos deseos de hacer de nuevo el amor. Porqué la muerte es
tan erótica!? Pero que cómico que aún los humanos seguimos disfrutando de sacrificios como en toda
nuestra historia anterior, como los jíbaros del Perú o las víctimas de los pantanos escandinavos.

***

Claus despidió un guardia por mí.

El estuvo siempre muy amigo con el amante de Natalia y creo pensó yo soy como ella y trató de obligarme
a hacer algo cuando yo tomo sol en una parte del jardín que es tan hermosa y solitaria. El dijo que yo lo
miro con muchas ganas pero esto no es cierto. Pasa sólo que soy muy curiosa y así... me gusta ver todo
que la gente hace en un país extranjero. Como ese hombre en la estación que me mira y yo lo miro pero es
solo una muy fuerte curiosidad (creo).

Y dije a este guardia que yo nunca voy a hacer estas cosas "por obligación".

Pero pienso él creyó que yo digo lo que no siento porque... si... repetía siempre que "estás caliente" y que
"vení, vení". Y así yo dije que es normal que yo esté transpirando cuando tomo un poco sol pero la cabeza
la tengo muy fría porque uso un sombrero y que él debe tal vez hacer lo mismo porque el sol calienta
demasiado sus sesos. Que divertido! El no podía creer lo que oía de una mujer desnuda. Y al final no fue
yo quien "vino" sino Claus y se enojó mucho y regaló golpes de puño muy fuertes a este joven.

Lástima que yo no pude salvar a este pobre hombre porque hay poco trabajo en la Argentina y él tiene
unas hijas... Pero Claus estaba loco y no me hizo caso. El es muy duro y no sabe tener piedad. Yo estoy
ahora un poco triste y culpable por qué pasó.

***

Luis y yo estuvimos en la casa de San Isidro porque Claus y Natalia están ahora en Holanda. Nosotros
nadamos y jugamos en la pileta y vimos vídeos pornográficos porque yo tengo algunas llaves del escritorio
de Claus pero él no lo sabe. Hay también vídeos de Claus con Natalia pero yo no tengo celos. También
había de homosexuales y lesbianas y Luis dice que uno de ellos es Claus cuando era joven pero yo no estoy
segura. Es muy cómico!

También mostré a Luis la habitación secreta detrás del escritorio de Claus donde nosotros generalmente
hicimos el amor cuando Natalia está en la casa. Hay allí unas armas hermosas de vikingos: un puñal negro
que dicen fue hecho en talleres del rey Haroldo "Diente Azul" pero su puño de madera falta porque fue
encontrado en una tumba y había sido comido por el tiempo; y también algunos revólveres y escopetas que
están con balas. También hay mucha droga pero no la mostré a Luis porque él lleva toda la que se
encuentra! El después tomó una botella del sótano de vinos pero no importa porque hay muchas.

Luis trató luego de entrar por el túnel que va al río pero él tampoco pudo soportarlo. Pero es cierto que es
muy horroroso porque está cavado en la tierra y es demasiado angosto: sólo el espacio para una persona
que camina de costado y apenas unos centímetros encima de la cabeza ya está el techo. Es tan tétrico! Yo
una vez entré sólo tres metros y tuve después claustrofobia (espero que así se dice) y volví casi sin aire
para respirar. Pero Claus es mas valiente (o loco) y llegó hasta mucho mas adentro y dice hay emanaciones
de gas muy fuertes y un cartel de prohibido seguir adelante por peligro de explosiones de metano y asfixia
por falta de oxígeno, pero Pablo (el viejo que es el botero en el atracadero de barcos de esta casa) dice que
una vez hace muchos años entraron por la boca que da a la costa del río y encontraron restos humanos en
un pozo que tal vez sean del siglo pasado porque esta propiedad tiene una historia muy larga: perteneció a
Juan Martín de Pueyrredón, un hombre que fue presidente cuando esta República recién comenzaba y él la
dio a una familia que tenía sangre indígena (Aguirre) y de ellos desciende una mujer (Victoria Ocampo)
también muy importante y escritora (que entonces también tenía sangre indígena como yo!)... Nosotros
debemos cuidarnos porque si su fantasma anda todavía por esta casa y desciende de algún brujo indio
quizá quiera algún sacrificio sangriento... Que terriiible!

***

El Señor Presidente estuvo en esta casa pero Claus no quiso que yo estuve con ellos porque dice que está
loco por mí. Un hombre con tantas mujeres porqué necesita una más? Yo escuché que ellos estuvieron
hablando de mí pero no pude entender bien qué dijeron porque Claus habla castellano muy difícil pero el
Señor Presidente sí sabe hablar muy bien y tiene una voz muy clara (y es quizá esta una característica de
muchos hombres que deben convencer a tanta gente!). Entonces yo pude entender algo de qué ellos dijeron.


Ellos creo estuvieron hablando de negocios entre Argentina y capitales de Holanda y esto no me extraña
porque Claus hace esto todo el tiempo pero esta vez algo raro hubo en esta conversación porque yo
escuché mi nombre dentro de ella muchas veces y la verdad no me puedo explicar porqué?! Porque es
verdad el Señor Presidente está siempre muy atento conmigo y creo le gusto mucho pero no entiendo
porqué él debe acordarse tantas veces de mí cuando está haciendo un acuerdo de negocios.

Yo además no pude escuchar claro porque tenía miedo que Claus le muestre la habitación secreta y el túnel
y siempre estuve lista por salir a través de la puerta que comunica con el sótano de vinos.

***

Ayer fue una experiencia increíble! Yo desearía anotarla con todos detalles.

Yo viajé en un ómnibus lleno de gente. Yo sé que mi padre no me va a creer, pero la verdad es que todos
nos tocábamos con nuestros cuerpos porque no había el lugar suficiente para una sola persona mas. Todos
estábamos unos contra los otros como arvejas en una lata. Qué divertido!

Pero mas divertido fue qué pasó a un indio que viajaba junto a mí. El me miraba tan fuerte y yo al final
díjele "vos me vas a romper mi cuello de mirar tan fuerte!" El no pudo creer lo que escuchaban sus orejas.
Después nosotros nos acariciamos un poco pero él se excitó tanto que yo le dijo que por favor espere que
nosotros lleguemos a una estación terminal. Y él todavía no me creía, pero yo lo tomé de la mano y quedó
muy quieto. Y después lo llevé a un hotel público y allí lo hice disfrutar un poco. Pero fue muy difícil para
mí porque él estaba tan nervioso. Qué notable! Un indio tan grandote y negro como un ogro pero dulce
como un niño. Y creo nosotros pudimos sentir quizá lo mismo que dos animales que se encuentran y
disfrutan sin saber nada uno del otro sino sólo lo que se ve y se huele. Fue algo realmente hermoso!
***

Las mañanas en que me decido a ofrecerte una nueva carta son distintas.

Esto ha ocurrido los jueves, tal vez porque por alguna para mí desconocida razón ese día nunca faltás a
esta imaginaria cita de andenes... Hay entonces un soplo de angustia en el aire.

¿La aceptarás?

Una mujer asediada puede convertirse en un felino despiadado y lanzar un ciego arañazo... Recuerdo que
una noche de verano recibí un imprevista bofetada al intentar dar el primer beso a una mujer a quien
conocía hacía ya mucho tiempo. Recuerdo también que mi indignación del primer momento se fue
transformando luego en asombro al comprobar como esa impulsiva rebeldía se iba trocando en
incontenible amor. Una reacción tonta pero bellamente instintiva...

Cuando camino por el andén (el tuyo) recorriendo los últimos metros que me separan de vos, siento una
especie de revolución de alcohol en la mente y una fuerte opresión en el corazón. En ese instante tu tren va
entrando en la estación y se produce un pequeño alboroto en el cual todo parece pasar desapercibido.
Nuestro encuentro se produce entonces furtivo y secreto, como el apresurado ritual de contacto de una
vieja película de espionaje de la segunda guerra. Tomás la carta y te perdés entre el gentío que ingresa a los
vagones que cierran sus puertas y arrancan casi al instante ganando velocidad mientras yo camino por el
andén como habiendo soñado ese instante metafórico en que tomaste el sobre casi sin mirarme... El temor
al rechazo, pánico de sentirse despreciado, flota aún en derredor mío mientras veo a la formación alejarse.

Camino de vuelta repasando cada uno de estos versos de tango que te escribo y que sé casi de memoria y
te imagino leyéndolos en ese mismo momento y la angustia se va convirtiendo en curiosidad infinita...
¿Que sentirás, Penélope?

Muchas veces he recibido cartas de amor de mujeres que no amaba y sé que son letra muerta: una especie
de partitura musical, muda, silenciosa, llena de notas que suben y que bajan, redondas, blancas, negras,
acordes y escalas de sonido desconocido y hermosura inextricable.

Para quienes viven ajenos a esta cultura de las gripes sentimentales, las cartas de amor resultan, por otra
parte, una incompresible pérdida de tiempo. Otros, que las han sufrido en la juventud, apenas si pueden
luego recordarlas. Juan Gonzalo, mi abuelo, criticaba todas y cada una de las cosas que su mujer
amorosamente hacía para él, incluso los famosos guisos de mondongo que yo comía a reventar cuando era
niño sin sospechar ni remotamente que ese hombre que se burlaba incansablemente de mi abuela, había un
día muerto de amor por ella hasta escribir versos que yo jamás hubiera creído si no los hubiera leído con
mis propios ojos.

O tal vez sea esto (para vos) como esos torrentosos ríos invisibles que se escuchan cuando uno sigue un
sendero por la ladera boscosa de una montaña: un rumor de fuente que rompe el silencio y parece
acompañarnos desde lejos.

Después vuelvo a mis diarios, y la tensión lentamente se va disipando...

***

Yo estoy ahora loca de amor por un niño!

Yo adoptaría a esta pequeña sin padres que conocí en un asilo donde fuimos con Azucena a llevar ropas
que ya no usamos. Soy ahora su tutora secreta. Es tan dulce! Solo tiene dos años pero no quiero que me
conozca porque después quizá yo me vuelvo a Holanda y ella me va a extrañar muy dolorosamente. Yo
prefiero sólo cocinar tortas y coser vestidos para ella sin que sepa de mí. Por ahora.

Ella es con ojos muy negros y grandes que miran todo con mucha atención y su pelo también es muy
oscuro como ébano pero su piel en cambio es tan blanca y muy rosada en las mejillas. Que increíble!
Parece una lombriz porque es tan larga y suave! Pero sus piernitas están muy torcidas porque olvidaron
cuidar que no caminara hasta que sus rodillas estén más fuertes para soportar el peso. Yo pienso ella
necesita de los expertos que trataron mis tobillos tan flacos cuando jugaba hockey. Pero ella no sabe nada
todavía de esto y ríe igual todo el tiempo que me ve... Y yo no sé porqué, pero me resulta imposible no
reír también.

Argentina está llena de niños solos.

***

Un médico holandés muy famoso vino a la Argentina y Claus lo invitó a dar su tratamiento en una estancia.
Era muy interesante pero Claus no me dejó casi participar porque siempre quería montar a caballos (y
después montar sobre mí!).

Es una otra Argentina la de las provincias! Tan inmensa y con tantos campos de colores distintos y el
viento tranquilo encorvando espigas y las flores de girasol como mareadas de dar tantas vueltas...

Este médico me dijo que yo tengo un nivel de energía mucho mas que lo usual en una mujer. También dijo
que eso era bueno pero quizá muy peligroso. Me quedé muy curiosa. Dijo incluso (una palabra nueva!) que
yo tal vez era un ángel perdido.

Y después reímos porque yo dijo entonces que los escandinavos no deben seguir abriendo tumbas porque
escapan los espíritus... Como esa mujer joven del túmulo de Oseberg en el fiordo noruego de Oslo, que
seguramente quedó libre y quizá esté dentro mío... Y la verdad me gustaría, porque sólo una gran dama
pudo ser sepultada junto con un carro, cuatro trineos y doce caballos y todos utensilios, cinco camas,
lámparas, tablas para tejer trenzas. Claro que todo es poco para un viaje tan largo!

***

Claus tomó un helicóptero y fuimos hasta un yate donde estaba el Señor Presidente. Natalia también quiso
venir pero solo porque trata siempre de estar en fotos de revistas.

Pasamos el fin de semana en una playa hermosa del río Uruguay y Claus casi me obligó a estar con el
presidente. Es un hombre simpático y puede decir muchas cosas con sus ojos pero yo conozco unos ojos
que pueden decir mucho más y siempre pienso mucho en ellos... pero él cree que no hay nadie más que él
porque sabe mucho y hace tantos deportes.

Nosotros hicimos wasser-schy (no sé ahora como se dice) y el río estaba aún tibio por el sol del verano que
terminó. El después me dejó que tome el timón de su barco. Fue muy lindo navegar a la luz de las estrellas.
Yo me acordé tanto de Adolfo y de nuestros recorridos por el Báltico y las tormentas del Mar del Norte.
También el Río de la Plata es fascinante con su color marrón lila. Nosotros fuimos de noche en unos
canales muy peligrosos porque están llenos de bancos de arena y barcos hundidos. Yo supe timonar bien y
el Señor Presidente estuvo muy asombrado pero yo le dije no es raro que sepa conducir un barco porque la
tercera parte de Holanda está bajo el nivel del mar y entonces nosotros debemos prepararnos para el
próximo diluvio universal que será pronto cuando el sol derrita los hielos!

El no cree como Claus que los argentinos hablan mucho pero dicen poco, sino que hablan mucho pero en
diferentes idiomas porque hay mucha ignorancia y entonces pobres y ricos no pueden entenderse. Y
entonces me explicó planes de educación para pobres pero yo dije Señor Presidente quizá es mas fácil que
los ricos aprendan a hablar el idioma de los pobres porque ellos son menos y mas educados... Y él rió y
contestó "eso es lo que hago todo el tiempo!". Y yo recordé entonces que Claus dijo una vez que él usa
ese idioma simple sólo para engañarlos y poder seguir viviendo de ellos. Qué terrible!

Claus también dice es cierto que hay aquí mucha ignorancia y pobres y ricos hablan lenguajes muy
diferentes... pero que esto es seguramente por causa que las clases gobernantes no tuvieron la energía
necesaria para luchar contra esa ignorancia.

Yo creo que lo peor error que cometen es que muchos piensan que pueden ser ricos y felices en un país de
pobres. Qué tontería! Ellos tienen autos nuevos pero no pueden salir a pasear en ellos porque tienen
miedo. Autos veloces son para Europa no para un país de calles rotas y cortadas por barreras de
desesperados. Y deben vivir escondidos en barrios cerrados. No, yo creo es mucho mejor andar tranquila
en una bicicleta por los parques abiertos de Holanda con el orgullo de una sociedad mas justa que manejar
un super auto entre la envidia de peatones que calzan zapatos rotos.

Quizá ellos no quieren saber de su historia porque no pueden sentir ese orgullo.

Pero aquí los ricos y las clases gobernantes se toman la justicia y la igualdad social sólo como un deber
moral (o religioso?) y no como una conveniencia para una vida mejor con menos dinero pero en una
sociedad mas armónica. O quizá prefieren un palacio muy cómodo en un país muy incómodo...

Tal vez piensen que los pobres no pueden aprender ni cambiar... Pero entonces olvidan que el cerebro y la
inteligencia tienen ya millones de años y no solamente estos últimos segundos de historia que conocemos.
Y también que los romanos aprendieron de los griegos y los bárbaros de los romanos y los escandinavos de
los bárbaros... Y que ellos podrían enamorarse de la civilización igual que una vez se enamoró el ignorante
Droctult de la belleza de la ciudad que debía destruir y terminó luchando por Rávena contra sus propios
hermanos longobardos!

Quizá sea triste decir esto pero es muy difícil para mí esperar que un gran cambio ocurra sólo porque la
gente es buena y religiosa. Creo al contrario que las cosas ocurren siempre porque hay una visión de la
conveniencia general (quizá aquel juego de equilibrio histórico de Marx y de Hegel?) pero aquí las gentes
parece tienen poca energía y esas fuerzas son muy débiles y los cambios entonces tardan mucho mas...
Pero quizá si alguien lograra clavar este arpón en el corazón de la riqueza pueda hacerlo sangrar suficiente
para que la ponzoña se elimine!

El Presidente tal vez no es malo pero... si... pasa que se considera demasiado a él mismo y me parece es un
hombre muy hábil pero no un buen gobernante capaz de ver qué es mejor para el futuro de todos. Y
además no me gustan hombres que creen ser dueños de la verdad y nunca dudan de nada. Creo como mi
padre que es más meritoso ser un muy buen empleado y no un mediocre jefe.

Claus se enojó mucho conmigo porque él dice que traté mal al Señor Presidente pero yo no veo que estoy
obligada a callar mis opiniones ni a estar simpática con él porque "esto es muy bueno para Holanda". Creo
que él me está tratando ahora como una mercancía.

Todavía no sabe que soy una mujer sin precio. Y nunca una parte de un contrato!

***

Te propongo un "CONTRATO DE SEDUCCION PERMANENTE"!

Sería un instrumento legal sencillo y claro que regiría nuestras relaciones en todo el ámbito de la estación y
alrededores y estaría destinado a delimitar nuestros derechos mutuos en materia de utilización de medios
destinados a enamorar.

Su primer articulo prohibiría (obviamente) el contacto físico: habría que olvidar abrazos, besos y aún
suspiros que pudieran levantar inmoderados vientos de pasión que acabaran por interrumpir abruptamente
esta que es sin duda la mejor de las etapas del amor: la de la conquista... También caricias, aún las
(aparentemente) más inofensivas, como el simple paseo de un dedo por sobre el antebrazo, el hombro o la
base de un omóplato, en donde un descuido (mío en este ejemplo) pudiera ocasionar un escalofriante y
decisivo roce con un cierre...

Seguiría luego un largo y arduo capítulo de disposiciones referidas a la ropa y accesorios del vestir en
general: al largo de mangas, medias, faldas, vestidos, polleras, cuellos, escotes, sombreros, estolas, plumas
y lentejuelas (resabio del siglo pasado!), pañuelos que flamean o que se dejan caer (otra antigüedad!); al
maquillaje: bases, cremas, máscaras, coloretes (consultar con mi abuela), lápiz y brillo de labios; y a los
"looks" (formales, inocentes, comehombres, salvajes, de fuerza natural, de magia nocturna, de dulce
tentación...); a los tatuajes (técnica, colores, formas, tamaños y lugares autorizados); a peinados y
estudiados juegos del pelo: pseudo salvajismo, rulos flotantes, engañosos planchados, colitas, trenzas,
vinchas, rayas (la de mi padre parecía trazada con regla y compás), jopos, flequillos voladores, pelucas,
postizos y crenchas de pseudo brujería; a relojes, aros, medallas, cadenas, collares, esclavas, pulseras,
hebillas y bijouterie en general (alguna vez volverá la "clásica" moda africana del pelo sostenido con un
hueso?); al calzado (pespuntes, tachas, fruncidos, altura máxima de los tacos y plataformas); de los
anteojos (oscuros o con marquillos de fantasía) y pestañas postizas; de líquidos oftálmicos, jabones,
champúes, acondicionadores, dentífricos, vaporizadores de aliento, ceras, gominas, sprays, aceites, geles,
autobronceantes (en piernas no deberán olvidarse los dedos de los pies!), tinturas, lápiz para cejas,
esmaltes para uñas (verdaderas o postizas), delineadores, correctores de ojeras, rímel, sombras e incluso
los modernos adhesivos (estrellitas, asteroides mayores y menores, satélites y demás objetos planetarios,
interplanetarios y extra galácticos).

Los temibles perfumes tendrían también su artículo (menos significativo en este caso nuestro de amores "a
distancia"...), pero quizá no esté de más contemplar para un futuro reglas referidas a fragancias, lociones
hidratantes o para después de afeitarse (exclusivamente referidas a mi, por supuesto, que uso por el
momento la barba cortita que ya conocés, pero que si no te gusta...), fluidos anti estrés, desodorantes, anti
transpirantes; y su lugar autorizado de uso (lóbulos de las orejas, aletas de la nariz y parte interior de la
muñecas, etc.) y que deberán tener en cuenta las temperaturas y variaciones climáticas en general porque
no debe olvidarse que el calor los potencia.

Habría que incluir, por supuesto, accesorios actuales de elegancia (radios, grabadores, cdplayers, celulares,
personal finders, receptores de mensajes, notebooks, laptops, palms y modernos maletines con cerraduras
digitales, bocina y espejo retrovisor); pero no por esto deberían olvidarse algunos adornos un poco mas
clásicos (pero todavía efectivos) como, sombrillas, bastones, falsos báculos, capas, mañanitas, perritos
lanudos, loros, tortugas, etc.

Artículos e incluso meros incisos destinados al control de enaguas, slips, portaligas, baby dolls, enteritos y
conjuntos de ropa interior (los negros son mis preferidos!) no tendrían ningún sentido porque el descontrol
que producen resulta absolutamente imposible de administrar.

En lo referido a actitudes habría que incluir formas de caminar (especialmente movimientos de cintura y
caderas), miradas de reojo, caídas de ojos, extasiadas inclinaciones de la cabeza, pronunciadas formas de
sentarse, de cruzar (y de no cruzar!) las piernas, expresiones del rostro (de inconsolable soledad, de
abstraída nostalgia, de pasajera timidez), guiños, cabezasos (qué vulgaridad!), narices fruncidas, mohines
cómicos (típicamente sacar la lengua), carreras y corridas de simulado apuro y aún desinhibidos pasos de
baile al ritmo de alguna música secreta de auriculares ocultos.

Simples dietas naturistas o series de rutinas aeróbicas estarían naturalmente no solo protegidas sino aún
promovidas por el articulado, al tiempo que depilaciones de orejas, axilas, piernas, fosas nasales,
(bigotes?), cejas y bellos faciales serían consideradas inofensivas. (No así los, liftings, colágenos, implantes
(exceptuados los dentales!) y otros recursos mucho mas "pesados" que no estarían autorizados por estar
destinados no a meras esgrimas de seducción sino mas bien a despiadadas invasiones esclavizantes.

Pseudo moretones y mordeduras, bocas con heridas, paspaduras de labios y grietas en general, ojos
amoratados, huellas de bofetadas, de latigazos y sarpullidos eróticos también quedarían en principio
prohibidos, salvo en los casos en que su veracidad fuera comprobable.

Traicioneros trucos como colgarse cabeza abajo para lograr pudorosas mejillas sonrojadas, o echarse
gotitas de limón en los ojos para que se vean brillantes y emocionados deberían no solo prohibirse sino
incluso penalizarse!

Creo que poniéndonos de acuerdo en un control eficaz de todos estos elementos de seducción podría
lograrse que nuestro juego perdurara por siempre. Pasarían las semanas, los meses, los años y nosotros
podríamos continuar conquistándonos mutuamente sin el peligro de terminar involucrados en alguna
aventura de riesgosas consecuencias.

Será Justicia.

***

Este "Contrato de Seducción Permanente" que yo recibí es muy interesante y completo pero creo él olvidó
incluir su máquina de escribir!

Yo estoy ahora muy cansada de tantos hombres en mi vida. Fui a visitar a mi niñita adorada y protegida y
fuimos juntas a la plaza. Ella tiene ya una tristeza en la mirada. Pero yo le hice reír mucho y sus ojos se
llenaron de luz. Ella ahora está aprendiendo un idioma igual que yo. Qué notable! Pero ella no es dura para
idiomas como yo. Yo le enseñé palabras y aprendió tan fácil. Ahora sabe de memoria todos los nombres
holandeses de los juegos y los árboles de la plaza.

Nosotras lloramos cuando debimos separarnos y yo volví con mi cabeza llena de ideas nuevas porque me
parece que esa niña adorable puede ser un día como mi hija. O tal vez deba elegir un hombre bueno para
tener una hija propia. Pero eso es tan difícil y tan injusto para esa niña... Bueno, yo creo como dice
Azucena cuando ella me enseña español: que quien vive en Buenos Aires siempre termina escribiendo
tristes letras de tangos!

Yo estoy ahora traduciendo con ella otra carta muy rara que me regaló este hombre de la estación de
trenes que me gusta porque tiene ojos tan fuertes y profundos que yo siento como un fusilamiento cuando
él me mira! Son ojos inteligentes y tan llenos de saber de la vida que también es mezcla de dolor y alegría
igual como mi padre...

Nosotras reímos mucho porque no sabíamos si era poeta o loco pero Azucena dice que es en español casi
lo mismo! Pero yo quisiera saber castellano (así dicen los argentinos al español) como el holandés para
entender esta carta porque tengo un sentimiento que es muy bien escrita pero es tan difícil. Espero él no
queme las raíces de su pelo corto tan cómico de tanto pensar! (Quizá la "Edda en prosa" que escribió
Sturluson en el siglo trece para poder entender la imposible poesía escáldica (que tampoco puedo
entender) sirva entonces para leer estas cartas...)

Esta carta es tan buena para mi español porque contiene tantas palabras que no conocí! Pero hay una cosa
que no entiendo realmente: ¿Cómo él supo que me llamo Penélope?!! Yo tengo una sospecha que alguien
está espiándome. Pero Azucena me dijo que hay una canción famosa de una mujer que espera el tren y se
llama igual a mí. Qué extraordinario! Pero yo todavía no puedo creer que esto es verdad.

***

Es ahora semana santa y yo tengo tanto tiempo libre pero no veré a Claus porque estamos ahora muy
enojados y no hablamos más por qué pasó con el Señor Presidente. El no puede entender que la libertad es
en la vida lo mas importante para mí. Yo además desprecio asuntos de Estado que se hacen sin que la
gente sepa y que los perjudican. Yo creo que puede hacerse cualquier cosa con la vida de uno pero nada
con las vidas ajenas! Pero debo tener mucho cuidado porque Claus y el Presidente son hombres
acostumbrados a hacer lo que ellos quieren siempre.

Pero no: siempre hay excepciones!

Suerte no todos los hombres son así. Hay otros que han vivido y sufrido mucho y saben respetar y
entender a los demás y eso es que yo mas admiro!

Y no sé porqué pero yo recuerdo siempre ese hombre de la estación... pero yo no quiero hablarle todavía
porque entonces él sabrá que yo no soy "porteña" y no entiendo "un pito" de qué él me escribe. Qué
divertido! Ah, tengo tantas ganas de conversar con él. (Pero no sólo de runas y sagas!).

***

QUERIDA HERMANA PENELOPE:

En mi carácter de Jefe de la Congregación de la Divina Creatividad siento la emoción de dirigirme a Ud.
para anunciarle la buena nueva de la Pascua de Penteacostés! Y recordarle que un tiempo venturoso y
aventurero de acariciado goce se aproxima a nosotros, y que debemos acogernos a él con la entrega
ilimitada del alma (y porqué no del cuerpo) en la desnudez absoluta de nuestro primer suspiro!

Sé de sus santas reservas...

Pero mi esperanza crece incontenible. Quizá sea éste el verdadero final de abstinencias cuaresmales que
han sido tan "duras" para mí... He cubierto su venerada imagen con cuanto trapo de olvido he podido...
pero ha sido inútil: siempre termino encontrando alguna rendija indiscreta por donde espiar ese futuro
nuestro de cada noche... Desesperado he besado estampitas, zurcido escapularios e incluso manoseado
santos rosarios en turbadas novenas de vigilia... pero sólo he conseguido recordar nuestra pagana
penitencia de tensos y contenidos encuentros de purgatorio. Finalmente he acabado solo, flagelándome con
calzones propios impregnados en aromas extraños que (intuyo) en nada se parecen al perfume de su
adorada piel...

Recuerde que la Pascua es un tiempo de fertilidad, simbolizada en la metafórica y apetitosa circularidad de
las roscas y huevos fecundados por el Falo Divino del Sagrado Madero... No se lo pieeerda!!

Este año (además) nuestra Divina Congregación ofrece a las feligresas de buena voluntad una nueva
"promo": Ud. recibirá (absolutamente GRATIS!) las velas, lámparas rojas y versos de ocasión que sus
excesos románticos merecen!

Créame que lo único que (con absoluto desinterés) persigo es ayudar a encender en Ud. esa bendita llama
de pasión que Dios le dio...

Felices Pascuas!

MONSEÑOR JUAN (OBISPO TRANSITORIO)

***

Lo que está cada vez más "elevado" es el "espíritu" de este "Obispo Transitorio" que se enamoró de mí
como un "teen". El dice que es muy tímido pero yo creo que no, porque dice cosas muy íntimas y
profundas de él que ningún hombre me dijo nunca. El también dice que soy un ángel pero me parece que el
quiere cazarme con una red de mariposas. Pero quizá yo soy un ángel con turbinas de la "Boeing AG" en
las alas...

***

Yo presiento que algo malo puede suceder a mi vida porque el amor propio herido de un hombre muy
poderoso es algo muy terrible! No sé que debo hacer.

Pero creo que no hay solución porque yo tengo también mucho amor propio y tengo una historia que
respetar y esa historia es el mayor orgullo de mi vida! Yo quiero ser como mi abuelo que no tuvo miedo de
nada y vivió solo en la selva del norte y aguantó calores de cincuenta grados y víboras venenosas y muchas
otras cosas horrorosas... Pero él también me explicó que el mayor peligro del hombre es el egoísmo: el
hombre es "lobo" de otros hombres, decía. Qué interesante! Porque "Chaco" es en idioma de los Tobas
"lugar de caza" (Chacú) y es cierto que me siento perseguida pero tiene que haber un sendero escondido
para atravesar un monte tan peligroso.

Luis está ahora conmigo. El cree que yo debo ir inmediatamente con él a Chile para poder estar segura
pero yo creo exagera porque quiere que yo vaya con él. Pero además está esta niña que yo adoro. Yo no
quiero ir. Pero debo pensar bien qué hago porque tampoco quiero que me pase como a esa pobre
muchacha (María Soledad, creo) de Catamarca que ahora es el juicio... Yo también me siento tan "sola"
en una sociedad tan insegura. Yo quisiera tanto hablar con mi padre en Holanda; pero no quiero contarle
porque sé que él vendrá a Argentina inmediatamente si sabe mi... qué me pasa.

Azucena también conoce todo que me pasa pero ella dice que no debo ir a la policía como en Holanda
porque aquí eso es muy peligroso. Esto para mi es tan difícil para entender!

***

Claus y yo hicimos el amor como nunca porque había pasado tanto tiempo! El es como un vicio para mí.
El sabe todo sobre mi cuerpo y siempre se está burlando de mí porque dice que tengo talones débiles como
Aquiles y solo basta con quitar mi calzado para seducirme. Pero sí... aunque es cierto que puede volverme
loca yo ahora siento que hay algo entre nosotros que nos separa.

Yo siento cada vez estoy mas cerca del poeta de la estación.

Ahora yo estoy casi segura que algo pasará porque Claus está de pronto muy bueno conmigo y dice que el
Señor Presidente ya olvidó todo que pasó entre nosotros y quiere que nos encontremos en una fiesta para
ser amigos otra vez como antes.

***

CONSULTORIO INTIMO PARA NUESTRAS QUERIDAS SOCIAS


PREPARANDOSE PARA UN PRIMER ENCUENTRO AMOROSO!

Los primeros encuentros amorosos suelen venir acompañados de nervios, ansiedades, excesos de fantasía,
sueños obsesivos, etc. que pueden provocar ataques de anorexia, diarreas, insomnio, descontrolada
locuacidad, accidentes provocados por frecuentes estados de distracción o incluso de ausencia aguda, y
aún el aumento de niveles de colesterol y presión (en casos de personas de avanzada edad).

Es por esto, querida amiga, que será preciso prepararse debidamente para evitar que cualquiera de estas
afecciones termine arruinando ese momento tan esperado.

Aconsejamos, en primer lugar, evitar dietas in específicas y desordenadas que puedan causar desasosiego e
irritabilidad en los momentos del amor: en este sentido los platos a base de "pescado" aumentan la auto
estima y contribuyen a crear la sensación de un futuro exitoso. Análogo efecto producen en general todas
las cosas susceptibles de ser "cocinadas a fuego lento". Las cosas "fritas" en cambio pueden ocasionar una
sobre estimación de las propias fuerzas.

En estas situaciones de ansiedad es frecuente comerse las uñas. Trate de no hacerlo. Pero, en caso de no
poder evitarlo, intente dejarlo para después de las comidas a fin de que su digestión resulte mas sencilla al
organismo.

El mate (y cualquier otra bebida cuya ingesta se realice por succión) está fuertemente aconsejado porque
tonifica los músculos de los labios... tan necesarios en estas ocasiones!

Tenga en cuenta que no estará de mas ir preparándose para una eventual pérdida general de líquido por
diversas vías: oral, epidérmica, oftálmica, vaginal, etc.) Es altamente conveniente entonces el acopio e
ingesta de toda clase de bebidas (no alcohólicas!) o simplemente de agua potable. Considere que
(idealmente) Ud. debe contar con uno o dos litros de reserva al momento de iniciar el lance, lo cual, por
otra parte, asegurará una suave inflamación y adecuada flexibilidad y lubricación de los tejidos
pertinentes...

Por último le recordamos que puede recurrir a nosotros en cualquier momento si necesita consejos
prácticos sobre la mejor manera de recuperarse del cansancio, afonías, moretones, mordiscos, etc. que
(típicamente) siguen a esta clase de maravillosos encuentros... Pero le adelantamos que la regla de oro
suele ser en estos casos dormir a pata suelta.

Y luego (al despertar) sepa paladear despreocupadamente esa sensación de profundo placer y liviandad
que da el simple acatamiento del orden natural.

CENTRO MEDICO ASISTENCIAL DEL CORAZON PARTIDO

***

Estos consejos médicos seguramente no servirán para mi futuro encuentro con el Señor Presidente! Pero
quizá deba seguirlos para cuando yo me encuentro con esta niñita del asilo de "grillitos" de San Isidro,
porque yo pierdo realmente tanta agua corriendo con ella en la plaza y luego llorando cuando debemos
separarnos...

Yo ahora creo que tomé una decisión por adoptarla. ¡Estoy loca de amor! Pero la verdad es que no
entiendo a Azucena porque ella dice que es muy difícil hacer esto en este país. ¡¿Como es posible que esto
es así en donde hay tantos niños que lo necesitan?!

Yo también pregunté en el asilo pero ellos tampoco saben bien y dijeron que debo ir a una oficina de otra
ciudad. Pero no importa porque lo más importante es que yo sí quiero que esta pequeña sea feliz. Ella tiene
ahora sólo dos años y no conoció a su madre que la dejó en una sala de un hospital.

Y yo ahora ya fui cuatro veces a La Plata para hacer trámites! Y las dos primeras sólo para averiguar cómo
debo hacer. Y yo ahora debo hacer un examen para ver si estoy "normal" pero creo ellos nunca sabrán que
loca habita junto conmigo! ¡Estoy tan divertida!

Pero la verdad es que después yo olvido todos inconvenientes cuando ella me reconoce y ríe cuando me
ve. Yo también conocí un señor muy bueno del asilo que me ayuda con todos papeles que no entiendo. El
es un viejo muy cabeza dura que sólo quiere que yo hago lo que él dice. Es muy cómico.

El también nos invitó a comer un rico asado de vaca a Azucena, a la niña y a mí. Fue un hermoso día y
estuvimos bajo unos lindos árboles. Yo adoro el sol de Argentina! Pero después me comí unas uvas verdes
y mi estómago dijo basta! Y dos días enteros no pude vivir en paz. Soy ahora una futura mamá que debe
aprender a cuidarse mejor!

***

Yo creo que ahora estoy un poco mejor con Claus porque nosotros hicimos un nuevo acuerdo. El dice
"contrato" y yo entonces pensé en este loco "Contrato de Seducción Permanente" de Juan...

Pero así... si el quisiera que yo acompañe al Señor Presidente entonces yo quiero saber que esto es sólo
una o dos veces al mes y que no estoy obligada a dormir con él. Y entonces él dijo que sí, que no hay
problema porque sólo se tratará de cuidar a un viejo un poco caprichoso. Y nosotros reímos! Pero yo
todavía no estoy muy segura porque un Presidente de un país nunca es un tonto.

Pero la verdad es que fui con él a pasear una tarde al campo de unos amigos de Corrientes y se portó como
un gentilhombre. Es muy simpático cuando hace chistes pero a mi me parece un poco tonto hacer chistes
siempre sobre lo mismos defectos de los argentinos. Ellos siempre están diciendo que los europeos y
americanos son mejores. ¡Pero no los imitan!

Yo creo que no es fácil imitar a países como esos porque allí las gentes todas son muy valientes y no
permiten que nadie no cumpla con la ley aunque sea su propio amigo.

Después ellos pasaron horas hablando de comprar y vender empresas. Que aburrido! Yo entonces me fui
con unos hombres muy buenos (creo se dice "baquianos") a ver los animales de unas lagunas que dicen son
las más grandes del mundo. Fue tan interesante! Yo estuve a sólo un metro de un cocodrilo muy
simpático! El me miró más fijo que me miran los hombres en Buenos Aires! Yo adoro Sudamérica porque
hay tantos animales y plantas rarísimas.

Ellos también contaron que hay lugares en donde los peces comen las patas de los animales que caminan en
el agua y después son tantos que dejan solo el esqueleto. Cuando era niña he visto hormigas atacar y
comer un oruga viva pero esto es mucho más impresionante. También pienso que muchos hombres que
roban el pan de viejos y pobres deberían ser echados en ríos con estos peces! O también como la saga
escáldica de Gunnar, que fue arrojado a un pozo de serpientes... Yo quisiera tanto ver esto! Pero ellos creo
no entendieron cuando yo lo dije porque ninguno contestó algo. Es a veces tan difícil para mí decir cosas
claras en español!

***

Después que te entregué una de estas cartas, siguen días de gran expectativa...

Llego al quiosco antes que de costumbre. Son las cinco y treinta de la mañana y ya estoy ordenando
apresuradamente revistas y luego armo los diarios del día casi sin detenerme a leerlos; todo queda para
después de las siete y cuarto...

Luego, casi con resignación y alguna impaciencia, me dispongo a esperar el momento aciago, la hora en
que caminás el andén y vas a sentarte donde siempre.

A veces faltás a la cita y entonces casi no me pesa tu ausencia; siento, por el contrario, una especie de
alivio y paso la mañana imaginando razones que la explican o justifican: que tu despertador falló, o que
estás enferma o de vacaciones, y aún otras mucho más descabelladas como que te ofendió alguna de estas
cosas que descuidadamente escribo y decidiste vengarte privándome de su presencia, o que algún esposo o
amante celoso descubrió la carta... hasta que, por el camino de esa creciente y benigna locura llego a mi
hipótesis favorita, esa que casi ni me atrevo a soñar por no dejar que me crezca en el corazón la hierba
perenne de la esperanza que, como la peste, permanece siempre en acecho...

Y esa irresponsable teoría es, como ya lo supondrás... pero no, no lo puedo escribir ahora: me ocurre que
aún el más imposible de mis sueños fantásticos necesita tener alguna lógica, una especie de requisito de
mínimo contacto con la realidad, y éste (perdoname la cobardía), aún no lo tiene.

O quizá también por esa otra forma popular y disfrazada de la esperanza: la cábala, cuyo origen tiene una
raíz demasiado profunda como para que mi orgulloso racionalismo haya podido extirparla...

Pero tarde o temprano, a veces al día siguiente, otras unos días más tarde, como la inexorable ejecución de
una condena a muerte, el momento en que volvemos a vernos llega.

Y entonces nada de nuestra conocida rutina parece haber cambiado: los mismos pasos largos recorren el
andén y tu mirada se clava en la mía una fracción de segundo. Y cae sobre mi una especie de sombría
indiferencia que en el fondo no es tal, pero que con fuerza suficiente busca que las cosas sigan como están:
vos en tu andén y yo en el mío y en el medio los trenes, cavando incansablemente la fosa de nuestra eterna
separación.

***

Yo ahora estoy muy curiosa por el hombre de la estación. El escribe cosas difíciles que a veces Azucena no
puede entenderlas! Pero creo que está tan enamorado porque él no sabe quien soy. Qué lástima!

Porque si el sabe que soy una holandesa con ideas tan duras ocultas debajo de mi pelo "de reflejos de
cobre" él no va a escribirme otra carta! Pero también puede ser que él es un hombre muy duro con un lindo
disfraz de romántico para cazar a mujeres que no saben ver la realidad. Entonces tal vez no somos distintos
sino muy iguales. Pero yo no puedo saberlo porque sólo lo miro un momento muy corto y está muy lejos
para ver adentro de su corazón.

Yo también sueño un poco a veces. Tal vez él es un buen padre para mi niña porque es argentino y quizá
sabe muchas cosas de la vida. Pero la verdad es que no sé. Pero sí conozco ahora su perfume porque dos
veces ya estuvo cerca cuando me trajo las cartas y creo que eso me gustó. Qué loca! Pero el olor de
alguien es tan importante.

Y nada hay mas hermoso que el perfume de la boca de mi niña.

***

Yo debo ahora esperar que ellos busquen a la madre de esta niña para preguntar si desea que ella... bueno,
que yo la adopte así... Pero la verdad es que no entiendo porqué la buscan si ella no quiso a la niña y la
abandonó. Ellos dicen que es así la ley y que es una ley muy vieja que está mal. ¡¿Pero si está mal entonces
porqué no la cambian?! Leyes que no pueden cumplirse enseñan a la gente a que otras tampoco se
cumplen! Pero en Argentina hay muchos carteles viejos que prohiben cosas que ya no existen y entonces
las gentes no respetan ningún cartel más... ¡Esto es tan penoso!

Yo creo que ellos deberían pasar menos horas estudiando la organización del Imperio Romano y la Grecia
Antigua y muchas más aprendiendo como se organiza una sociedad actual.

***

Pero a mi me gusta mucho de los argentinos que saben divertirse de la vida. Yo creo que los germanos
deben aprender un poco de ellos. Porque aquí están las plazas siempre llenas de niños jugando y viejos y
madres que saben disfrutar sólo del aire, y de hablar con otro de cualquier cosa. Eso los holandeses no
saben hacerlo porque ellos si no están trabajando no saben qué hacer!

Yo ahora siento como si estoy en un puente y no sé qué es más importante si trabajar mucho o, al otro
lado, saber gozar de cada momento aunque falten muchas cosas materiales.

Y tampoco puedo saber si es mejor un pirata duro y fuerte como Claus y al otro lado ese bohemio y
romántico que me escribe cartas tan lindas. Yo quisiera ahora tener una hermana gemela para vivir las dos
cosas al mismo tiempo! Qué cosa! Pero Azucena dice que esto es normal y hay una película que yo debo
ver que se llama "Doña Flor y sus dos maridos". Yo debo investigar este tema!

Pero sí sé qué hombre no quiero porque nunca yo podría amar un hombre que siempre está pensando en él
mismo y arreglándose la cara y el pelo y haciendo chistes tontos para que todos rían por compromiso!

***

Sigue a continuación un relato referido a un equipo noruego (femenino) de hockey que visita Buenos
Aires.

Esta parte resulta un poco larga y erizada de tecnisismos propios del juego. Se prefiere omitirla por
irrelevante. Es interesante tener en cuenta, sin embargo, (ya que quizá sí importe para entender el final de
esta historia) que la autora del Diario es ex jugadora de divisiones inferiores de jockey sobre hielo, deporte
que exige una gran destreza física... (Nota del Editor)

***

Ahora Claus está de nuevo muy enojado conmigo porque yo abandoné al Señor Presidente en una fiesta de
actores de cine y de televisión y fui con los periodistas a comer pizza a un barrio muy viejo de la ciudad.
Pero la verdad es que yo pensé que él no me necesitaba porque había tantas mujeres tan hermosas allí y
todas querían estar con él. Yo además conocí un chico tan simpático y loco que todo el tiempo me sacó
fotos y estuvo tan fascinado conmigo que él también dejó su trabajo y fuimos después a un barco y salimos
a navegar en la noche. Fue tan excitante!

Pero él no sabía bien como manejar este velero y luego debimos volver. Suerte que "alguien" había que
sabía navegar! Y él tampoco sabía "clavar" muy bien pero yo le enseñé como se hace para llegar mucho
más profundo y también a quedarse bien quieto hasta que no se aguanta más! Y él entonces comenzó a
gritar que me quería. Qué increíble! Como puede alguien decir tan rápido algo que yo pude sentir
realmente sólo una o dos veces en toda mi vida.

Pobre niño de dieciocho años en manos de una bruja de doble edad que él!

Pero ahora yo estoy muy preocupada porque de nuevo hay problemas con este hombre tan tonto que se
cree rey, y no sabe nada de una mujer holandesa. El cree que sólo soy un bonito adorno que él se pone en
el bolsillo de su saco.

***

Quizá sea prudente que comencemos desde ahora a prevenir algunos de los clásicos problemas de
desencuentro que podrían sobrevenir en un futuro (espero) no demasiado lejano.

Habrá un virus informático acechándonos por allí...

Se llama "amor verdadero" y puede penetrar por cualquier momento de éxtasis romántico. Produce raptos
de bondad, celos, anorexia, absurda esperanza, entrega absoluta, sensaciones de inmortalidad, tristeza
súbita y risas inexplicables. Por su carácter francamente invasivo es en realidad mucho mas peligroso de lo
que parece. Suele penetrar camuflado bajo nombres de frutas y tubérculos que aparentemente hacen
referencia a rutinarias cuestiones nutricionales (como "tu pepino me persigue", "contigo aprendí a pelar las
bananas", "nunca las vi tan de cerca" (generalmente relacionado con zanahorias o batatas), "los higos del
Edén, "los pomelos bizcos", "el otro yo de las berenjenas", etc..

No hagas caso.

Son en realidad tramposas engañifas que esconden la realidad de un descontrolado roedor de neuronas
sentimentales que termina ocupando todo un espacio que luego es dedicado a generar obsesiones y a teñir
de fundamentalismo los mejores momentos. Todo acaba reducido al famoso Cuestionario Unico del Buen
Amor, que consiste de una sola e insistente pregunta: ¿Me querés?

Es decir, la denostada pasión (que no es otra cosa que la realidad tangible del amor) debe dejar atrás esta
peligrosa entelequia virósica que a la larga resulta ser sólo la ilusión de una magia, y que, si no es tratada
convenientemente, termina por arruinar con dudas e indemostrables teoremas los (pocos) instantes de
felicidad práctica que tiene la vida.

La vacuna es simple.

Consiste en dejar pasar el tiempo... y comprobar que nada malo ocurre a pesar de que todo parece
indefinido y hasta caótico al carecer de las (en apariencia) claras definiciones promovidas por esta antigua
y siempre mutante infección informática (típicamente el "mucho, poquito, nada") que termina haciendo de
la bella realidad en flor, una triste opción de firmes pero pobres contornos...

Y también recordar que una sola palabra no puede contener historias, colores, caricias, gritos, risas, danza,
miradas... Todo eso que llevamos adentro necesitaría de miles y miles de distintos e impronunciables "te
quieros" que, por lo tanto, deben callarse, porque decir uno solo de ellos sería olvidar todos los matices y
peculiaridades de los otros. Mejor, entonces, el silencio. Y que flote en el aire lo que se huele, se ve, se
oye...

***

Azucena y yo estuvimos toda una tarde estudiando una otra carta del loco de la estación. Es tan
interesante como él escribe y cosas tan diferente de los hombres que conozco aquí. Pero me pregunto si
todo eso es cierto. Azucena dice que sí, que hay hombres aquí que saben enamorarse como niños y vivir la
vida como si solo es el paso de un puente entre la nada y el misterio, y que es demasiado rápido para
preocuparse por cosas materiales.

Esta última carta es... sí, necesita creo una doble traducción porque es bastante fácil en vocabulario pero
casi imposible para mí entender en su significado: jamás pregunté a un hombre si me quiere, solo esperé
ver que él lo siente.

Yo creo que estoy ahora en medio de una confusión casi completa y no sé nada sobre qué quiero hacer.
Cómo quisiera poder hablar un rato largo con este poeta pero la verdad es que pienso que tal vez me
confunda más. Qué exageración! Pero estoy tan curiosa! Y también tan divertida porque Azucena dice que
si él me escucha contar todo qué hago va a morir de una embolia a su cerebro. Qué locura!

No. Yo soy quien morirá pronto del corazón con tantos hombres corriéndome! Yo quisiera ahora volver a
Holanda y poder hablar tranquilamente con mi padre. Pero la verdad es que ya sé qué él me va a decir:
"Penélope, tienes que hacer cosas que eleven el espíritu y construyan un mundo de paz". Pero qué fácil si
yo puedo saber cuáles son esas cosas!!

***

El sábado mi niña cumplió justo dos años y nosotros lo quisimos festejar con una fiesta. Por eso fuimos
con ella y con Azucena a casa de Polo y Azucena cocinó una rica cazuela (creo así se dice) y yo una torta
holandesa de frutillas y canela. Y también fueron nietos de la familia del dueño de la casa y mi niña jugó
con ellos y yo estuve tan contenta de verla feliz.

Nosotros también festejamos que ya están todos los papeles que se necesita para que el señor juez diga que
puedo ser tutora. Yo no lo puedo creer! Pero costó tanto tiempo juntarlos y también mucho dinero porque
yo tuve que abonar más de mil dólares para derechos y otras cosas que no comprendo. Y tampoco
entiendo porqué Polo estuvo tan enojado conmigo porque pagué todo que ellos me dijeron. Pero yo creo
que él es un poco loco porque yo no quiero que falte nada en mi expediente así ella viene conmigo bien
pronto.

Yo también estuve hablando con Claus y creo que él es un poco celoso de la niña pero también me gustó
mucho que se preocupó por ella y me hizo muchas preguntas bien concretas. Creo que es en el fondo muy
bueno conmigo y siempre tan inteligente. Nosotros ahora estamos muy bien y pasamos unos días hermosos
en Río de Janeiro. Qué ciudad hermosa y sensual! (Esta palabra la aprendí de Juan que me escribe en sus
cartas: me gusta porque es un sonido tan "sensual" como su significado!!)

***

Yo no sé ahora dónde poner todos los regalos del Señor Presidente. No hay casi lugar en el departamento
de Azucena. También me siento como una prostituta. Es tan cómico! Pero creo que él entiende un poco
más de mí y sí... la verdad es que yo también sé un poco más de él y creo que no es tan malo que yo
pensaba. Nosotros estuvimos en un circuito andando muy duro en su Ferrari y él parecía un animal
excitado con tanta velocidad y creo que yo también por eso no pude impedir que él me besara pero creo
que él sabe que sólo es un impulso. Yo no quiero dormir con él porque es un hombre tan caprichoso. Pero
hay veces que soy tan débil y tan loca que no puedo entenderme a mi misma. Qué terrible!.

Y Claus también estuvo contento con esto que hice y dijo que sólo falta poco para que se firmen los
contratos con firmas de Holanda y entonces yo voy a ser libre y tranquila como antes. El es tan frío con los
negocios y yo odio esto!

***

A veces sueño que contestarás alguna de estas cartas.

Un poco aburrido de no vender, juego a media mañana con la fantasía de un sonido de pasos acercándose.
Luego te imagino asomada a la puerta de la parada: me entregás apresuradamente un sobre y caminás
nuevamente alejándote. Alcanzo a sentir la fuerza infinita de tu cercanía golpeándome como un cachetazo
sorpresivo que me deja atónito, incapaz de hacer el mas mínimo intento de retenerte por miedo a romper el
hechizo y despertar de un sueño dentro de otro sueño. ¡Que locura!

También trato de inventar tu mirada rápida a los ojos sin decidirme entre destellos de complicidad, de
simpatía, de curiosidad, de inseguridad, de timidez, de temor, de burla, de atrevida procacidad, de
desafiante provocación... Me río solo tratando de calcular como sería si nos miráramos vos y yo desde muy
cerca Penélope, si ya cuando nos miramos desde lejos queda la estación con focos de incendio...

Miro el sobre que ha quedado en mi mano con algún perfume de mujer penetrándome, adueñándose de mí
mucho antes, mucho más profundo que las palabras.

Y después lo abro lentamente y allí está tu alma, como una misteriosa sentencia escondida en un juego de
palabras cruzadas.

He sido, entre tantas cosas de mi vida, hombre rana. ¿Lo habrías adivinado? Por eso, cada vez que me toca
la aventura de descender a las profundidades de alguien, siempre termino asociándolo con aquellos
tiempos...

¿Como serán las profundidades de tu corazón?

¿Mares tropicales, claros y cálidos, llenos de peces de colores nadando en multitudinarios cardúmenes que
se mueven en una paz aparente, como al compás de una danza? ¿Desiertas, tenebrosas aguas de los
océanos fríos? ¿Turbias, sofocantes, peligrosas aguas de ríos, en donde he tenido que andar a ciegas entre
los restos de buques hundidos sin poder hacer otra cosa que ir formando en mi mente confusas imágenes
de lo que mis manos tanteaban?

Pero bajar en aguas contaminadas por cadáveres es aún peor que bucear a ciegas: se aprietan los labios a la
boquilla del aire con fuerza obsesiva para tratar de evitar la menor filtración de agua. Los miedos
ancestrales flotan alrededor y la sensación de aislamiento e incertidumbre es infinita.

¿Y como te sentirás vos buceando ahora en las profundidades de mi alma, Penélope? ¿Te resultará una
dulce y placentera aventura tropical? O serán quizá aguas negras, difíciles, turbulentas, misteriosas?

Nada de esto podré saber porque intuyo que esa carta que sueño nunca será escrita. Por eso es que, ya que
todo serán exclusivamente sueños, ¿porqué no soñar sencillamente lo imposible? Estamos vos y yo en un
baile de embajada: vos con un vestido minifalda negro que parece una enagua brillante con infinitos
botones en la espalda... y yo en la elegancia que prefieras. Y nos vemos por primera vez y no sabemos bien
qué hacer. Nos vamos acercando uno al otro como al descuido. Después, simulando un encuentro casual
nos dirigimos en el mismo momento la misma pregunta estúpida:

- ¿Tenés un cigarillo? - y al instante reímos sorprendidos y nos confesamos mutuamente que no fumamos.

¿Te gusta? El paso siguiente te toca inventarlo a vos. Después tendrás que comunicármelo de alguna
forma...

Y si la intuición no me falla será una noche muy larga. Tal vez deba transpirar bailando rock hasta caer
exhausto en un sillón y verte luego entre vapores de alcohol y amargura seguir danzando con cualquier
otro... Pero (ya que sólo son sueños) también podría ocurrir que las cosas no fueran tan difíciles para mí
sobre el final de la noche... si vos quisieras, por ejemplo, tener la consideración de dejar apagada la luz de
un zaguán, para que en la penumbra la larga ristra de botones se fuera desabrochando lentamente y poder
así disfrutar largamente del dulce flagelo de la ansiedad...

Pero no, sé que esa carta de respuesta jamás llegará y que por el momento tendré que seguir soñando solo:
que llegás de repente al andén una mañana de sol, como un viento incontenible de pasión, y te lanzás a mis
brazos sin siquiera un instante de vacilación y quedamos enredados en un interminable beso invasivo, de
idas y vueltas, y de respiración agitada, lleno de los sabores y olores inolvidables de la primera vez...

***

Yo estoy ahora escribiendo una carta para mi poeta pero esto es para mí casi imposible. Creo mejor será
que Azucena haga esto para mí pero ella dice nada hay mejor para enamorar que algo distinto y esto sólo
puede hacerlo alguien como yo!... Esto es realmente tan raro porque yo creo nada hay de especial en estas
cosas locas que escribo tan rápido y tan llenas de errores!

Yo no entiendo porqué el Señor Juez de La Plata no decide que yo sea tutora de mi niña. ¿Es tan difícil
darse cuenta que eso será bueno para ella? Y Claus dijo que él puede comprar muy barato a este Juez pero
yo no quiero. Yo quiero que este juicio sea muy limpio porque nada debe ser una mancha en el futuro para
ella.

Pero ellos ahora quieren encontrar a la madre para que diga que ella no quiere tener a la niña. Qué
tontería! Y muchos creen que es mejor para ella ir con la madre. Yo supe que madres que quieren entregar
sus bebés son obligadas a dar de mamar en los primeros días para que ellas después no puedan sufrir la
separación y así... no los den para adoptar. Que idea horrible de la moral!

Yo creo que los argentinos quieren soñar que viven en un país perfecto para no tener que trabajar duro en
los problemas reales. Ellos prefieren decir "no hay madres que abandonen a hijos, no hay abortos" y así
todo debe arreglarse fuera de la ley como en la mafia. No. No se puede "soñar" que el techo no tiene
agujeros y usar paraguas dentro de la casa cuando llueve porque un día el techo caerá sobre nosotros! Es
tan tonto negar lo que existe. (Yo en realidad adoro algunos sueños como estos tan locos que Juan escribe
para mí... pero pasa que él tiene mi "autorización" porque es un soñador "profesional").

Pero quizá este Juez sólo quiere cumplir la ley y entonces yo debo callar!

***

Yo ahora estoy muy triste porque creo que soy una tonta que cayó en la trampa de dos hombres que no
saben nada de respeto por nada ni nadie. Tengo tanta rabia!

Pero además estoy tan triste que el mundo sea así. Esta es quizá la última carta de una suicida! Pero ahora
yo quiero anotar detalles de qué sucedió porque algún día yo voy a dudar que esto que pasa es verdad.

Yo no quería subir a este avión del Señor Presidente, el Tango, porque estaba segura que algo iba a pasar
pero Claus insistió que esta es por única vez y que los contratos estarán firmados en la semana y así... Pero
ahora estoy tan confundida y también algo culpable de qué pasará.

Y también creí que otra gente iba en viaje pero cuando yo estuve abordo y supe que nosotros volamos sólo
con los pilotos ya fue tarde y el Tango salió a la pista casi sin pedir autorización y solo porque el "Rey" lo
ordena y nosotros casi entramos en un rumbo de choque con otro avión chico. Yo estaba loca de
indignación cuando él sólo rió al ver a este pobre piloto que debió aterrizar en la hierba sobre el campo.
Qué locura!

Y después él insistió tanto con un poco de droga pero yo no. Porque sabía qué venía y esto me parecía
imposible porque nosotros ya teníamos un acuerdo para respetar. Pero no hay leyes para hombres
poderosos y menos en Sudamérica. ¿Porqué?

Pero yo soy a veces una tonta que cree todo que le dicen y así cuando él dijo que podía dormir sola en su
cama grande porque él sólo tenía que leer unos papeles de asuntos de Estado dije sí. Creo también que no
supe que estaba drogado (un poco) cuando quiso entrar en la cama y fue eso qué pasó. Porque un Señor
Presidente debe entender a una mujer que no quiere dormir con él no porque es una "mojigata" o
"mojiperra" o que sea, sino porque es una cuestión de principio. Porque nadie puede hacer a otro lo que no
quiere que le hagan y esto es así para todos y yo adoro esta norma que mi padre me enseñó: amar la
libertad propia y respetar la de otros.

Pero él estaba tan loco y además no imaginó que yo tenía tanta fuerza para pegar a un hombre. Pero por
suerte sólo tuve que dar un buen golpe abajo y él entonces supo que estaba en esa cama un animal como
él, y también tuvo un poco de susto, creo. Porque después quiso que yo vea que es muy valiente haciendo
locuras con el avión hasta que los pilotos estaban blancos como un papel y creían que nos matábamos
todos esa noche. Pero yo no quise mostrar a él que tengo miedo y además sé que es un avión hecho por
holandeses más serios que él y entonces aguanta cualquier capricho de uno que no es un hombre sino un
niño!

Y en verdad tampoco entiendo eso que dijo que yo perdía una oportunidad de conocer un hombre
verdadero, porque creo que yo sí conozco uno verdadero y casi saltan lágrimas de mis ojos cuando dije a
él esto: que conozco un holandés que es mucho más hombre pero no es Claus sino es mi padre, un viejo
como él, pero mucho más bueno y tan digno que para ponerlo de rodillas hay que cortarle las piernas!

***

Yo ya tenía suficiente cuando después fui a ver a Claus pero entonces tuve mucho más porque no pude
creer que él se enojó tanto conmigo!

Y en el momento yo supe esto que "algo raro está ahora pasando" porque él de repente calló de gritar por
dos minutos y parecía que su cabeza iba a estallar de tanto calcular consecuencias de todo, él estaba
entonces tan rojo como un tomate bien maduro y después parecía una otra persona. Tan distinto! Y
comenzó decir de olvidar todo que había pasado con el Señor Presidente y que nada importa y todo se
arreglará y otras cosas tan lindas que él sabe decir y a mirarme tan duro y a la vez tan dulce que yo terminé
mojada en el mismo instante y quise que él me bese y hacerle todo qué yo sé hacer a un hombre para que
sea rey. Pero mí rey! Tan tonta puedo ser! Y tan loca de amor estaba que entonces no supe porqué él
estaba tan violento conmigo. Y soporté que él me pegue porque pensé que es lo mejor para un amor
realmente intenso, mejor que nunca habíamos hecho hasta ese momento. El hizo el amor como a una puta
o peor a una oveja. Pensé entonces que él también sentía cosas igual que yo pero estaba equivocada!

Cuando él terminó tan violento que casi no podía respirar entonces quiso levantarse enseguida y casi cae al
suelo pero apoyó en la biblioteca del estudio sus brazos y así... si... me pareció que entonces todavía
soñaba porque la biblioteca corrió y atrás quedó a la vista una caja fuerte grande como de un banco que yo
presentí allí están los papeles de contratos tan importantes para él: más importantes que esta mujer. Pero
fue sólo un momento porque el la volvió a su lugar y entonces vi el odio en sus ojos y dijo "nunca tendrás
a la niña si no coges un Presidente!" Y entonces yo supe que había caído en una trampa y que yo perdí.

Yo ahora no podré saber qué es mas importante para mí porque los principios son mi dignidad y mi
dignidad es mi vida. Pero al otro lado yo quiero tanto a esta niña y tal vez yo salve su vida si puedo llevarla
a Holanda. Así... No puedo decidir qué hacer. Es terrible! Yo nunca estuve en una situación como esta en
toda la vida.

Pero tal vez ese Juez es realmente un "Señor" y no puede ser comprado por Claus. Yo creo que debo
luchar antes de saber que estoy vencida.

Pero yo también sé que esta situación que yo estoy ahora es porque nadies defiende aquí principios y hay
pocos héroes. Para todos es mucho más importante la vida cómoda que la dignidad. ¿Porqué? Tan
importante es una casa grande y autos nuevos!? Ellos así deben vivir en sólo esos metros que son dueños y
no afuera porque hay muchos pobres que los odian y tampoco adentro de su propia alma porque está todo
tan sucio!

***

Yo no soy más institutriz de Stefan porque la verdad es que no quiero más ir a esa casa maldita todos los
días. Mi vida es tan triste ahora. Pero Azucena dice que debo tratar de hablar a un abogado porque debe
haber una otra solución para mí. Pero estoy tan depresiva! Porque la verdad es que ella no sabe nada de
este mundo de locos que estoy.

Yo sólo quise un poco de paz y fuimos a visitar a la niña y un instante que la vi sonreír y decir mi nombre y
todo se olvidó para mí! ¿Porqué un niño puede hacer esto? Yo siento tanto que ahora soy todo que ella
tiene y que no puedo fallar! Y Polo supo que algo pasa pero no quise decirle para preocuparlo pero al otro
lado pensé que es una situación difícil y necesito ayuda de alguien que sabe mucho de la vida de
Argentina... pero no sé... Y él no me preguntó porque es también muy respetuoso como mi padre.

Yo soy tan tonta que ahora espero todos los días al cartero por ver si llega una notificación nueva del
Juzgado. Y también llamo allá pero nunca saben nada para mí. Creo que tal vez debo ir a ver a ese Señor
Juez y averiguar algo. Y quizá yo use mi poder de mujer con él... pero yo entonces soy igual que Claus!

Y tampoco veo a mi buen mozo de la estación y extraño sus ojos tan tranquilos color de otoño... y no
recibo más sus cartas.




SEGUNDA PARTE



Es cierto que ocho días son aún poco tiempo para saberlo. Pero temo ahora que ese leve resplandor de las
siete y cuarto se haya apagado para siempre.

¿Deberé quizá continuar escribiendo estas cartas sin volver a verte nunca más?

Si ese fuera el caso, nuestro caso, el romanticismo alcanzaría extremos de sátira o, peor aún, de libro de
los récords: un hombre ve una mujer, se enamora locamente de ella y por el resto de su vida debe soportar
el destino de escribirle cartas que nunca llegarán siquiera a ser leídas... Podría incluso imaginarse una
tragedia final en que ese condenado a la perpetua cárcel de un amor sin objeto ni fin, acabe por quitarse la
vida arrojándose (previsiblemente) debajo de un tren, como único modo de dar a tanto mal destino alguna
consecuencia práctica...

Pero no, resulta muy atolondrado comenzar a sospechar un futuro tan arduo. Muchas cosas, mucho más
prosaicas pero sin duda mas probables, pueden y deben haber sucedido. Sé que debo ser paciente y buscar
algún modo de sofocar ésta ansiedad.

Escribir tal vez sirva. Pero debo tratar de hacerlo serenamente porque de otro modo mis nervios podrían
verse reflejados en un inesperado cambio de estilo de redacción que termine afectando la mágica
melancolía de estas páginas o, peor aún, que acabe por dejar fuera de servicio este maldito teclado!...

Recuerdo que una vez, hace muchos años, pasé toda una tarde, que me pareció eterna, esperando una
llamada telefónica que jamás llegó. Esto, desde luego, no tiene nada de particular, es más, me ha ocurrido
ya muchas veces (y supongo que a vos también), pero, por alguna desconocida razón cada vez que pienso
en situaciones de desesperada espera me vienen a la memoria aquellas horas que minuciosamente dividí en
minutos y segundos de fija observación de aquel aparato telefónico (gris) que, ajeno a mi desgracia,
permanecía mudo, quieto, mientras yo consumía hasta la indigestión cantidades ilimitadas de mate y
facturas.

Y también recuerdo ahora un cuento famoso que es de algún modo una metáfora de nuestros ahora
interrumpidos encuentros: el caso del prisionero aquel que lenta pero inexorablemente descifra la escritura
del dios en la piel del leopardo que habita la celda contigua: tan sólo esos breves instantes de luz, aquellos
en que su carcelero abre la trampa en lo alto de la bóveda, en la acumulación de los días, le bastan. Como
ese instante de mi oscuridad en que este andén del invierno y del infierno se ilumina con tus pasos y
entonces trato de observar y retener en la memoria todos y cada uno de tus gestos, pensando que tal vez
en ellos también haya escrita alguna misteriosa sentencia que me permita descifrar el secreto "ábrete
Sésamo" de tu corazón...

¿Será por eso que has desaparecido, Penélope, porque temés que tarde o temprano, pueda descifrar esa
clave?

***

Los días van pasando y empiezo a pensar que realmente no te veré más.

¿Es posible que unas simples cartas de amor hayan podido (con incalculables consecuencias para el
Universo) cambiar tu costumbre de bendecir estos andenes?

La belleza (tu belleza) ha sido hasta hoy la fuente de energía que ha alimentado esta inofensiva locura de
escribirte. Pero, cuánto más podré sostener este impulso si no puedo verte? ¿Por cuánto tiempo quedarán
en mi memoria tu cintura de caña cimbreando al viento, tus ojos castaños recorriendo como un láser las
penumbras de la mañana impávida?

Hoy, el banco en donde solés (solías) sentarte a esperar tu tren fue ocupado por un vagabundo andrajoso
cuya piel curtida por la intemperie brillaba con los primeros rayos del sol y a este otro lado llegaba de vez
en cuando el olor acre de su miseria. Durmió casi hasta las diez y luego, agredido por la luz, despertó y se
alejó tambaleándose. Y se me ocurrió pensar que, de algún modo, ese vagabundo era yo mismo...

Cuando era adolescente me enamoré de una vecina que vivía del otro lado de unas vías algo abandonadas
que pasaban cerca de mi casa; y solía encaramarme a unas casuarinas desde donde podía observar sus
movimientos. Pasaba así las horas sentado a horcajadas de alguna rama amiga, esperando que ella saliera a
la puerta y entonces conversábamos, casi a los gritos, de lado a lado de la ancha hondonada por donde
sólo muy de vez en cuando pasaba algún interminable tren de cargas. Y también había linyeras en esta
historia que construían chozas entre los densos cañaverales que crecían por allí.

En soledades de siesta fue que urdí el plan (que consideré perfecto) de invitarla a visitar alguna de esas
viviendas abandonadas a las cuales se llegaba por sinuosos senderos solitarios que yo conocía al dedillo
por haberlos explorado muchas veces, armado con una arco y unas flechas de tacuara. Y, como en la
"Milonga Triste", ese plan tenía, obviamente, el inconfesado fin de perpetrar un beso... pero nunca me
animé a llevarlo a cabo y nunca hubo "rubor por aquellos senderos"...

Hoy, en horas también algo aburridas, he tramado esta estrategia de correspondencia destinada a investigar
un fantasma, una especie de imagen virtual y tridimensional de "La invención de Morel" que día a día
repite su rutina de aparecer y desaparecer hasta que la máquina que la produce se rompe y la dama
desaparece...

***

Ya tu ausencia comienza a pesarme en el alma.

Pero soy un ex buzo preparado y entrenado para soportar mucho tiempo la falta de oxígeno de amor...
¡Que cursilería! La última vez que me enamoré - aquellos amores con Kanopus de que te hablé y que vos
misma en parte presenciaste - debí esperar más de seis meses que ella se decidiera a lo que parecía una
traición, pero que bien observado no lo era, porque donde no hay más que restos de un cariño no hay
infidelidad posible.

Fue el ínfimo detalle de un casi invisible punto de zurcido en una media lo que puso a Kanopus sobre la
pista de una amante de su esposo: esa desprolijidad no podía ser la suya ni mucho menos la de él,
maniático perfeccionista... Y la furia, algo insensata porque muchas veces había deseado que sucediera
aquello que finalmente comprobó y descubrió hasta en los más mínimos detalles con la experiencia y el
temple de una mujer de cuarenta, fue lo que hizo que se plantara delante mío (una inolvidable mañana de
lluvia en que el andén estaba desierto) y me mirara con curiosidad y algo de desconfianza, como
preguntándose cómo sería aquel hombre al cual se entregaba casi por el solo placer de una venganza.

Pero detrás de aquella revancha absurda había (como tantas veces suele ocurrir) una puerta trampa, un
pasaje secreto que conducía a un tesoro de amor oculto que ni ella ni yo habíamos esperado jamás
encontrar.

Y por supuesto que sí sé que quizá te aburra, o más aún te moleste, escuchar detalles de amores ajenos,
pero esta mañana en que estoy ya casi seguro de que no leerás más estas cartas tengo ganas de
desahogarme recordando desaforados gritos de amor de otras mujeres de mi vida, como aquellos que
finalmente dio Kanopus unas noches de viernes de vigilia que la dejaron disfónica por mucho tiempo y
levantaron la airada queja del consorcio de propietarios del edificio en donde habitaba...

¡Perdoname..!

¿Cómo serán tus gritos de amor, Penélope?

¿Una retahíla de sollozos, un ronco y profundo quejido, un alarido destemplado de una sola nota?
¿Gritarás nombres al viento? ¿Morderás o arañarás en un desesperado arpegio del descontrol... o
modularás lentamente a tonalidades cada vez más agudas de la ansiedad, hasta el desesperado final?

Nunca lo sabré.

Pero tampoco sabré jamás si saberlo hubiera sido para mí una bendición o una fatal desgracia. Quizá no
haya, ni siquiera en los sueños, final ejecutable para tanta belleza, o, peor, que habiéndolo no me
alcanzaran los dedos para los acordes con novenas, séptimas y trecenas que puede pronunciar tan hermoso
instrumento. Pero si lo hubiera, y si me tocara el destino de ver de frente el indescriptible rostro de ese dios
pagano: ¿Cómo volver luego al llano de la rutina sin sentir la tristeza de saber que ya no habrá más alturas
que alcanzar ni paredes de hielo que someter?

Mentiras, por supuesto: porque, después de haber templado lenta y meticulosamente todas y cada una de
tus cuerdas, y después de haber ejecutado todos los acordes y las melodías posibles, después de haber
dirigido a batuta batiente o doliente ese inimaginable final, nada, absolutamente nada en el mundo debe
haber más hermoso que dormirse a tu lado, Penélope, deseando que la mañana no llegue nunca más...

***

Ya tu ausencia me pesa en el alma!

Y empiezo a recordar aquellos días jueves de nuestros encuentros como se recuerdan tiempos de rosa o de
la niñez. Con una perfección que sin duda no tuvieron pero que la visión panorámica de nuestra vida, esa
que no otorgan los días sino los años, va maquillando poco a poco hasta que los rasgos hermosos, que al
momento de vivirlos no supimos ni remotamente distinguir y menos apreciar, comienzan a verse nítidos,
encandilándonos y llenándonos los ojos de lágrimas "cuando nadie nos ve...".

Entonces vivía soñando con el día en que nuestras pupilas al encontrarse sostuvieran de pronto la mirada:
dos, tres, cuatro segundos... hasta que tu rostro comenzara a desorganizarse de esa tensa máscara de
indiferencia y a mostrar la sombra de una sonrisa.

Y ahora recién caigo en la cuenta, Penélope, de que tampoco conozco tu sonrisa. En el idioma primitivo de
los esquimales, reír juntos y copular el amor se dice con el mismo verbo... ¿Lo sabías? Quizá no, pero
seguramente siempre lo has intuido. Y de ahí tu gesto siempre algo irritado e impenetrable...

Pero eso no impedía que jugáramos a ese extraño rito de mirarse por turnos, vos a mí, mientras atendía el
kiosco y yo a vos, cuando mirabas el lugar por donde tu tren debía aparecer... Hasta que fatídicamente
llegaba ese momento esperado con ansiedad y algo de temor en que tu mirada y la mía, con simulado
descuido, se encontraban esa fracción de tiempo que se medía por microsegundos y entonces un mensaje
en ondas de luz de código indescifrable pasaba de un lado al otro de las vías, de ida y de vuelta, como una
súbita ráfaga de ametralladoras, como el fulminante final de un duelo del far west...

Fue en el salón de recepción de un gran hotel, sentado en un sillón que enfrentaba una amplia escalera de
cuatro escalones, que me ocurrió una vez eso que llaman "amor a primera vista". Una mujer desconocida
de piel luminosa y grandes ojos acaramelados, en un largo vestido negro, apareció de improviso en el
rellano superior y quedó allí parada con los ojos clavados en los míos un instante largo; luego bajó
lentamente sin dejar de mirarme. De memoria sus altos tacos tantearon uno a uno los cuatro escalones al
tiempo que su rostro se iba animando hasta llegar a una sonrisa encandilante que, como una descarga
eléctrica, casi me para el corazón.

Cuatro escalones en cuatro segundos...

Si tuviera que soñar (una vez mas) lo que nunca ocurrirá entre nosotros lo haría así: nuestros ojos se
encuentran en el preciso momento en que tu tren entra en la estación; entonces, sin bajar la vista te
incorporás y avanzás lentamente hasta el borde de tu andén: cuatro pasos y luego la sombra de una sonrisa,
un gesto de adiós y el tren que pasa y vos que desaparecés.

Cuatro segundos de un amor quizá prohibido, o simplemente imposible...

***

Yo estoy ahora llena de nostalgia y extraño tanto!

Extraño mis mañanas en la estación y las clases a Stefan... y también porque es Navidad y recuerdo un
poco a Europa. A mi padre y a Inge. Ellos no entienden nada que yo les escribo sobre cómo es Buenos
Aires. Tampoco pueden creer que la gente habla mal del gobierno pero no cumplen con las leyes.

Yo ahora estoy casi segura que ya Claus compró a ese Juez.

Porque no podía esperar tanto y entonces yo pensé nada malo hay que yo me vista muy elegante y tenga
una charla con él (con el Señor Juez). Pero debí esperar tanto! Y yo quería decir a este Juez si su reloj
atrasa tres horas y media pero luego pensé en mi niña y callé la boca. Y estaba tan furiosa. Pero me
controlé como una buena hija de holandés y pregunté sólo porqué mi expediente no salió.

Pero enseguida vi que este hombre sólo tenía curiosidad por el perfume de mujer que entraba por sus
narices y nada importaba de lo que pasaba a mi niña. Qué pobreza!

Y yo creo que él también quiso usarme como Claus porque en un momento se levantó del escritorio y puso
llave a la puerta y quiso que nosotros nos sentamos en un sillón muy cerca y yo pensé otra vez voy a tener
que pegar a un hombre! Pero no. El no tuvo valor de intentar algo porque yo creo que él no supo bien qué
entender cuando yo dije "vos no necesitás cerrar con llave porque no tengo vergüenza que alguien vea qué
nosotros hacemos...". Y él tuvo mucha suerte que yo tengo una niña que cuidar porque merecía que le
muerda en el corazón como una serpiente y lo deje pudrirse en un pozo de amor como la maga Circe a
Ulises!

Y no voy tan fácilmente a tener miedo de encontrar a esta mujer que ellos dicen tal vez quiera conservar a
la hija porque seguro ella también quiere amarla como yo.

***

Hoy yo tengo un poco más esperanza porque pude hablar con un señor que Azucena dijo es abogado.
Tiene una oficina muy importante en centro de Buenos Aires. Pero él no entiende mucho que la situación
es muy difícil porque Claus es tan inteligente! Además siempre los argentinos dicen "no hay problema" y
ellos están en una torre de Babel! Qué cómico es la vida!

Y yo ahora huelo mal y veo sucio en todos lados y también pensé que este abogado sólo quiso que yo
pago la consulta muy caro y nada más! Pero no. Ahora debo esperar y ver qué este señor hace con mis
papeles.

***

La verdad es que yo conozco un poco la pobreza de este país porque cuando llegué ya muchas veces
estuve ayudando en lugares que llaman "villas" igual que si fueran las grandes casas de gente rica. Tan
cómico! Pero jamás vi uno como el otro día que fuimos con Azucena a buscar esta mujer. Yo creo en
Brasil llaman a esto "fabelas" pero aquí son "cavas" porque están en lugares que otro tiempo fueron
enormes pozos para extraer la tierra necesaria para cocinar ladrillos. Y justo en los agujeros que dejan los
ladrillos de las casas para ricos deben los pobres vivir! Y entonces ellos también "cavan" y hacen casas en
túneles que nadie en Europa podría imaginar nunca que realmente existen.

Y también tuvimos que disfrazarnos de pobres para que ellos no nos roben y violen porque es una gran
tontería pensar que pobres indios son todos buenos si el mismo Pacha me contó que los Incas volvían de
sus guerras de conquista con cabezas de sus enemigos clavadas en la punta de sus lanzas!

Pero esta fue una inolvidable aventura! Yo creo que los argentinos deben ofrecer a turistas estos paseos
que son mucho más interesantes que unas cataratas muy grandes o unas montañas muy altas. Es también
muy bello ver cómo niños pueden ser igual felices sólo corriendo tras una pelota de fútbol aunque ellos no
tienen casi nada más. Todos ellos seguramente sueñan con ser un ídolo. Pero cuando ese lindo sueño pase
que harán? También hay muchos viejos que sólo tienen una silla de paja y un televisor para mirar la vida
desde afuera como si ellos nunca nacieron realmente. Pero no sé... yo estoy tan confundida porque al otro
lado pienso que una... la felicidad es para inteligentes y viene más por una buena filosofía y una cama
caliente.

Y fue tan fácil encontrar a esta mujer! Ella sólo estaba en donde dice la dirección que está en la primer
página del expediente. Yo no podía creer! Ella tuvo primero mucho miedo de nosotros (porque éramos
"hombres" y tal vez policías!) y creo creyó que algo malo había hecho algún hijo suyo. Pero entonces
Azucena (tan cómica con sus bigotes!) le habló muy bien y ella atendió. Pero no sé si pudo comprender
todo que dijimos porque estaba tan loca de trabajar y de cuidar a sus hijos que peleaban y lloraban
continuamente que casi no podía oír qué nosotras decíamos. Ella estaba tan cansada que al fin no quiso
escuchar más qué decía Azucena y entonces me miró muy de frente y me tomó una mano con las suyas y
dijo "yo no puedo hacer nada por ella, tu cuídala por mí, ha!? Y nunca le digas donde encontrarme!!" Y yo
creí que ella lloraría pero no. Ella solo estaba un poco rojos los ojos y nada más. Pero yo sí lloré cuando
nosotras nos volvimos y caminamos por el túnel oscuro y sucio de salida.

***

Yo ahora tuve una larga charla con este abogado y creo quizá no falta mucho tiempo para que mi niña esté
declarada oficialmente "bajo guarda". El estuvo muy sorprendido que yo le dije sobre la madre biológica y
dijo además ningún juez puede impedir que algo sea como debe ser. Quizá él tiene razón, pero esto no
sé... El también prometió que la policía va a "encontrar" pronto a esa madre porque él tiene un amigo que
es comisario de la Provincia de Buenos Aires. Pero esa no es una razón! Yo estoy ahora llena de
indignación porque la verdad es lo menos importante. Y ellos van a encontrar a esa mujer porque ya saben
que alguien quiere que sea encontrada y no porque es su tarea encontrarla. Y si quiero que esa mujer diga
algo a la justicia debo pagar más. Qué barbaridad!

Y él rió tanto cuando dije que había ido a la comisaría a decir que yo quería muchísimo conocer al ciego y
sordo mudo que estaba buscando a esta mujer! Después él dijo que ir a decir algo a la policía es una muy
peligrosa cosa, pero yo contesté que yo elegía a veces entre cosas peligrosas para saber que yo estoy viva.
Y entonces ese hombre también supo que le dije que es un poco cobarde!

Bueno, yo creo que ahora estoy como dice Azucena: bastante "caliente" y tal vez es hora que me calme un
poco. Así yo necesito poder descargar algo de tanta tensión! Tal vez un día me voy a ver a mi escritor de
la estación. Me gustaría ver su boca bien abierta cuando yo bajo a las vías, trepo hasta su andén y hago real
ese sueño tan raro de besarse dos personas antes de haberse dicho una sola palabra... (quizá fue así el
primer amor en el mundo y este "sueño" es sólo una costumbre muy antigua que ahora nosotros ponemos
de nuevo de moda!).

***

Ya tu ausencia me pesa en el alma.

Pero ahora, además, he dado en pensar que en esta ausencia hay también alguna falla de lógica.

Los hechos escuetos hablan por sí: te veo día tras día, semanas, meses, años incluso, y cuando finalmente
me animo a escribirte desaparecés...

¿Pueden unas cartas producir ese efecto? ¿Pude quizá haber intuido que dejarías de pasar? ¿Será
(¡nuevamente!) sólo una improbable pero al fin y al cabo posible simetría de destinos cruzados?

Tal vez, pero ha empezado a sonar en algún lugar de mi mente una nota constante y sorda de angustia ó
temor. Una sensación de que algo que desconozco ha ocurrido; te ha ocurrido. Y también creo que, sea lo
que fuere, debe de haber sido algo sorpresivo ó por lo menos que vos tampoco esperabas, porque si
hubieras sabido que ese día era el del último de nuestros encuentros me hubieras mirado a los ojos en el
momento en que te entregué aquella carta que, sabías, sería la última. Y, en cambio, la tomaste con el
gesto de siempre, con ese escudo de irritación o resignada tolerancia, mientras volvías la cara en sentido
opuesto, simulando observar el tren que se acercaba. Y tampoco (aunque me devano los sesos analizando
y tratando de recordar cada detalle) noté algo extraño, ni siquiera inusual, en los días anteriores. La misma
actitud, la misma ropa, la misma valija de todos los días cargada de libros y papeles que a veces revisabas
mientras esperabas sentada en el banco de costumbre.

Ya no hay viajes ni vacaciones que puedan explicar tanto tiempo de ausencia. Pero es cierto que tantas
cosas suceden sin anuncio y sin que sea posible preverlas: accidentes, cambios de fortuna, oportunidades
de trabajo, desgracias familiares... y aún amores desesperados, que como incontrolables vendavales pueden
sorprender nuestro barco y arrojarlo a playas desconocidas.

E incluso aquellos que controlan férrea y meticulosamente sus vidas y deciden hasta el momento de sus
muertes y el estilo del mausoleo en que serán definitivamente olvidados pueden, alguna vez, tener
contratiempos, copas que se rompen, espejos que se rajan, y destinos de guerras de conquista que terminan
por dejarlos en la miseria ó, peor, en el barro del deshonor y la indignidad.

Pero, aún sabiéndolo, no puedo dejar de ver crecer el día en que esta inexplicable desazón de mi alma, lo
sé, acabará por sacarme fuera de mis rutinas de abrir y cerrar el kiosco todas y cada una de estas jornadas
de soledad, y ponerme de una vez por todas tras tus pasos, Penélope, hasta encontrarte viva ó muerta, para
luego volver a la vida tranquila de antes, de vender diarios y revistas en una estación de ferrocarril, y poder
extrañarte en paz...

***

Ayer, quinta vez que salía a recorrer estaciones del tren y a preguntar por vos (por una mujer alta, delgada,
hermosa, morena de pelo largo, fino, que por la mañana, muy temprano...), pude por fin averiguar un
primer (y casi increíble) dato concreto.

Estoy asombrado con el resultado de mi búsqueda. Tanto que he resuelto continuar con esta rutina de
escribirte... Porque, además, necesito contárselo a alguien, y a nadie mejor que a vos, Penélope (hoy este
nombre suena distinto para mí), que no me mirarás con esa pena que veo en otros a quienes he contado
parte de nuestra historia.

Fue en San Isidro.

Ya me volvía para casa, cansado y lleno de esa extraña sensación de locura que me proporciona el andar
buscando a alguien sin saber bien porqué, sin siquiera saber algo de su vida, o, al menos, su nombre. Pero
algo sucedió, una calle cortada creo, que me hizo cambiar obligadamente de rumbo y entonces vi en una
vidriera un maletín (ese "bolso de piel marrón" de la canción...) exactamente igual al tuyo y la empleada me
dijo que sí, que te conocía bien porque antes pasabas por allí y después del día de la valija no dejabas nunca
de saludarla... y que no solamente sabía tu nombre sino, aún, tu apellido, porque la compra había sido con
tarjeta de crédito y se le había quedado grabado, un nombre muy lindo, y fácil de recordar además:
Penélope, Penélope Maturana...

Las coincidencias ocurren, naturalmente, y ésta quizá no sea más que eso: una simple casualidad. Pero te
confieso que yo no lo siento así. Me suena a milagro, brujería, no sé... Me volví a casa con la cabeza que
me daba vueltas... ¿Estaba escrito en tu rostro y mi mente, de algún modo, lo pudo leer? ¿O pasó (en ese
código secreto) de tus pupilas a las mías, mezclado con otras cosas (con tantas otras cosas!) que pasaban
de tus ojos a los míos en esos instantes fraccionarios?

Esa noche, una tormenta tranquila y constante golpeteó suavemente las chapas de mi dormitorio y yo, de a
ratos, sentí tu nombre sonar como un cencerro. Pero había algo más (luego supe qué) dando vueltas como
un fantasma por la habitación o en el lenguaje antiguo de las gotas de la lluvia...

Pero otra parte de mi razón sí lo pudo descifrar, y por la mañana me acercó una primera (terrible)
conclusión de análisis. Otra palabra, que no era tu nombre adorado sino ese adverbio "antes" que la mujer
había usado distraída y que yo, excitado y feliz, había dejado pasar descuidado, se convertía de pronto en
la otra clave de esa tarde, porque insinuaba que no habían sido mis cartas impetuosas las que habían
modificado tu ruta de todos los días.

Antes pasabas por San Isidro, y ahora ya no...

No creo en brujas ni en ángeles malos, pero estas simetrías de la fantasía y la realidad tienen algo de
milagroso que no alcanzo a dibujar en palabras. Tal vez sólo sea que el amor me hace ver al revés. Hace
muchos años tuve una amante que se complacía contándome las pequeñas maldades y desprecios que hacía
a un vecino que se había enamorado de ella. El, sin embargo, no parecía advertirlo y siempre encontraba
modo de justificarla o, más aún, de interpretar que ella hacía esas cosas para ocultar el amor que sentía por
él.

Pero no, no es posible, Penélope, que hayas recibido mi última carta sin mirarme a los ojos, y que
desaparezcas de cada lugar en que te encuentro. Y tal vez ni siquiera sea posible que te llames (justamente)
Penélope.

***

Hace algún tiempo que no te escribo. Pero no había ocurrido nada importante salvo que te extraño como
siempre aunque en realidad me parezca que te extraño como nunca. Pero (lamentos aparte) hoy sí tengo
algo para contarte.

Harto ya de buscarte en guías telefónicas, registros electorales, listas de toda clase, del poder judicial y la
policía, se me ocurrió por fin consultar a un tipo que suele pasar regularmente por el quiosco de diarios,
del cuál me he ido haciendo amigo poco a poco por ese vínculo extraño que crea el verse, aunque sea sólo
por un instante, todos los días...

- ¿Vos sabés de búsquedas por la Internet? - le pregunté sabiendo que la respuesta sería afirmativa, porque
siempre está comprándome libros y revistas de esa especialidad.

Anoche estuve, por primera vez, en un ciber café.

El lo hizo todo, por supuesto. Yo solamente le daba sorbitos cortos a un vaso de bebida mientras
observaba detalles de ese mundo nuevo para mí.

El ratón volaba inalcanzable por la pantalla y los dedos de él (todos ellos) saltaban por el teclado sin
descanso y yo jamás lograba saber qué tecla acababa de apretar. Sus ojos recorrían las pantallas con tanta
velocidad que yo sentía que era imposible que pudiera haber leído todo lo que decían y que muchas de las
cosas, muchísimos detalles importantes tal vez, quedaban atrás sin haber recibido la debida atención.
Incluso, por un momento, llegué a pensar que sólo quería impresionarme mostrándome lo rápido que podía
operar sin importarle lo más mínimo de la verdadera razón que nos había llevado allí. También se me
ocurrió que, algo aburrido, quería en realidad terminar lo antes posible con esa recorrida, que
inevitablemente finalizaría, él ya lo sabría, en fracaso, para luego, cuando yo me hubiera ido, poder
dedicarse con tranquilidad a hacer relaciones con las mujeres que se hallaban en el local, algunas de las
cuales merecían ciertamente atención.

Sin embargo ellas en general parecían poner más interés en mí que en él, cosa que me sorprendía y no
dejaba de halagarme, mas aún cuando se trataba de mujeres jóvenes, extremadamente jóvenes. Hasta que
caí en la cuenta de que yo era una especie de foca anaranjada que llamaba inevitablemente la atención en
medio de tantos chicos...

En tanto mi amigo hacía rato que había dejado de escarbar en las páginas argentinas, en cierto modo
comprensibles, para internarse en lugares extranjeros cuyos idiomas complicaban aún más las cosas. Las
listas que ahora aparecían estaban formadas por nombres que prodigaban consonantes, en apariencia,
difícilmente pronunciables.

Por eso cuando de repente vi el tuyo mezclado entre tanta ensalada de letras y sílabas imposibles me
pareció que estaba subrayado, o de algún modo destacado. Y luego comprendí que no, que sólo se trataba
de un efecto producido por los otros nombres de la misma nómina que parecía más la de una ristra de
noruegos, alemanes, daneses o lo que fuere.

"Penélope Maturana - Groningen/Nederlanden" - escribió mi amigo - al que ahora miré de otro modo -
sobre un papel. Y también un teléfono y una dirección electrónica.

- ¿La llamás o preferís que le mandemos un correo ahora mismo? - me apuró con tanta naturalidad que me
hizo sentir estúpido.

Me fui.

Fue un especie de retirada. Como quien huye torpemente con el botín. Tratando de aparentar que todo era
normal, que todo era como lo había esperado: sentarse a una terminal y que aparezcas en una búsqueda
instantánea entre millones de nombres holandeses y (encima) tu teléfono escrito ahí al lado, como una
broma fina.

Caminé, casi al azar, perdido entre descabelladas hipótesis: la de que eras una turista holandesa, que fue la
primera que descarté, la de que te habías ido a vivir a Europa, que también resultaba rara pero casi
inevitable, la de un inconcebible error cibernético y aún la de una despiadada tomadura de pelo de mi
amigo que - tal como lo preví - quedó charlando con una flaca sin siquiera tomarse el trabajo de inventar
una excusa!

Toda la noche, tanto en la vigilia como en el sueño, repetí la imagen de la página en la que figura esa tal
Penélope que tal vez seas vos. Recuerdo detalles de color e incluso alguno de los otros nombres anteriores
o posteriores. He copiado con meticulosa prolijidad, como si se tratara de números sagrados o cabalísticos,
las escuetas referencias. Pero sé que tanta precaución ha sido excesiva, redundante: nunca podré
olvidarlos.

***

Al día siguiente, demasiado impaciente como para poder esperar a obtener la ayuda de alguien que supiera
algo de holandés o alemán, llamé. Al menos para comprobar que hay gente allí, me dije.

Luego de un primer intento fallido, pude sin embargo, algo más tarde, obtener respuesta. Una voz grave,
masculina, lanzó un saludo que, previsiblemente, no entendí; pero luego, al escuchar lo único comprensible
que yo podía decir en holandés (tu nombre) ocurrió lo que apenas me había atrevido a esperar: comenzó a
pronunciar un español con muchas dificultades y errores, como si hiciera mucho que no lo hablaba. Dijo
que Penélope no estaba, que estaba en la Argentina.

- ¿Ud. de donde llama? - preguntó con una nota de preocupación y al escuchar mi respuesta... - ¡Pero, si
ella está allá! ¿Ud. porqué la llama para acá?.

- Es que necesito su nueva dirección, porque se mudó - mentí.

- ¡¿Ella se mudó?! ¡¿Dice Ud. que Penélope se mudó?! Pero yo no sé nada. ¡¿Cuándo se mudó?!

- ¿Ud. qué dirección tiene de ella? - le disparé tratando de confundirlo.

- La de Buenos Aires - respondió sin vacilar.

- ¿De Buenos Aires dónde? - insistí como al descuido.

- Con Azucena, en Belgrano: O'Higgins dos mil trescientos... Yo no me acuerdo, ¡espere!

O'Higgins dos mil trescientos es una dirección cercana a la estación. Eso me trajo cierto alivio: entre tanta
novedad inesperada algo por fin parecía coherente.

O'Higgins 2363 anoté. Y después me batí en retirada. Tratando de tranquilizarlo: no, Penélope no se había
mudado, yo tenía mal anotado el número, eso era todo. La voz sonó ahora un poco más tranquila. Lo dejé
con una o dos palabras de cortesía, ninguna precisión para evitar que supiera que en realidad nada sé de
vos...

Después, inevitablemente, me sentí algo tonto y entrometido. Todo aquello era una burda excusa mía para
seguir cerca tuyo. Mucha gente pasa por la estación durante años y un día, sin despedidas, desaparece.
Algunos reaparecen luego y entonces explican que cambiaron de trabajo, o que prefieren otro medio de
transporte... Y tu dirección quedó en espera.

Pero en los días siguientes me di cuenta de que tenía miedo. Miedo de que abrieras la puerta y yo no
supiera qué decirte. Y es que en realidad no sabría qué decirte, Penélope: ¿Que me extrañó el no verte
mas? ¿Que hay muchas cartas esperando a que las leas? ¿Que me perdones por lo de las cartas? ¿Que no
puedo vivir sin verte? ¿Como explicarte que todo esto de buscarte tiene su lógica?

***

Urdí un plan simple.

Consistía en pasar por tu domicilio ofreciendo el servicio de la parada de diarios. Al fin y al cabo es lo que
suelo hacer casi todos los días: atender hasta el medio día y después irme a cobrar cuentas atrasadas de
clientes mensuales. Tarea difícil, tediosa. Suele creerse que un diariero es una especie de sirviente público:
"Hoy no puedo atenderlo porque justo estoy cortando el cerco, vuelva otro día", dicen con total
desconsideración los deudores. Otros (generalmente mujeres y viejos) pueden ser más inteligentes:
entienden claramente que cobrar no es "pasear" sino, muy por el contrario, es un trabajo más que se realiza
en el peor momento del día: el cansado y hambriento mediodía. Y, entre tanto ir y volver a ir, también hay
que visitar potenciales clientes nuevos que acaban de mudarse al barrio, para ofrecerles este viejo placer
del diario mañanero.

O'Higgins 2363 es una especie de viejo convento. Un edificio bajo, antiguo, sin ascensor incluso, lleno de
departamentos ocupados por bohemios, costureras, músicos, profesores... El barrio, en cambio, es de
cierta categoría: edificios de pisos con amplios jardines y altos cercos de rejas que los defienden; es un
reducto de Buenos Aires que hace recordar (no por las rejas) a Berlín o a Nueva York: las barrancas de
Belgrano. Veredas amplias y arboladas de viejas tipas, caserones y palacetes de estilo con grandes parques
cuidados y bellamente iluminados por la noche. Pero por todas partes hay guardias y policías que
recuerdan que la ciudad está sitiada, en una sorda guerra contra el suburbio pobre y olvidado.

Sin embargo un diariero es un personaje confiable. Uno siente el amor de la gente. Un amor que quizá
provenga de la tradición, de los canillitas que reparten y bondean diarios en las esquinas soportando el frío,
la lluvia, la cruel oscuridad de la madrugada... Muchos de los vecinos me conocen y parecen complacerse
en hacerme sentir su respeto, quizá experimenten una especie de orgullo de honrar a la gente simple... Eso
se siente cuando se camina por las calles y uno se cruza con clientes, ex clientes y aún con gentes que
jamás compraron nada pero que paran en el puesto a echar un párrafo por el camino del centro o al volver
del trabajo: costumbre sabia, civilizada, de aquel que puede entender que la vida no es una carrera de
galgos...

Por eso me fue fácil entrar en tu edificio. Por eso y por mis años... El guardia me reconoció y me franqueó
la entrada inmediatamente.

- Busco a la morena más linda de Buenos Aires: Penélope Maturana! - dije, sintiendo el placer de
pronunciar tu nombre melodioso.

- No sé si la va a encontrar - contestó el hombre con una sonrisa cómplice pero a la vez algo
desconcertada - hace tiempo que no la veo. Me parece que se mudó.

***

Yo creo mi vida cambiará ahora mucho...

Porque estuve contando a Polo todo que pasó y él estuvo tan preocupado porque dice cualquier cosa
puede ahora pasar a mi y también a mi niña. Pero yo creo él exagera un poco... Yo ahora extraño a
Holanda porque necesito saber que alguien me protege.

Pero yo pienso al fin Polo tal vez tiene razón y es mejor que me mude a otra casa más cerca del asilo para
poder ver la niña con mas frecuencia y así estar un poco más tranquila que no pasa nada.

Polo también dijo al final no debo tener tantos "principios" y vivir en la realidad y tal vez no es mala idea
hablar con el Señor Presidente y arreglar todo con unos besos y quizá él no es mal amante tampoco.

Y quedé pensando porqué no puedo hacer esto? Es una cuestión tan interesante! Pero la verdad es que no
encuentro una respuesta fácil... Yo solamente puedo decir que el resultado de principios es tal vez una
mejor vida donde la felicidad es más intensa, apasionada y duradera.

Cuando era una niña mi abuelo quiso un día que nosotros jugamos al "hnefatafl" que es un juego vikingo
tan viejo que no se conocen sus reglas. Entonces nosotros movimos las fichas para cualquier lado. Y al fin
yo dije "abuelo esto es un juego muy aburrido porque yo nunca puedo ganarte y vos tampoco". El
entonces dijo "es igual en la vida: muy aburrida sin principios y muy interesante y bella si se respetan reglas
de juego".

El después me enseñó que sólo se sabe de este juego que es muy desigual porque un rey con un ejercito
muy pequeño hace frente a otro mucho mas numeroso. Un juego difícil como aquellos tiempos... y contaba
que la "Crónica Anglosajona" dice que en 793 aparecieron unos presagios terribles en Northumbria que
asustaron mucho a la gente: inmensos torbellinos y relámpagos; y se vieron dragones llameantes volando
por el aire y aquellas señales fueron seguidas por una gran hambruna y poco después los estragos de los
hombres paganos destrozaron la iglesia de Dios en Lindisfarne, saqueando y matando... y este fue el
comienzo de invasiones vikingas a Inglaterra: unos ejércitos muy chicos que daban mucho miedo porque
eran fuera de la ley y no temían a Dios y los anglos creyeron primero que era un castigo porque Jeremías
había anunciado un fin del mundo que vendría del norte... Pero luego ellos se organizaron y aprendieron a
defenderse y aunque tardaron doscientos años, lograron vencerlos. Y luego este juego no sobrevivió al
progreso del ajedrez que lo reemplazó desde los comienzos de la Edad Media y es mucho mas interesante
porque las fuerzas son al principio iguales y sus reglas muy claras...

Al otro lado yo también a veces pienso que principios son un lujo de gentes muy fuertes que nunca piensan
en ganar con el engaño sino jugando duro pero de igual a igual y frente a frente como en el rugby o el
hockey sobre hielo.

Y mi abuelo siempre al final decía Holanda es un hermoso jardín lleno de flores porque nadies arranca un
tulipán de los parques "por única vez". Y esto son los principios.

***

Quisiera no saber lo que escribí antes!

Porque la verdad estoy sorprendida por este abogado que al final pudo arreglar todos papeles que faltan y
al fin el señor juez firmó para que yo pueda tener a esta niña conmigo. Estoy borracha de alegría! También
tengo ganas de hacer muchas locuras y contar esto a todos. Y tal vez pueda luego hablar tranquila con
Claus y todo se arregle...

Pero la verdad es que no pude creer a este hombre hasta que vi el papel con mis propios ojos. Yo además
no quise ver una copia sino fui a la oficina y pregunté por el original. Y ellos además dijeron en quince días
llegará la orden al asilo y entonces puedo ya llevar a la niña conmigo. Y me parece quince días es mucho
para solo informar algo pero así es todo muy lento en un país de gente siempre tan apurada... Que
interesante!

Yo también tenía tanta energía nueva que di la vuelta a la nueva casita en que estoy ahora mudada. Que
raro esto que cuando una es contenta siempre está juntando mucha tierra y polvo para todos rincones! Y
pobres arañas y cucarachas que habrán pensado quién es la loca que ahora tenemos con nosotros! Pero yo
quiero todo perfecto y limpio para ella. Y también es bueno para mi cuerpo que tiene unos gramos de más
porque yo estuve tan depresiva que tragaba todo que encontraba igual que estas hormigas argentinas que
hacen caminos tan anchos que parecen autopistas de Amsterdam para llevar todo a su cueva, hasta un
sillón para comer la grasa de los almohadones!

Y hablé y escribí a mi padre adorado en Holanda para que sepa todo que pasó (no todo) y él ya dijo es
mejor que nosotros vayamos allá lo antes posible para que mi niña sea diagnosticada por médicos
especialistas.

Luego Azucena vino a visitarme porque dice que extraña "horrores" (suerte otros opinan que no soy tan
fea!) y reímos tanto de muchas cosas y también volvimos a leer cartas viejas del "enamorado de las vías" y
ella dijo ya pasó tanto tiempo que yo debo pasar a buscar las cartas atrasadas con una carretilla! Y así
charlamos tanto que olvidamos qué hora es y quedamos tan tarde que ya había luz en el cielo. Pero al otro
día (domingo) dormimos de ida y vuelta a la muerte y despertamos a la tarde para escuchar a un vecino
que gritaba goles de un partido de football muy importante (no para nosotras!). Yo pensé ahora esto es
Argentina real y no la de Belgrano que es como un pedazo que corresponde a otro país. Y también yo dije
luego a este hombre lástima que nosotras no podemos entender bien qué dijo la radio porque Ud. está
continuamente gritando tan fuerte. Pero él creo no entendió mi español. (El además no pudo escuchar muy
bien porque tenía los ojos ocupados tratando de adivinar qué hay debajo de mis pantalones y de mi blusa y
también casi digo que voy a hacer agujeros en la ropa igual que él para que pueda ver mejor, pero no,
mejor callé porque Azucena dice estas bromas holandesas son tan inocentes que los argentinos pueden
entenderlas mal y confundirlas con ofensas!

Y al atardecer fuimos otra vez a la villa de la cava para agradecer a esta mujer que firmó el papel que
faltaba a mi expediente pero ella no estaba más y dijeron seguro había ido al Paraguay porque tenía allí la
madre muy enferma y por morir. Y Azucena dijo tal vez ella pudo salir de este túnel sólo para entrar en
otro peor.

Luego volvimos caminando por unos campos tranquilos, con perfumadas hierbas y flores silvestres y vimos
al sol caer hasta el rojo y yo entonces pensé quizá alguien no sabe que vio hoy este sol por última vez y
así... puede haber tanta hermosura en la alegría como también en la tristeza.

Los grillos luego adivinaron la noche y comenzaron a raspar y pude sentir que algo de Sudamérica me
corría por la piel.

***

He dejado de buscarte y esta será quizá mi última carta.

Cuando era adolescente me enamoré perdidamente de una niña de doce años que vivía a la vuelta de mi
casa, en un barrio de La Plata. Y ella también se enamoró, pero no de mí sino de mi amigo, que tampoco
la correspondió. Esta situación duró dos años, que a esa edad es algo así como cinco ó diez de los de
ahora, y terminó complicándose aún más cuando el padre de ella anunció que se mudaría a un pueblo
lejano. Recuerdo lágrimas (las de ella) y también mi callada tristeza que duró largo tiempo después que se
fue...

En aquella edad una generosidad casi ilimitada permitía amar en ausencia, aún sin ser amado. Hoy, en
cambio, sé que este amor tiene los días contados porque se alimenta de una imagen que ya no veré y que
poco a poco irá borrándose. Otras, pronto la reemplazarán.

Pero quedarán estas cartas que sí guardaré para poder un día rememorar detalles, rasgos que el tiempo
hará difusos en algunos casos y en otros subrayará destacándolos, elevándolos a categoría de símbolos de
un tiempo que pasó. Y que no necesariamente serán los que ahora me parecen los más importantes. Veré
entonces una especie de panorámica de mi vida actual y quizá ya tu belleza sin límites no será tan
importante sino, tal vez, alguna otra cosa que hoy permanece oculta en la vorágine del presente
tumultuoso. De la misma manera que de aquel amor de los quince años no quedó la cara ni la sonrisa de
esa niña sino el gesto de fidelidad de mi amigo.

Esos signos de los tiempos, que los psicólogos y psiquiatras buscan con desesperación, pueden
naturalmente ser interpretaciones o valoraciones falsas de los hechos que nos sucedieron. Una traición que
ahora nos perturba sin que lo sepamos, puede ser rastreada, descubierta en algún recodo o escondrijo
remoto de los años y, reinterpretada, destruida tal vez.

Hace mucho tiempo, cuando estudiaba en el extranjero, recibí una carta de mi padre en la cual me sugería
que aprovechara la posibilidad que tenía de radicarme en otro país, de no volver nunca más a este extraño
y alejado planeta de delincuentes y aventureros en donde es tan difícil ser feliz en medio de la injusticia y la
desigualdad, me decía.

Yo mal interpreté esa carta. Fue para mí un símbolo de indiferencia, de desamor. Yo, que moría un poco
todos los días sintiéndome lejos de los que amaba, no pude entender la suprema generosidad de querer lo
mejor para un hijo, aún a costa de no verlo más. Muchos años después releí esa carta que había quedado
guardada en alguna caja de recuerdos de esas que sólo se abren y se cierran en épocas de mudanza... y
entonces comprendí, entre otras cosas, que yo ya no era más aquel que un día había recibido esa carta.
Sentí alivio al darme cuenta de que había podido entender finalmente aquel gesto de mi padre. Y también
una especie de desconcierto, al comprobar cuánto me había podido equivocar.

De tu paso por la estación quedará, se me ocurre ahora, ese terrible instante en que te entregué la última
carta. No porque una sombra de rencor anide en mi alma por esa causa, Penélope. Sino sólo por esta
inagotable curiosidad. Porque todo tiene, inevitablemente, un motivo. Y no me refiero aquí a esas
complejas, inaccesibles explicaciones físico químicas en donde las relaciones de causas y efectos se
multiplican hasta el infinito inalcanzable de las ecuaciones de La Place. Sino a las otras, primarias, simples,
con las cuales solemos conformarnos la mayoría de los humanos, aún sabiendo que en su precariedad,
terminan por ser falsas.

Siento que esa explicación aún me falta.

Porque nunca podré entender tu indiferencia magnífica de no mirarme en el momento de nuestro adiós.

***

¡Por fin, inesperadamente, he podido verte nuevamente!

Para un diariero experimentado no hay casi sorpresas en las ventas. Se sabe quién se acerca al quiosco a
comprar y quién por otras razones: curiosear tapas, charlar, preguntar direcciones, nombres de calles,
recorridos y horarios de los transportes públicos, etc. Y, si la cosa es comprar, uno incluso puede intentar
adivinar qué revista o diario le solicitarán. No se sabe porqué, pero se sabe. Hay formas de caminar, de
pararse, de mirar y tantas otras cosas: ropas, edades, pesos, medidas, agilidad, músculos, bolsas, bolsos,
maquillajes, cortes de pelo, joyas, tinturas... que la razón analiza en forma fulminante... y clasifica
inevitablemente.

Hace años, cuando me di cuenta de que por el ruido que hacían los zapatos de alguien al pararse delante
del escaparate podía saber si tenía decidido comprar algo o simplemente curiosear las revistas, deduje que
los clientes también podrían adivinar muchas cosas sobre mí después de haberme visto tantas mañanas
durante tanto tiempo. Sobre todo las mujeres, antiguas especialistas en observar: esa agudeza que ahora
mal llaman "sensibilidad", porque así dicho me suena a "debilidad", cuando adivinar lo que le pasa a otro es
nada menos que una fuerza, el antiguo poder de los sacerdotes y brujos en general...

Por eso, poco me sorprendió el otro día una cliente ya vieja, encorvada incluso, que se paró y quedó
mirándome fijo sin pedirme nada.

- ¿Que le pasa a Ud.? - me preguntó con cómica seguridad, frunciendo el entrecejo como si me estuviera
retando por algo que hubiera hecho mal.

Y yo, un poco por retrucar y otro poco por la necesidad de contar sin contar, de decir algo sin decirlo, le
contesté que me acababa de enamorar de una mujer que había visto pasar por allí y que sabía que nunca
más la volvería a ver porque era demasiado bella, demasiado perfecta para ese andén pobre de Belgrano.

- ¡¿Tan hermosa era?! - volvió a preguntar con gesto algo incrédulo y burlón.

Y no le contesté; porque quería que esa especie de adivina doméstica continuara hablando, sacando
increíbles conclusiones de tan poca cosa que le había dicho y de tanta que podía ver escrita en los
músculos de mi rostro, en las luces de mis ojos que te habían visto y que seguían buscándote.

- Es difícil que una mujer tan hermosa haga feliz a un hombre - siguió diciendo ella tras un instante largo -
pero, si la cosa es volver a verla, búsquela en las revistas. Allí están las mujeres hermosas - sentenció.

Y así fue que te encontré, Penélope: estabas en las revistas del quiosco.

En esas que nunca leo, que rara vez hojeo incluso porque tengo la sensación de que siempre dicen lo
mismo, las que mucha gente suele despreciar por vanas, superficiales, pero que, sin embargo, me pide para
pasar el rato mirando fotos mientras espera que llegue el tren (al tiempo que yo pienso, entre mí, cuánto
más coherente y civilizado es aquel que admite y paga por esa sed que todos tenemos de curiosear vidas
ajenas).

Revisé ávida y pacientemente fotos grandes y pequeñas en revistas de modas, de cocina, de idiomas, de
actualidad, plantas, diseño, decoración, manualidades, computación, educación, música, espectáculos,
incluso deportes, fútbol, tenis, volley, golf, buceo (las que suelo leer), básquet, automovilismo...

Automovilismo: allí estabas.

Era, creo, una clásica largada de rally; una foto no muy grande pero por suerte muy clara. Con una gran
lupa, que me acompaña desde los once años, te vi en detalle. Un auto de competición y un fondo de taller:
mecánicos y pilotos con trajes vistosos, repletos de logos publicitarios, y vos en medio de ellos y a tu lado
Américo Márquez Caballero, el Presidente de los argentinos...

***

Hice un cuadro con una parte de esa foto.

Es una ampliación, un primer plano algo difuso, pero bello al fin, de tu amado rostro, mezcla notoria de
princesa europea y reina quechua ó guaraní.

El fondo oscuro y sombrío del taller apenas permite distinguir el perfil de la cabeza (con los conocidos
reflejos cobrizos) y deja ver la sensualidad del cuello; una extraña figura de oro, vieja y algo tosca, pende
de él sostenida por una finísima cadena, y los perfectos hombros desnudos que conozco tan bien...

Los ojos, con un maquillaje de suaves reflejos violáceos, brillan algo sanguinolentos. La boca, que parece
ser el centro mismo de tu ausencia, muestra un dibujo cerrado y perfecto de labios levemente apretados,
que fruncen una gruesa carnosidad morada y lustrosa; al tiempo que esconden la sonrisa que nunca vi.
También hay algo europeo pero no sé bien qué es. Tal vez la línea angosta y algo alargada de la cara, de
nariz afilada y ojos cercanos que miran hacia un costado y parecen observar, perdidos en pensamientos,
algún punto elevado y lejano. Los pómulos altos, el carmín sobre la piel morena de las mejillas, la ocasional
vincha roja, acentúan un aire altivo de india en guerra.

Al fin te tengo conmigo, pensé primero tratando de engañarme a mi mismo cuando te contemplé instalada
sobre la pared. Pero no. Hay algo de vos que le falta a esa foto y que (ahora lo sé), nada tiene que ver con
el aspecto esfumado, difuso, que torna irreal o casi sobrenatural la ampliación, sino mas bien con el gesto:
no había visto nunca esa expresión en tu rostro y pasé horas observándolo sin poder determinar qué era lo
que me llamaba la atención.

Finalmente resolví dejar de mirarte y permitir que mi razón procesara la información por los vericuetos y
rutinas de que sólo son capaces sus procesos intuitivos... Y así fue que unos días después, un sábado por la
mañana, en el preciso instante del despertar, o tal vez antes, en esa mezcla lúcida de sueño y vigilia que lo
antecede, una respuesta flotaba en el consciente; una especie de resultado que la mente me dejaba como
un obsequio desinteresado de su trabajo secreto e incansable.

Observé entonces que te faltaba esa tranquilidad, ese aire equilibrado, flemático, imparcial, de las mañanas
de la estación; que yo primero atribuí al sueño pero que luego, cuando te vi más de cerca, supe que no, que
era una condición tuya, una especie de calma chicha de alma despreocupada.

La mujer del cuadro, en cambio, está en medio de una batalla. Tiene en la mirada una especie de anhelo de
venganza, un odio o determinación fría que parece querer ocultar pero que le aflora incontrolable...

¿Otra jugada de mi corazón que casi se había ahogado en celos al verte al lado de ese hombre? Quizá. Pero
el tiempo va decantando los sentimientos y, si se ejercita el análisis, acaba por poner en claro las cosas.

Ese odio (el mío) subterráneo y absurdo, que yo pugnaba por descalificar o ignorar, existía sin duda. Pero
poco a poco pude ir rastreándolo, identificándolo, aislándolo, hasta lograr separarlo, quitarlo de los ojos
para poder verte claramente, como lo hacía cuando te observaba en aquellas mañanas felices y ya lejanas.

Y me quedó una vez más esta seguridad de que algo te ocurre.

Como la bruja que adivinó mi pena, hoy me pregunto qué sentirías en aquel momento; y las hipótesis me
internan cada vez más en la oscuridad: ¿Qué odio hay tan grande que no pueda ocultarse durante el
instantáneo momento de un flash?

Lo he imaginado ya casi todo. Y hasta he soñado incluso con la posibilidad de que sea un nuevo mensaje
en clave. Una especie de llamada, un "May Day" que se emite en medio del mar o del espacio cuando ya
no hay nada que podamos hacer por nosotros mismos, para que alguien lo recoja y venga a socorrernos...
¿Que habrá pensado el capitán del Carpathia cuando recibió el pedido de auxilio del barco mas grande y
moderno del mundo? ¿Habrá vacilado incrédulo como ahora vacilo yo?

Todo esto me parece naturalmente falto de lógica, incoherente. ¿Qué le puede faltar a una mujer que está
al lado de un hombre tan poderoso? Pero por otra parte sé que no voy a soportar contemplar ese rostro
tuyo por mucho tiempo más sin tratar de desentrañar el secreto que encierra. O echarlo a algún fuego de
olvido.

***

No es posible rastrearte por esa especie de amuleto que, en obvio afán de asociarlo al norte de Europa,
imaginé vikingo, escandinavo, pero que es de origen sudamericano, dicen preincaico. Al menos eso me
contó un tipo, un tal Laprida, que es descendiente directo de una familia tradicional de Salta y que suele
comprarme libros y colecciones de historia argentina para buscar en ellos datos de sus ancestros.

- ¡¿Yo le digo cómo encontrar el origen de esa medalla y Ud. me dice cómo encontrar el teléfono de esa
mujer?! - soltó primero sonriendo sin saber que acababa de lanzar al viento una especie de burla
premonitoria.

- Tengo la sensación de que es auténtico, pero seguramente no es de oro puro - peroró después - los
objetos más comunes de metalurgia precolombina suelen estar constituidos por alguna aleación de cobre
que ha sido cubierta luego por un baño de oro o plata. Puede ser el famoso estilo "Chavín", y en ese caso
tendría alrededor de tres mil años y provendría de la ladera Este de los Andes peruanos, o bien de herreros
mochicas, que habitaron la costa del pacífico, cerca del Ecuador, en los primeros siglos de la era cristiana.
Trataban de que el metal brillara como el cielo, porque el oro era para ellos "el sudor del sol", y la plata,
"lágrimas de luna"... y en esto sí puede haber algo de noruego o de finlandés, como Ud. dice, en la
medalla... recuerda las metáforas escandinavas: las Kenningar?

Pero finalmente renunció a identificar el amuleto que, como todo lo tuyo, parece ser único y misterioso.
No, yo no recordaba las "Kenningar" pero di en pensar que el medallón era una especie de metáfora
particular de lo que sos para mí: dorada imagen y alma desconocida.

- Bueno, si es cierto lo del poblamiento de América a través del Polo Norte... Perú y Escandinavia no están
tan alejados - me animé a decir.

- Pero no, mi viejo! - replicó el tipo mirándome como a un insecto - hay asentamientos en la costa de
Ecuador que tienen por lo menos doce milenios. ¡Milenios! Y las Kenningar y los vikingos son de ayer a la
tarde: imágenes del medioevo.

- Pero me inclino más por lo primero - siguió diciendo ante mi prudente silencio - porque, ahora que
recuerdo, vi algo así cuando estuve precisamente en Chavín de Huantar, en Perú: cabezas de ojos cerrados,
cabellera flotante y con sangre que mana del cuello...

***

En la redacción de la revista, después de taparme de datos e informaciones referidas a motores, pilotos,
escuderías y mil otras cuestiones del automovilismo en general y del turismo de carretera en particular (del
cuál se suponía que yo era fanático) y que (ellos estaban seguros) me resultarían de gran interés,
terminaron confesando que no, que no tenían la menor idea de quién era la mujer que había posado en
Balcarce junto al equipo de pilotos y mecánicos del campeón de la categoría TC2000. Sí sabían, en
cambio, quién había sacado esa foto.

- La mina se llama Penélope - me informó orgullosamente una voz de veinte o veinticinco años con ínfulas
de fotógrafo profesional (cuyo celular me habían dado los muchachos de la redacción). Pero después
agregó que tampoco conocía otra cosa de vos. Que fue todo de repente y que había salido corriendo a
buscar la cámara para no perderse la oportunidad de unos pesos extra. Y que Américo Márquez, "el presi"
era "un reo divino", sencillo, les había dado la mano y charlado con todos: "un re titán".

- ¡Mirá, si no, la hembra "de la hostia sacrosanta" que lo acompaña, gurú - concluyó, poniéndome en la
boca el chupete con azúcar para conformarme.

Después insistió en que habías estado solamente de pasada, un poco malhumorada incluso, que no habías
dado bola a nadie y que parecías disgustada de tener que soportar el consabido cortejo cholulo y servil de
todo el mundo que tiene oportunidad de estar cerca de un Presidente.

- La gente se vuelve loca cuando se encuentra con un mono así, ¿Me entendés? El pobre coso no sabe
como hacer para sacarse a todos los que se le quieren colgar. Y la mina encima que lo trataba como si
estuviera haciéndole un favor. Re antipática. Claro: con esa facha. Pero andá a saber de donde la sacó. No,
de una agencia te digo que para mí no es porque las de agencia son unas divinas, están siempre flojitas, son
re cancheras. Además levantan todo lo que encuentran, parlan como un carburador de cuatro bocas. Esa
Penélope, te digo, casi no le vi los dientes. Ahora, igual, loco, estaba para pasarle la lengua siete horas
seguidas.

Seguro, pero habría que ver qué sabe tu lengua de esas cosas ¡pendejo!, pensé algo amargado (pero
divertido al mismo tiempo). Me comí el disgusto y reí un poco para poder preguntar luego si sabía cómo
se te podía ubicar. Y él: no, ni idea.

- Pero mirá, conozco un flaco que sabe todo: Melchor. "Labura" en La Rosada, en la Casa Militar, creo, y
hasta me cuenta que tiene onda con la custodia; entra en Olivos incluso. Yo te doy el fono. Vos después te
mandás por donde quieras.

***

Y me mandé.

Recuerdo que cuando tenía siete años la maestra nos llevó a conocer "la Rosada". Fue una visita guiada
que terminó con una charla en la que se habló de Bernardino Rivadavia y de Domingo F. Sarmiento. En
aquel tiempo otro "Domingo", muy distinto pero igualmente mujeriego que Sarmiento, la ocupaba. Y
seguramente muchos otros mujeriegos, buenos y malos, la siguen y seguirán ocupando pero los domingos
ya no son los de antes para los argentinos...

En un bar cercano a la Plaza de Mayo me encontré, un día de lluvia, con Melchor.

Mezcla de caradura porteño y provinciano piola, tenía mucho del famoso rey mago: en especial de mago,
porque se la pasaba engañando a la gente. Empezando porque su trabajo en Presidencia era escribirle los
discursos a Márquez...

Se apoyó muy suelto en la barra, revolvió complacido el cafecito (gratis) con sonrisa pícara y de entrada
no más largó franeleándome tanto que lo creí homosexual. Pero no, resultó todo lo contrario. De esos que
se anotan con todas. Y justo vengo a pescarlo en el día terrible de los que andan bien surtidos: el de su
cumpleaños.

- No sé que hacer, ¿te das cuenta? - me confesó con clásico desparpajo de gran ciudad, como si me
conociera de toda la vida - lo tenía todo organizado: almuerzo con una, tecito a la tarde con otra y cena
con la número tres... ¡y ahora resulta que mi mujer no sale de viaje! ¡¿Cómo hago?!...

Lo dejé - pacientemente - que se sintiera ídolo. Mejor una buena que tres regulares, pensé despreciándolo.
Y después me acordé que "la buena" que yo conocía estaría quizá en esos momentos con el jefe de aquel
equilibrista. Bueno, no importa, vamos a lo nuestro:

- Mirá, Melchor, ando buscando a una flaca que me parece perfecta para una propaganda gráfica. Una tal
Penélope, que vi en una revista de autos de carrera hace un tiempo y que dicen que anda con Márquez.
¿Sabés algo de ella?

Al tipo se le encendió una luz roja. Paró en seco y quedó luego dudando mientras seguía hablando y
pensaba si me pasaba el dato o se comía el aplazo.

- ¿Propaganda de qué? - preguntó para ganar tiempo.

- Un tecito de hierbas, suave, femenino, y con una imagen bien telúrica...

- ¡¿Suave?! Te digo: esa mina es cualquier cosa menos suave. Pero igual, no tengo la más mínima noción -
mintió. Y me sentí como una de sus amantes.

Me hice el "gil":

- No hay problema - lo calmé - me imaginaba que era muy difícil que lo supieras porque el que me lo dijo
es un gran cacique y hay información de primera que solamente él maneja...

- ¿Vos qué querés saber? - me interrumpió.

- ...cómo hago para ubicarla y charlar dos minutos con ella.

Tuve que soportar que nuevamente me refrescara su importancia: cambió de codo, de cara, guardó los
lentes, sorbió un lado de la nariz.

- De esa nadie sabe nada, flaco - empezó - aparece en las fiestas pero viene sola o la trae él mismo en el
helicóptero. Además pasa poca bola y no siempre... mejor dicho: aporta muy de vez en cuando.

Y después: que no hacía mucho que habías aparecido, que se decía que no eras de aquí y que Olsen, el
piloto del Tango, te había visto con otro tipo que era embajador...

Una cortesana de primera categoría. ¿Eso sos, Penélope? Y yo enamorado como una beba y, encima,
buscándote para nada, para enterarme de que hay un mundo al cual nunca podré acceder; ni siquiera pisar.

El tipo se fue.

Pero antes me dejó picando una idea estúpida. Tan tonta que... no se me había ocurrido. Algo loca, pero
no imposible. Tediosa tal vez, y sin embargo con algún ligero atractivo de aventura modesta, cómoda.

- Hacete "tuerca" - dijo (en joda) al despedirse.

***

Yo ahora siento que soy como un mecánico arreglando todas cosas rotas de esta casita vieja para que mi
niña encuentre todo perfecto cuando ella venga. Pero quince días no pasan nunca! Y yo tampoco puedo
explicar a ella qué es lo que pasa porque no entiende todavía nada. Pero creo que algo presiente... porque
ella está ahora más tranquila y ríe más que cuando nosotros nos conocimos.

Creo también tiene sangre de muchas razas como yo. Yo siento fiebre cuando Polo pregunta a ella quién es
que vino y ella mira fijo y dice "Penéope". Suerte es tan delgada porque después ella pasa tanto tiempo en
mis brazos que casi olvido que tiene piernas!

Ella puede ahora ser contenta con solo rascar una pared despintada con sus pequeñas uñas o persiguiendo
una hoja seca que es arrastrada por el viento. Que hermoso! Y yo paso horas pensando como haré para
que nunca olvide que es posible ser feliz con cosas tan pequeñas.

Yo también le enseño ahora a silbar porque quiero tenga unos labios muy fuertes para besar a hombres
muy buen mozos cuando sea grande. Que loca! Pero es verdad que yo no quiero pajaritos débiles
encerrados en jaulas de oro, yo prefiero tanto dejar que vuelen y tengan unas alas muy fuertes y recorran el
mundo como gaviotas posadas en las velas de barcos de piratas. Yo creo ella va a ser muy distinta de mí
pero no importa porque sólo quiero que sea libre de hacer en su vida lo que ella quiera. (Pero en esto será
igual a su mamá adoptiva!)

Me pregunto como será cuando esté en Holanda y vayamos juntas a patinar en lagos blancos y helados de
Europa. Estará entonces tan sorprendida con el silencio de la nieve y que dos personas pueden conversar a
tanta distancia sin levantar la voz. Ella seguramente también extrañará los gritos de tantos niños en las
plazas de Argentina pero luego poco a poco olvidará. Pero algún día ella volverá a escucharlos en algún
parque de Grecia o de la Turquía y los recordará... y tal vez llore como yo ahora: sin saber porqué.

Pero al otro lado es tan hermoso: uno es tan rico cuando lleva tantas cosas distintas en el alma!

***

Es muy aburrido para mí anotar estas cosas que ocurren: trámites y órdenes burocráticas que no entiendo.
Pero lo hago porque la verdad estoy un poco sorprendida que los empleados del ministerio están ahora tan
preocupados por qué pasa a mi niña cuando ellos antes nunca hicieron algo para ella.

Polo hablome ayer para decir había orden del juzgado a hacer una "evaluación" de estado general de salud
(y psicológico también!) de ella para luego decidir sobre su futuro tratamiento. Y yo pregunté entonces a
él porqué ahora ellos van a ocuparse cuando dentro unos días yo debo ya hacerme cargo. Pero el estuvo
también un poco confundido y su voz... no sé, pero me parece algo que no es bueno está pasando que no
puedo saber. Porque yo fui después a averiguar y nadies quiso atenderme ni sabían nada. Y entonces yo
pregunté si ya la orden había salido al asilo y un empleado nuevo dijo que no sabía nada de una orden y
tampoco pudo encontrar el expediente. Puede alguien ser tan tonto!

Esta noche casi no duermo porque estoy preocupada y además hace tanto calor! Escucho gatos pelear
todo el tiempo y perros ladrar a la luna. Creo esta pequeña casa de suburbios es ideal para sentir
Sudamérica! Hay muy cerca una laguna con muchas ranas que cantan pero ahora callaron porque no va a
llover. Ellas también me parece están muy preocupadas porque la laguna no se seque!

***

Yo estoy más triste que nunca en mi vida porque ahora ellos dicen la orden no puede mandarse porque el
expediente desapareció y no saben nada que pasó. Que horrible! Pero al otro lado creo yo ya sabía que
ésta tenía que pasar porque si Claus dice una cosa... Y también creo, él quizá tuvo ayuda del Señor
Presidente para su venganza!

Pero es tan fácil hacer estas cosas?

Yo ahora estuve también hablando con el señor juez y él dice sin los papeles el no puede hacer nada... El
sabe todo está en orden pero lo que el sabe no importa sino que no hay un papel que dice esto...

Yo quería llorar de rabia pero no quise porque pensé el quizá va a contar esto a Claus alguna vez. Tal vez
cuando él cobre su recompensa! También creo hay una nueva guerra en Argentina porque esto que pasó es
tan grave que algo también muy grave va a pasar por respuesta. Que lástima! Porque yo conté esto a
Azucena y también a Polo y ellos dicen "así es Argentina" y yo no podía creer que ellos decían! Yo creo
esto no es así: seguro hay gente tratando de cambiar esto. Pero quizá ellos son pocos.

Este empleado nuevo es joven y tiene un poco más energía que el resto y quiere ayudarme (si el puede!)...
Nosotros estuvimos ahora charlando mucho por teléfono y él dice va a revisar todos archivos de esa
oficina y así... si encuentra algo yo dije a él nosotros vamos a festejar juntos.

***

Ahora yo hablé con Claus y él estuvo más calmado que antes pero yo no dije a él todo que pasó. El dice
nosotros podemos entendernos. Yo también creo esto es posible pero no sé... Es muy difícil para mi hacer
cosas que yo pienso no deben ser así... Pero también debo pensar en el futuro de esta niñita. El estuvo
también tan simpático que creo es seguro que tiene esos papeles ó sabe algo de ellos. Es todo tan injusto!
Pero la verdad yo ya no estoy segura de nada porque ahora también el señor juez me llamó y él quería que
nosotros nos encontremos para ver qué él puede hacer. Pero yo creo, él quiere algo de mí. Quizá sea todo
fácil si voy a verlo y hago un poco de juego de seducción pero yo no quiero saber después que él también
tuvo lo que buscaba y los papeles siguen sin aparecer! Estoy tan insegura y también tan llena de odio!

Creo Claus habló con el Señor Presidente porque ahora él me llamó por su secretaria y dijo quiere que
nosotros nos encontremos a "conversar". Sabrá este "Márquez Caballero" el origen de la palabra
"nobleza"?

***

Este joven empleado díjome que los papeles no están por ninguna parte en la oficina y que tampoco el
señor juez los tiene en su escritorio. El estuvo muy cortés conmigo y hoy no puedo escribir nada malo de
argentinos. Esta noche llueve tan fuerte que el agua casi llega a mi puerta. Seguro las ranas están muy
contentas porque cantan tan fuerte, pero yo no. Mi alma es tan triste como este barrio de calles oscuras y
sucias. Ah! Yo puedo decir que estoy tan amargada.

***

Yo estuve con Claus y conté todo que pasó. Creo no había más forma de continuar. Pero él dice no hay
problema si yo sólo trato de entenderme con el Señor Presidente. Es todo tan fácil para un hombre sin
moral! Pero no sé... tal vez el tiene razón y yo puedo lograr un acuerdo con ellos que todos podemos
cumplir.

Hoy ya llovió para una semana entera sobre Buenos Aires y yo pasé muchas horas escuchando caer el agua
en los techos y pensando qué debo hacer. Creo hay tres caminos. A un lado abandonar todo y salvar mis
principios, al otro venderme y salvar a la niña y en tercer lugar la guerra, que seguramente perderé.

La vida sigue en todas partes como si nada de esto está pasando y las ranas cantan en la laguna porque por
suerte llovió antes que ellas mueran de sed...
***

Yo sé ahora este expediente está en manos de Claus. Porque este joven me llamó ayer. El estaba tan
asustado y habló desde un... otro teléfono. Que barbaridad! Pero la verdad es que no comprendo porqué él
estaba así porque luego dijo todo el mundo sabe qué pasó a estos papeles porque fue el señor juez que los
pidió y luego nadie los vio más y él estuvo burlándose y hablando mal español como los extranjeros y
riéndose con otro tipo que es un político y dijeron va a haber un festejo para todos que pagarán los
holandeses y también preguntó cuántos dólares es un Florín. Es terrible!

Pero al otro lado esto es lo que faltábame para decidir que hacer. Entonces yo hablé a Claus y después fui
a verlo y le dije simplemente yo haré todo que el Señor Presidente quiera.

Pero pienso que él no creyó lo que yo le dije porque me miró mucho en los ojos... El seguro piensa yo soy
muy dura como él y no voy a perder fácilmente! Yo creo sin embargo él no tuvo otro camino que creer
que yo le dije porque está tan interesado en que el Señor Presidente firme esos contratos... Nosotros
acordamos entonces habrá un tiempo de nuevas relaciones con el Presidente y si todo termina bien él
arreglará todos papeles para mí y la niña.

Yo entonces supe había empezado un juego muy peligroso y difícil para mí y quise asegurarme de que
Claus está de mi lado por eso me arrodillé y comencé a besarlo entre sus piernas. El trató un poco de
aguantar para que yo piense que puede resistir pero luego no pudo más y yo hice con él lo que quise. Fue
tan hermoso!

Después cuando él dormitaba a mi lado pensé hacer como la mujer que cortó la cabeza a Nabucodonosor
(Judith?) pero no... No soy tan loca! Además estoy segura él me observaba cada movimiento porque no
pudo creer que yo ya olvidé todo.

Yo también dije luego que quiero continuar con clases a Stefan porque ya no tengo más dinero. Y así...
todo está aparentemente como antes pero no: hay ahora una guerra más.

Y no hay ley en las guerras.

***

Claus dijo ahora él dará un gran fiesta para que yo encuentre al Señor Presidente y pueda mostrar que
cambié un poco mi forma de ver. Es exacto lo que yo quiero porque a un lado voy a enfrentarme
nuevamente con ese hombre y mostrarle de qué soy capaz y al otro lado será un muy buena oportunidad
para andar por toda la casa y buscar esos papeles que desaparecieron. Yo tal vez tengo suerte!

Porque ahora que estuve en el despacho de Claus yo estuve mirando un poco pero con mucho cuidado
porque él siempre está muy atento a todo que hago y vi que no hay nada. Quizá estén en la caja de
seguridad.

También Stefan está un poco raro conmigo pero creo es porque él piensa que yo no lo quiero porque me
fui y no tuvo más clases. Pero yo creo puedo engañarlo un poco y con paciencia las cosas van a estar muy
bien como antes entre nosotros. Es un chico tan inteligente como su padre! Sólo Natalia es un poco más
difícil, pero creo ella creyó finalmente toda esta historia que yo conté sobre que me enamoré tanto de un
argentino que me fui con él a vivir. Suerte yo pude mostrar a ella las cartas de este hombre de la estación y
ella rió mucho leyendo "todas estas lindas pavadas" (ella dijo) y luego también cuando dije que lo dejé
porque me cansé de romanticismo ella dijo no era más un "enamorado de las vías" como yo lo llamo sino
un "enamorado en la vía". Pero no entendí bien porqué. Ella está además muy contenta porque el Señor
Presidente va a venir a su casa el próximo sábado y sólo piensa qué ella puede vestir para estar mas
hermosa y poder luego verse en las revistas porque seguro va a haber muchos periodistas tomando fotos.

***

Yo ahora conté a Azucena que voy a hacer algo en esta fiesta y ella cree yo estoy loca "de remate". Y yo
expliqué a ella justamente es lo contrario: yo no estoy para el que mejor pague para mí. Además en todas
las luchas hay un fuerte y un débil (como en el "hnefatafl") y el mundo es así... y creo no es tonto pensar
como Ulises que voy a emborrachar al Cíclope y luego voy a dejarlo ciego... Pero ella rió de mí y dijo no
soy Ulises sino Penélope y todo esto es sólo un lindo cuento de utopías como los que me escribía mi
príncipe de las vías... (Creo escribí un verso en español!).

Mi abuelo decía "no existe una sociedad sin romanticismo" porque para una sociedad se necesitan
principios y para unos principios se necesitan héroes y no hay héroes sin romanticismo! Y muchas veces
me he preguntado cuál es la relación entre el significado original de esta palabra y su uso vulgar, que la
relaciona tan directamente con el amor entre un hombre y una mujer.

Mi abuelo trabajó para los argentinos en la selvas del Chaco y casi lo mata una araña capulina pero él
mismo cortó su dedo con el machete. Y él siempre fue muy contento y no fue un rico pero sí muy feliz y
orgulloso en Holanda.

Pero quizá muchos no creen en estas cosas.

Es cierto que ahora dudo un poco y muchas veces pienso tal vez lo mejor es que sea como los argentinos
que miran para otro lado. Pero al otro lado es un juego muy primitivo, aburrido y sin reglas (también como
el "hnefatafl"!) y no sé... siento que vender la dignidad es un poco como dar el alma a un precio muy bajo.
Para que después vivir? Y al otro lado creo un solo acto honrado y valiente basta para una vida mas feliz.
Pero la verdad es que estoy cada vez más confundida porque todo el mundo aquí piensa que las cosas son
así y se puede vivir igual en medio de una confusión ética. Es esto realmente así? Claus me contó que el
mismo Presidente fue en auto por la ruta a doscientos cincuenta kilómetros por hora y nadie le hizo una
multa! Estaba tan divertido, él dice que en estos pantanos sólo hay patos asustados...

O quizá ellos olvidaron la felicidad que siente una persona con ser digna? Pero no. Yo en realidad no dudo.
O sí, yo dudo pero luego cuando veo a mi niña dejo de dudar y siento que la sangre en las venas me corre
como un torrente de lava. Que curioso! Una mirada inocente puede encender tanta furia!

Y también es muy notable que una mirada (nada inocente!) de aquellas de la estación quizá haya encendido
un amor...

***

No me hice "tuerca".

Pero empecé a seguir las actividades automovilísticas a través de las revistas especializadas y de vez en
cuando asistir a algún evento importante con la esperanza de volver a verte. Me vino justo un gorro con
visera y logotipo de fantasía que regalaban en la promoción de una revista... Con eso y una cámara de
fotos en bandolera entro fácilmente a los boxes y charlo irrestrictamente con los variados ejemplares de la
fauna relevante del ambiente: mecánicos, publicistas, promotores, organizadores, dueños de autos, pilotos,
cronometristas, guardias, custodia, banderas, etc. Más aún cuando, luego de un tiempo, he comenzado a
dominar el vocabulario básico del tema: categorías, pilotos, marcas, puntuaciones, tabla de posiciones,
promedios, tiempos, récords, campeones, sub campeones, últimos, anteúltimos...; curiosamente en estas
charlas rara vez se llega a los temas de fondo, como la seducción del vértigo, la búsqueda de ese momento
extrañamente sublime en que se supera a otro auto, ese instante de vanagloria que para muchos vale más
que el largo resto de la vida que ponen en riesgo...

Pero de vos: ni los rastros.

También, aburrido hasta el bostezo, paseo entre el público que, más pacífico y civilizado, rodea las pistas
disfrutando del sol y del aire, de esa calma inmensa de la pampa infinita, mientras escucho el constante
bramar de los motores al límite de su potencia, acelerando y metiendo reducciones, allá al fondo, tras la
cortina de vehículos y espectadores. Trato de comprenderlos, imaginando aquellas primeras décadas del
siglo veinte en que el mundo, deslumbrado por la técnica, miraba atónito al nuevo fenómeno de la
velocidad.

Hay, sin embargo, un cierto encanto en esas caravanas de camiones y camionetas que siguen a los pilotos y
sus autos. Gente de los pueblos chicos que sabe del placer de la vida simple, tranquila, de sentarse a cielo
abierto a tomar mate o preparar una comida improvisada bajo los árboles.

Cuando tenía cinco o siete años un amigo arrastró a mi padre a las quinientas millas de Rafaela. Durante
todo el día vi pasar y dar vueltas siempre en primera posición al que inmediatamente adopté como mi
favorito: un coche bajo y rojo. Pero cuando volvimos a casa escuché que el ganador había sido otro: el
"mío" había hecho un trompo (¿qué sería eso?) justo en la última vuelta. Todo el mundo lo comentaba, y
yo sentí una incomprensible vergüenza. Como esta que siento ahora cuando vuelvo de las pistas sin haber
podido encontrarte.

Pero el domingo pasado ocurrió algo que quizá sea el principio del fin de esta búsqueda.

Fue en el curso de una conversación ocasional que sostuve con un hombre que dijo ser piloto mientras
ambos, al borde del circuito, contemplábamos los autos dando vueltas. No recuerdo cómo llegamos al
tema de la fórmula uno y, de paso, comentó que su destino se parecía al del austríaco Niki Lauda, pero no
entendí bien porqué lo decía, hasta que, más adelante, explicó que el campeón había devenido propietario
de una línea aerocomercial. Entonces caí en la cuenta de que el tipo era piloto pero (ahora) de aviones, lo
cual era más comprensible porque ya no tenía edad para el automovilismo deportivo.

Anudé entonces una observación que nos llevó al avión de la presidencia, el Tango 01, y dijo que sí, que lo
había piloteado, no ése sino otro del mismo modelo: Boing 757.

- A este lo compraron porque, no sé si recuerda, hubo una serie de accidentes en los otros aviones: el
anterior Tango 01, que era un Fokker F-28, cayó seiscientos metros por una falla en una turbina a
principios de 1991 cuando salía de Nueva York, y después rompió un ventanilla y se despresurizó en un
viaje a Malasia. Las dos veces con Américo Márquez a bordo... Lo mismo le pasó al Tango 02 en un viaje
a Chubut. Después, el Tango 04 rompió un amortiguador aterrizando en Tartagal. Ahí casi se mata Alberto
Mazza, el ministro de Salud... Ultimamente, el Tango 02 tuvo que volver a Ezeiza en emergencia de un
viaje al Paraguay...

- Al actual Tango, el "Malvinas Argentinas", también lo conozco porque soy amigo de la infancia de uno
de los navegantes - dijo sin darle mayor importancia al asunto. Pero luego, cuando vio que el tema me
interesaba, se explayó un poco más y no pareció sorprenderse cuando le manifesté mi deseo de visitarlo.

- Me gustaría ver el famoso dormitorio con cama de dos plazas que le instalaron a bordo - agregué algo
torpemente, tratando de justificar mi interés.

- Mire, en los diarios sale cuando Márquez está de gira: Ud. se va al aeropuerto y pide hablar con Pedro
Sáenz, de mi parte. Es un tipo bárbaro; si puede se lo deja ver en el momento, y si no, arreglan para otra
ocasión. Ahora casualmente están de viaje, el Tango salía hoy para Nueva Zelanda, creo. Vaya a esperarlo
cuando vuelva...

Y me volví rumiando una extraña sensación. Que tenía algo de triunfo casual, inmerecido quizá, y también
de suave emoción al intuir que acaso finalmente volveré a transitar tus caminos...

***

Contaré ahora esta fiesta con muchos detalles porque es (fue) realmente muy interesante!

Creo que aún cuando sea muy vieja recordaré este río oscuro y a la vez brillante a la luz de las estrellas que
se ve desde las galerías de atrás de la casa que estuvo iluminada como un verdadero palacio para una gran
fiesta con tres orquestas de música de jazz, de tango y clásica. Y también unos hombres muy simpáticos
disfrazados de "gauchos" que cantaron canciones de lo que ellos llaman "folklore" (que es una palabra del
romanticismo alemán del siglo XIX que significa "el saber del pueblo"). Qué interesante porque
generalmente el pueblo ignora tantas cosas que ocurren pero conoce otras quizá mas importantes! Pero yo
dije a ellos que sería quizá mejor otra palabra también muy romántica: "folkgeist" que es "espíritu del
pueblo". Ellos también me contaron que su nombre ("Los Chalchaleros") son pájaros que hay en todas
partes de Argentina porque son en realidad "zorzales" ó también "rey del bosque" y un viejo muy gracioso
(músico también) que estaba en ese momento con nosotros dijo es un canto muy desafinado (el de este
pájaro, claro) y así reímos todos mucho...

El Señor Presidente quiso (o tal vez estuvo obligado) de llegar último porque aquí no es como en Holanda
que se siente un orgullo en respetar la hora convenida sino que en general todos creen que es más
honorable llegar después que otros. Es muy curioso! El aterrizó su helicóptero en los jardines de la casa y
saludó a todos con mucha simpatía como corresponde a un verdadero Presidente, aunque naturalmente no
olvidó hacer que todo esto parezca lo más natural para él. Y yo vi en seguida sus ojos buscáronme entre
todos los invitados y luego seguro pensó es suerte que yo estaba en esta fiesta. Pero quizá nunca sepamos
si esto es para él (y para mí!) buena o mala suerte!

Me resulta muy cómico cómo muchos argentinos de clases altas tratan de mostrar en reuniones que ellos
no son como otras gentes de su país sino como los europeos, pero yo creo ellos no saben realmente qué es
ser "europeo"... Ellos también imitan mucho el sarcasmo de los americanos del norte y es una lástima
porque yo adoro a las personas que no están tratando de mostrar permanentemente su inteligencia y su
frialdad. Pero las gentes comunes de aquí no hacen esto y es una cosa que amo de este país.

Yo tuve que hablar mucho rato con un señor argentino muy culto que se sorprendió mucho al saber que no
soy argentina sino holandesa porque, dijo, yo parezco Anahí: una cacique de los indios guaraníes que
murió quemada en una hoguera. Y también que la flor roja del ceibo que yo he visto en las costas de los
ríos del delta es como un recuerdo de esta leyenda y parece mucho a mi piel en las mejillas. Y rió cuando le
dije que yo no solamente parezco sino también hablo como una "Anahí". Pero la verdad es que no me
sorprende lo que dijo porque ya muchas veces me dijeron que mi cara maquillada de rojo parece la de una
india sin plumas. Y me hizo preguntas muy difíciles sobre germanística porque dijo los alemanes y
holandeses son grandes filólogos como Nitzche y Schopenhauer pero creo la única cosa que pudo saber de
mí es que no puedo todavía entender cosas muy complicadas en su español! El hacía además tanto
esfuerzo por aceptar mis explicaciones y todo le parecía tan bueno como yo le decía y reía de cualquier
cosa que yo estaba al final muy incómoda y pensé este tipo sólo quiere dormir conmigo. Que tontería!

Y así estábamos hablando cuando fui el centro de atención de muchos porque el Señor Presidente se
acercó a nosotros y dijo firmemente la mujer más hermosa de esa fiesta era una especie de rara princesa
que tanto podría sentarse al lado de Erik "Hacha Sangrienta" o Haroldo "Cabellos Hermosos" como del
mismísimo Pachacutec y todos reímos y así... fue fácil para nosotros volver a mirarnos a los ojos. Esto es
siempre así con los experimentados hombres políticos, ellos saben muy bien dirigir su cortesía a las gentes
para subyugar, pero también es algo que nosotras mujeres sabemos hacer muy bien... Yo contesté que
gracias Presidente pero yo no la quiero sentada sino que la prefiero bien parada! Y muchos de la rueda que
no sabían qué pasaba rieron a morir porque parecía una broma inocente o una muy atrevida "joda"... Pero
él entonces también rió mucho y creo vio que ahora las cosas eran muy diferentes para nosotros y sus ojos
brillaron como un relámpago! Y yo debí entonces hacer un esfuerzo para no olvidar que él es el hombre
que quiere usar dinero de pobres para comprarme como a una esclava porque sus ojos son a veces tan
seductores!

El después dijo, yo debo entender que la América es "mágica" y las cosas son aquí muy diferentes que en
Europa. Existe, dijo, otra armonía; mucho más antigua y profunda... Los hombres de aquí llevamos el
"estigma" de la bondad y este continente era un paraíso de la paz cuando los colonizadores llegaron. Y
también dijo, existía un socialismo perfecto, una sociedad ordenada y feliz regida sólo por tradiciones
milenarias... Los indios, "tus antepasados y también los míos, Penélope", pedían permiso al río para
cruzarlo... "Paraná" significa "Padre Río", y denota justamente ese respeto... y es por eso que fuimos
esclavizados y aún ahora seguimos siendo dominados por las sociedades más avanzadas que no conocen la
bondad y el amor verdaderos...

Y yo pensé esa es una linda cuento inventado en Europa por románticos cansados del orden y del
racionalismo. Pero la verdad es que América era una sociedad tres o cinco mil años atrasada en donde
brujos apuñalaban y sacaban el corazón a las víctimas delante de todos y Bernal Díaz dice que los víctimas
eran doscientos mil por año y el olor a carne podrida en los santuarios era insoportable y los soldados
españoles (que no eran "bebés") desmayaban al ver los sacerdotes aztecas embadurnados de sangre. Había
pueblos tiranizados por otros que conquistaban territorio y vivían de ellos igual que en todos otros lugares
del mundo: igual que los árabes esclavizaron a los negros mucho más que los ingleses y españoles porque
era mas fácil llevarlos por tierra en caravanas de miles a los mercados del norte de Africa, como reyezuelos
negros esclavizaron a los propios negros, los vendieron a los buques y protestaron a Inglaterra cuando este
comercio terminó, como los blancos esclavizaron a los blancos muchas veces, incluso mis antepasados
vikingos, y como también mis antepasados indios esclavizaron y comieron a otros indios y a los negros y
también a los blancos (cuando pudieron!). Y no soy por una visión maniquea sino más bien dialéctica, pero
plantas invasoras y plagas siempre hubo en todas partes y para separarlas hay que trabajar mucho y ser
muy valiente...

Pero yo pude contenerme y no contestar a ese hombre que habla de bondad y después vive en el lujo
rodeado de pobres. Yo en cambio dije Señor Presidente yo creo como Ud. que nosotros estamos en
América y debemos finalmente hablar de amor... El entonces mostró su sonrisa que es como un arma
terrible para un político y yo entonces desenfundé la mía como si fuera el florete de D'Artagnan o la lanza
de Ivanhoe y ambos reímos juntos con locas carcajadas pero por razones tan distintas!

El entonces dijo "Penélope vos y yo podemos hacer el "super amor" entre los continentes y las
civilizaciones", pero yo contesté Señor Presidente entre los continentes hay mucha agua y nosotros para
hacer el "super amor" en el agua necesitamos un "super barco"... Y él estaba tan loco de alegría que yo
pensé ahora va a querer que yo vaya en el helicóptero esta misma noche... Pero entonces dije, Señor
Presidente vos debes cambiar el nombre de tu barco y llamarlo "Itaca" en honor mío y allí voy a esperarte
un día. Y esto fue como el principio de nuestro futuro acuerdo porque entonces el dijo mirando muy
profundo a mis ojos "Yo cambiaré el nombre de mi barco y el mismo día que vuelva de Nueva Zelanda
iremos a estrenarlo juntos, Penélope".

Y yo pensé que quizá esta noche misma destejo esta tela. Pero pude contener mi lengua y sólo sonreí...

En los baños había gran alboroto de mujeres retocando maquillajes para poder salir perfectas a las fotos!
Yo pensé mi "enamorado de las vías" va a poder verme esta semana después de mucho tiempo porque
seguro yo saldré en muchas revistas que él vende. Pero tal vez él no lee estas tonterías... Y al otro lado si
él me ve al lado del Señor Presidente seguramente va a sufrir pensando que yo soy de un mundo tan
diferente y esto no es así... o quizá sí lo es, pero no en la forma que él va a creer.

Cuando más tarde yo vi al Señor Presidente hablando con Claus supe que era un momento bueno para
tratar de entrar al escritorio y yo dejé hablando solo a un señor noruego que conocía a mi padre y corrí por
el pasillo que va a los dormitorios y encontré que todos estaban ocupados con parejas... Que cómico! Abrí
muy rápido la puerta con la llave que tenía escondida bajo el vestido y pasé directamente al pasaje secreto
donde sé hay muchos papeles. Entonces encontré todas las carpetas tenían un polvo blanco y mis manos
pronto dejaron tantas marcas allí que yo supe esto es una broma de Claus!

El estaba un poco borracho cuando volvimos a vernos en la galería que da al río y el helicóptero se había
ya ido. Había una brisa tibia que traía el perfume de aguas barrosas y en el camino de la luna sobre el agua
se podía ver las pequeñas olas como danzando una música sin compás. (Yo ahora escribo parecido a
Juan!)

Claus tomó mi mano y pasó su lengua por la punta de los dedos. Dijo esto parece polvo pero es en
realidad harina de trigo de muy buena marca y también sus ojos brillaban cuando preguntó si yo sé a qué
cosa llaman "polvo" los argentinos... Pero yo sólo callé y luego dije esta noche puedes chupar lo que
quieras pero otra no, porque voy a estar con otro dueño. El rió para mostrar que esto no es importante
para él pero sé en el fondo se dolía un poco tener que dar su amante a otro hombre. Es curioso que el sexo
es tan fuerte cuando hay otras pasiones como la ira o los celos... así yo sólo tuve que mostrar un poco de
excitación para que él me tome y me lleve a empujones al escritorio diciendo que ahora yo voy a encontrar
algo que busco en esta habitación!

Y él tuvo razón!

Porque después yo dije “tu quitas siempre mis sandalias pero yo también quiero quitar tus zapatos” y así
yo me arrodillé a sus pies y deshice lentamente los nudos de sus cordones y los quité despacio y pude hacer
que él se tienda en el suelo y comenzar a golpearlo suave por donde yo sé que él no puede resistir. Y
mientras apartaba mi pelo y pasaba por mi espalda su garra de gigante comenzó a roncar como un león y la
mano se cerró en mi cuello como una tenaza de hierro y sus ojos al fin se cerraron...

Y entonces yo pude ver que Stefan tiene razón que él escribe siempre secretos en la suela de sus zapatos!
Ocho números había allí muy claros, y tal vez son los que abren la caja de seguridad! Y yo fijé esos ocho
números en mi memoria todo el tiempo cuando me revolcaba con él hasta volverlo loco. Y tuve que hacer
tal esfuerzo con mi cabeza para no olvidarlos cuando sentí que me penetraba... Yo casi los pierdo cuando
alcancé mi orgasmo pero después caminé casi tambaleando hasta el baño y allí los pude anotar (pero no en
mis sandalias donde él pueda verlos!).

Cuando volvimos al salón los gauchos cantaban con mucho orgullo canciones de este país. Las guitarras
sonaban con armonía simple pero hermosa y las voces querían imitar los gritos de hombres duros de otras
épocas arreando vacas por las pampas sin fin.

Y yo pensé esto es Argentina: unas gentes tan buenas y nobles, y nadie que las defienda!


(Fin del diario de Penélope...)

***

Américo Márquez volvió de Nueva Zelanda un jueves de principios de abril de 1998. Una noche todavía
calurosa, pegajosa... Y entonces volvimos a encontrarnos.

Como imaginarás, seguí con atención esa gira que, por otra parte, fue muy comentada por diversas
razones. En primer lugar porque el avión presidencial casi se accidenta al llegar a Wellington (NZ): fue
azotado por fuertes vientos que lo sacudieron "como un barrilete" durante el aterrizaje. Cuando ya se
encontraba sobrevolando la pista una ráfaga lo sacó de curso y lo inclinó. También se explicaba que el
riesgo había sido muy serio; las alarmas advirtieron al piloto que el aterrizaje era imposible y debió forzar
los motores para retomar altura. Fue desviado finalmente a Auckland (NZ), en la otra isla.

Pero eso no fue todo. Durante los momentos de zozobra, Márquez trató de calmar a sus acompañantes.
"Tranquilos, no temáis - dijo citando a Julio César - estáis con César y su estrella..." Esto produjo gran
alboroto aquí; los medios tuvieron mucho material y hubo profusión de notas... Pero, aunque leí
detenidamente todas las que encontré, no pude advertir ninguna señal de que hubieras estado a bordo...

Ansioso, llegué al Aeropuerto mucho antes de la hora prevista para el arribo que, por otra parte, tenía
demora. En una recepción destinada a pasajeros especiales, un empleado me sugirió que aguardara afuera,
en el salón principal... Pero luego, al invocar el nombre del piloto, las cosas cambiaron radicalmente: me
informó que el Tango ya se hallaba "en zona de contacto" y pronto sería posible hacer un llamado
telefónico.

- Le aviso ni bien tenga a Pedro en línea - terminó diciendo con inesperada y algo excesiva cortesía y luego
me acompañó hasta la entrada de la sala destinada al periodismo, en donde la custodia me dejó pasar sin
objeciones.

El lugar estaba aún perfectamente desierto.

Sentado cómodamente, traté de ocupar el tiempo en entender los vericuetos de la complicada geografía de
puertas, corredores y salones destinados a ordenar los movimientos de la gente importante, su séquito y,
naturalmente, el periodismo.

Había tabiques de vidrio, alfombra y butacas por todas partes. A mi derecha, la pista de aterrizaje mostraba
los ordenados movimientos usuales; luces fijas y móviles se divisaban en la noche con esa mezcla de
fuerza, técnica y excitación de la aviación. Camiones con combustible, tractores remolcando equipajes,
transportes de pasajeros, se movían en una apariencia ordenada y silenciosa: el silbido agudo y constante
de las turbinas de las grandes máquinas en espera, y los gruesos cristales, ocultaban todo otro rumor.
Atrás, un bramido tardío, desfasado, registraba de tanto en tanto, partidas y nuevos arribos.

Contiguo, el salón "vip" se podía observar a través de paneles transparentes que, tal vez por razones de
seguridad, parecían tener un espesor extra. Mas lejos se veía una puerta de acceso a lo que era - decía un
cartel - la sala de conferencias y otra, mas cercana, conducía directamente a la pista.

Un hombre de gruesas gafas entró ampulosamente sin siquiera mirar a los guardias, que tampoco le
prestaron atención; se instaló a escribir en una computadora portátil sin prestar la menor atención a lo que
le rodeaba. Pocos minutos después el empleado de la recepción volvió a acercarse tendiéndome un celular.

- Pedro - dijo simplemente. Y acto seguido me encontré hablando con él, a bordo del Tango 01, que (me
informó) estaba ya en vuelo de aproximación sobre el Río de la Plata.

- Sí, viejo, con todo gusto, pero tenés que esperar que el "Jefe" se vaya, ¿entendés?... - me adelantó.

- El, ni bien llega, aborda el helicóptero y desaparece - agregó - ni siquiera pasa por donde vos estás...
¿Supongo que estás en sala de prensa?... Bueno: cuando se haya ido, te busco y así echás un vistazo...
Después me voy enseguida, porque tenemos unas cuantas horas encima ¿sabes? Pero no, no hay problema:
si sos amigo de Enrique... ¡¿Te veo en un rato?! ¡Chau!

- ¡Chau! - contesté tratando de que no se notara mi decepción.

Quedaba claro que, en caso de que estuvieras abordo, tampoco podría acercarme a vos: caminarías
directamente hacia el otro lado, en donde se hallaba ya estacionado, con el motor en marcha y las enormes
aspas curvándose quietas hacia abajo, el que - supuse - sería el helicóptero en cuestión.

Pronto comenzó un movimiento de gente que fue adquiriendo intensidad a medida que pasaban los
minutos. El salón central se llenó de curiosos que la policía de Fuerza Aérea apenas podía contener: gente
de toda clase, algunos solos y otros en grupos, con jefes, con carteles incluso. Y entre ellos debían abrirse
paso los periodistas para acceder a donde me hallaba disfrutando de un espectáculo nuevo, pero algo
inquieto por el alboroto que crecía por momentos; atónito ante la barbarie populachera del sub mundo de
la política que nunca me deja de parecer algo irracional y arbitraria.

La sala, en tanto, se había atestado de cámaras, filmadoras, micrófonos, grabadoras, lámparas, reflectores y
cables. Las informaciones más elementales adquirían inusual importancia y corrían de boca en boca
atravesando el ambiente como gritos de alerta: ¿hay conferencia?, ¡no, no hay!, ¡baja!, ¡no, parece que no
baja!, ¿llega y se va?, ¡¿por donde va a pasar?!, ¿por cuál puerta entra?... Ninguna información parecía ser
segura, nadie daba nada por cierto, los celulares sonaban continuamente y los reflectores y cámaras se
encendían y se apagaban haciendo las notas previas. El gordo de la portátil, agitado, transpiraba
descontroladamente dentro de su traje azul. Afuera, el murmullo seguía en aumento, se escuchaban,
incluso, algunos cánticos.

Y entonces, en el momento en que pareció que la agitación general saldría fuera de cauce, el Tango 01
pasó sin el menor ruido, flaps desplegados, spoilers hacia arriba, y desapareció, veloz, hacia el fin del
asfalto que un instante después vibró con el fragor de las turbinas en reversa. Y, mezclado entre tantos, lo
contemplé sin pensar en otra cosa que en vos; tratando de adivinarte en alguna ventanilla; imaginando los
próximos minutos; recordando involuntariamente tantos otros momentos de indescriptible ansiedad que
había pasado en aeropuertos, que parecen santuarios en donde se viven milagros de amor, inolvidables
reencuentros de la vida, porque los aviones parecen llegar de otros planetas, incluso de otras dimensiones,
de lugares muy lejanos, no sólo en el espacio, sino también en el tiempo.

***

Después, la máquina hace la maniobra para estacionarse en el centro del playón vecino al espigón.

Se desplaza morosa, cansina, hacia donde estamos esperando con impaciencia. Comienzan los apretones y
los empujones. Se escuchan cánticos a nuestras espaldas. El salón "vip", también atestado de gente, parece
apenas un poco más tranquilo. Reconozco alguna que otra cara de políticos, me parecen todas iguales, una
especie de museo de cera a la luz blanca de los tubos de neón. El avión llega al medio de la explanada y es
rodeado inmediatamente por vehículos pequeños y dos grandes escaleras rodantes se aproximan a las
puertas. ¿Estarás a bordo? ¿Saldrás por la puerta de adelante ó por la de atrás? Al fondo, el helicóptero ha
puesto ya la hélice en movimiento. Gira adquiriendo velocidad y los aullidos del metal se mezclan en el aire
con los de las turbinas del avión.

La puerta de adelante se ha abierto pero nadie aparece todavía. Una comitiva de recepción se dirige al
encuentro.

Gritos e informaciones surcan el aire de la sala:

- ¡Se va directamente! - se escucha decir como si fuera una advertencia - ¡No hay conferencia!

- ¡Aire, por favor, necesito aire inmediatamente! - Dice una mujer cercana que lleva unos enormes
auriculares y mira fijamente la puerta entreabierta del Tango mientras aprieta con ambas manos un
micrófono.

Yo también lo necesito, pienso mientras siento la presión del gentío que me aplasta contra el panel de
vidrio que da a la pista.

Finalmente Américo Márquez aparece escoltado por dos o tres personas. Se para, sonriente, en el
descanso superior de la escalerilla y levanta la mano; saluda a una multitud que se halla en otro lado; recién
entonces me doy cuenta de que las terrazas están también repletas de gente. Se escucha un cántico simple,
casi infantil, coreado sólidamente por cientos de voces y acompañado por bombo y redoblante. Luego
comienza a bajar, seguido por otros que van apareciendo detrás de él.

Vanamente te busco. Trajes militares, cabezas brillantes a la luz de los focos del aeropuerto que dan al
sector una claridad casi diurna; hay también mujeres con uniforme de azafata y otras que desconozco...
Los apretones arrecian; de pronto me veo separado del ventanal y empujado hacia atrás; quedo al borde de
una multitud que pugna por filmar algo, aunque sea ese paso furtivo, ese grupo en cuyo centro se desplaza
el hombre casi mítico que nos gobierna: con un traje azul impecable, una corbata roja, el paso digno,
ceremonioso y suelto a la vez, y, siempre desplegada como un arma mortal, la sonrisa perfecta, mezcla
exacta de agradecido reconocimiento, de afecto y de segura fuerza.

Y entonces te veo en el salón "vip".

Estás, como tantas otras veces, sentada sola; con un enorme bolso de viaje a tu lado y unas ropas
deportivas que me resultan algo extrañas; pero el pelo largo que cae hacia adelante en una trenza floja y la
piel oscura a la luz de los tubos me recuerdan la imagen de la estación. La gente parece haberte dejado
olvidada en una butaca y se aprieta contra los ventanales y se amontona en la puerta de acceso a la pista.
Pero nada de eso parece importarte. Tenés la vista fija en el piso y una expresión abstraída.

Y tu hermosura vuelve a apabullarme.

Absurdamente, me siento de repente avergonzado. ¿Me reconocerás? ¿Puede alguien acordarse del
diariero de la estación de trenes cuando lo ve inesperadamente en la sala de periodistas de una terminal
aérea? ¿Podrás ubicarme en medio de este alboroto? Y si así fuera, si alcanzaras a recordarme, ¿de que
podrá servir? Estamos separados como lo estuvimos siempre: allá en la estación por las vías, y aquí por un
vidrio que apenas dejaría pasar algún sonido; y en un instante te veré ir, desaparecer nuevamente, porque
ya tus manos han comenzado a buscar las manijas del bolso y a poner en bandolera la cartera, y tu mirada
se dirige en dirección del helicóptero.

¡Como quisiera romper este hielo que me deja inmóvil en mis zapatos y ese muro que nos separa y
acercarme y decirte (al menos) "Hola, Penélope." Y en cambio me ahogo entre tantas cosas que siento y
que nunca podré expresar.

Entonces, como otras veces, nuestros ojos se encuentran. Y para ellos, para la velocidad de luz, no hay
tiempo que sea poco...

Y luego todo sigue según la costumbre; nuestra costumbre. Te incorporás dándome la espalda y caminás
hacia la salida a la pista; tan lentamente que parece que te detendrás...

Y así ocurre: te detenés.

Quizá estés esperando que la gente avance delante tuyo, pero no: tu rostro gira a un lado, como buscando
algo que se ha caído atrás; después tu cuerpo se vuelve y la mirada asciende despacio hasta enfocarme
como un reflector; y entonces suceden esos segundos con los que tantas veces he soñado. Pero no como
los imaginé, sino con el sello propio de las cosas reales: torpes, simples y al mismo tiempo perfectos.

Caminás hacia el panel de vidrio (al cual yo también me he ido acercando) mientras revolvés la cartera con
apuro, y al cabo de un momento surge un lápiz de labios que abrís y llevás a la boca formando con él una
especie de cruz que parece indicar silencio; por tus ojos pasan infinidad de cálculos. Y, finalmente, te
aproximás al vidrio con una mezcla maravillosa de picardía y burla en el rostro y el lápiz comienza a
escribir lentamente de atrás hacia adelante, unas pocas letras color violeta que van formando dos palabras
separadas por una coma:

- Hola, Ulises - dice (o adivino que dice) en letras grandes y desparejas.

Después te quedás mirándome con una sombra de sonrisa en los ojos, una media mueca divertida y a la vez
grave y tensa.

Una vez más pasa el lápiz violeta sobre el vidrio y subraya el nombre griego... La mirada entonces adquiere
una súbita dureza; como si hubieras escrito una adivinanza y a la vez una orden... o un desafío.

***

- Hola, Juan - dice una voz a mi lado.

Vuelvo a la realidad (vos ya no estás). Miro alrededor mío y veo a alguien, que supongo será Pedro,
sonriendo amistosamente; ofreciéndome la palma de la mano abierta. Es un hombrecito calvo de mirada
inteligente y tranquila.

Rápidamente me conduce hacia la máquina. Vamos hablando de cosas circunstanciales. Todos los
controles se franquean fácilmente a nuestro paso y pronto nos hallamos subiendo por esa escalera, ya
desierta, que hace instantes fue el centro de la atención. Lo que me acaba de ocurrir convierte la realidad
en una especie de extraño sueño.

- Soy escritor - atino a decir - la escena final del... de la novela que estoy escribiendo transcurre en este
avión...

Pero siento que para él todo es lo mismo. Está acostumbrado a la situación y no me presta mayor atención.

Recorremos el famoso avión que ha sido reacondicionado, escándalo mediante, con lujo y algo de
extravagancia. El va adelante dando rápidas explicaciones. Hace bromas acerca del dormitorio con cama
de dos plazas, y al verla me parece imposible esa sospecha de que allí estuviste junto a Márquez. El
despacho, los salones, las computadoras, los teléfonos, todo parece excesivo, inútil: cosas que no
solucionan los problemas de fondo...

Tengo cierta ansiedad por acabar con eso que ahora me parece una pantomima absurda. Deseo estar a
solas para poder repasar cada instante, cada millonésima de segundo de ese momento en que hemos estado
juntos por primera vez.

Pedro también está algo apurado y pronto volvemos a la puerta delantera en donde nos paramos a
intercambiar unas últimas formalidades intuyendo que allí terminará todo: nos despediremos y nunca más
nos volveremos a ver...

- Costó sesenta y seis millones de dólares... - dice sonriendo a manera de cierre - Pero es más seguro que
los otros... Aunque muchas veces la seguridad no es sólo cuestión de modernidad: la otra vez nos desplazó
una ráfaga del Chorrillero, el viento de San Luis, en pleno aterrizaje y ahora, bueno, ya estarás enterado de
lo que pasó en Wellington; viento cruzado de 140 kilómetros por hora: fue peor que cuando nos caímos en
Formosa con el Chinook, el helicóptero viejo - aclara.

En ese instante se escucha una voz que sale de la cercana cabina de comando, mezclada con el típico ruido
de estática de un canal de radio.

- Pedro: Matías, del helicóptero. ¿Estás todavía por allí?

Pedro se acerca apresuradamente, toma un micrófono y lo presiona respondiendo.

- Matías: soy Pedro. Te escucho.

- Mirá, preguntan acá si los podés llevar al barco el martes, desde Olivos... Sería el Señor Presidente y tres
personas más, porque a la Sra. Penélope la llevo yo esta misma noche, después de pasar por la Quinta...

- Eh... Afirmativo, "Mati": el martes, desde Olivos al barco. ¿Vos... cuándo volvés para La Rosada? -
escucho contestar a Pedro mientras miro hacia el lugar de donde proviene la transmisión y siento la
emoción de seguir, de algún modo, en contacto con vos.

- Esta misma noche. Mañana te veo. Escuchame... - y la voz se interrumpe por algo que parecen decirle los
que están con él.

- Bueno, parece que el barco cambió de nombre... pero ellos te van a indicar a dónde tenés que ir, es decir,
donde está fondeado ¿me entendés?

- Afirmativo. Comprendido. Cambio.

- Estamos en contacto. Cambio y fuera. ¡Chau, Pedro!

- ¡Buen viaje, Matías! Cambio y fuera.

Pedro se reúne nuevamente conmigo mirándome con picardía.

- El "Jefe" se toma unos días de descanso - dice.

- Hace bien - agrega luego - Fue una gira muy dura. Y nada menos que con Penélope... ¡Qué guacho! No
sabés la mina que es...

Si sé, pienso.

Y luego trato de que la pregunta suene estúpida, casual:

- ¿Los tenés que llevar a un barco?

- Ahá, aquí no más, al delta.

- ¿Y como lo ubicás?

- Un crucero impresionante. Casi siempre está en el mismo lugar, sobre el Miní, o en la desembocadura del
Paranacito. Y, si no, ellos me dirán...

La hélice del helicóptero acelera hasta lo imposible; un olor a aceite llega en un viento cálido hasta donde
estamos. Después comienza a ascender girando lentamente sobre sí mismo. Negro y lustroso, me parece de
pronto un enorme animal siniestro. Inclina la nariz hacia abajo y comienza la maniobra que poco a poco lo
va enfilando hacia el norte. Las ramas de unos árboles se agitan alocadamente a su paso.

Después, contemplo el lugar que me parece, de repente, solitario.

- Así que el helicóptero también es nuevo...

- También: un Sikorsky Black Hawk S70 - dice tratando de disimular cierto orgullo...

- ¿Como se llama el barco? - pregunto finalmente, por decir algo, mientras miro el helicóptero que es ya
apenas una luz titilante y lejana.

- "Falucho" - responde Pedro maquinalmente - "Falucho Black".

Y comienzo a bajar en silencio.

***

He releído la Odisea: la saga mitológica de Ulises y de Penélope fue cantada desde casi mil años antes del
nacimiento de Jesús de Nazaret. Lleva alrededor de tres milenios de vida. Treinta siglos de recordarla...
¿Por qué?

Es una historia simple:

Ulises, luego de participar en el incendio y destrucción de Troya, vuelve a Itaca, en donde la fiel Penélope
lo espera tratando de distraer a los pretendientes que quieren desposarla para gobernar.

Ulises, llamado también "el ingenioso", es el presunto autor del Caballo de Troya. Luego de participar
junto a otros héroes griegos en el sitio y la toma de la ciudad, emprende el largo regreso durante el cual
todos sus camaradas perecen. El afronta mil peligros en el mar, ella teje y desteje su tela. Cuando
finalmente logra alcanzar su querida isla, disfrazado de mendigo cuenta a Penélope que ha visto a su
esposo vivo. Ella llora de emoción. En el final, con el arco que nadie ha logrado tensar (su arco) lanza las
flechas que matan a los enemigos.

Esta historia es la gran metáfora del regreso a los orígenes.

Pero es también otras metáforas. A lo largo del tiempo ha inspirado las antiguas tragedias griegas (de
Sófocles y de Eurípides) que vieron en ella la lucha contra el destino; a los estoicos y a los cínicos que se
identificaron (exagerando la utilización de la inteligencia por Ulises) con la obtención de fines mediante el
engaño; Dante la usa en su Divina Comedia para plasmar el deseo ilimitado del hombre por saber;
Shakespeare: cierto espíritu maquiavélico de "el fin justifica los medios" (Troilo y Cresida); y así, tantas
otras versiones, traducciones, de Virgilio, de Lope, de Góngora...

Todos parecemos llevar algo de Ulises y de Penélope dentro nuestro... y pobre del que no. Pero, ¿cuál será
la interpretación que nos corresponde? ¿Cuál la que vos insinuaste, Penélope?

Yo, que vi en vos a la heroína moderna (esa mujer que espera al amor que nunca llega), me siento
enfrentado imprevistamente a otra, a la antigua; quizá aún a la mas antigua de todas. ¿Es posible que esto
sea así? ¿O será, tal vez, una simple locura tuya, una infantil asociación de nombres, una torpe broma de
colegio secundario?; o ese arañazo femenino del que alguna vez te hablé: atolondrada e impiadosa reacción
de mujer cansada de hombres que la asedian.

La escueta lógica del consciente dice que esto último es la cruda verdad. Sos la amante de un Presidente.
O peor quizá, una simple acompañante bien paga. Una verdadera intocable. Todo el entorno de la situación
parece indicarlo. Lo que la gente cree, también.

La otra lógica, esa que se procesa en lugares ocultos, inaccesibles, de la mente; la que utiliza datos que a
veces hasta ignoramos en el consciente y que seríamos incapaces de abarcar porque su número tiende a
infinito; esa lógica vieja de los instintos (pero no menos rigurosa que la primera) dice otra cosa. Dispone
de un secreto que no alcanzo a descifrar, y que, de alguna forma, ha pasado a mi razón y se halla en alguna
parte de mi alma. Esa lógica sospecha que eres realmente Penélope, la de Itaca.

¿Habrá, quizá, algún dato que indique que alguna de las dos conclusiones es la verdadera, ó (lo que es lo
mismo) descarte por reducción al absurdo a una de ellas? ¿Cual de los dos retratos será real? El de gran
angular, que te muestra frívola junto a un distendido grupo de fanáticos del automovilismo deportivo; o
esta imagen solitaria, de aire profundamente indignado y dolido, mezcla de fiera y de ángel exterminador,
que cuelga en la penumbra de mi pieza?

***

Son las tres de la madrugada.

Escribo apresuradamente estas líneas finales antes de partir a encontrarte. Quizá lo haga por simple
costumbre, o por el asombro que me inundó al saber la respuesta a tanto misterio.

Siento, te confieso, algo de temor... Y a la vez, una fuerza infinita.

Pedro Sáenz pasó ayer por la estación y me dejó tu diario. Tu increíble diario...

Me resultó difícil entender porqué habías dejado tanta cosa tuya en mis manos: las de un extraño. Y luego
intuí que por eso mismo lo habías hecho; porque nada te importaba que me enterara de tus secretos; y
luego también vi que había sido un impulso de tu furia; el zarpazo... pero no contra mí, sino contra otros...

No bien escuché tu nombre en boca de Pedro pude adivinar muchas cosas... Y antes de comenzar a leer me
detuve a pensar lo que había ocurrido en el aeropuerto (que no atiné siquiera a sospechar ni soñar en el
momento, pero que de uno u otro modo debe de haber ocurrido, porque, si no, no hubieras sabido de mi
relación con él y mucho menos le hubieras pedido que me alcanzara el sobre...) y vi que me habías estado
observando desde ese helicóptero y quizá en ese mismo momento habías planeado lo que hiciste... O quizá
ya lo habías soñado mientras caminabas por la pista, luego de dejarme mirando hipnotizado lo que
acababas de escribir y entonces, al verme junto al piloto, alcanzaste a vislumbrar la forma de llevarlo a
cabo...

Sé ahora, por fin, quién sos.

Y de algún modo también sé quién he sido yo, que durante este tiempo he escrito cartas a alguien que no
es otro que yo mismo. Porque, al saberte tan distinta, al comprender que jamás hubieras podido entender
totalmente lo que te he escrito, me doy cuenta de que lo que he estado redactando es, también, una
especie de diario: mi diario.

Ahora, al saber que estabas mucho más lejos de lo que acaso puedo suponer, veo también que fue tu
imagen la que me llevó por caminos equivocados; falló ese archivo inagotable que todos tenemos en
alguna parte y que nos permite saber de los otros sin preguntar ni escuchar. Y también fue esa
circunstancia fortuita la que condujo al error; la que durante un tiempo nos acercó y creó el vínculo simple
pero cierto y casi inevitable de los que se ven a diario, aunque sólo sea por unos segundos, y que permite
suponer que se está cerca, cuando en realidad se está en espacios y tiempos diferentes, que apenas se
tocan.

Pero... entre tanta desconexión, entre tanta incomunicación, algo al menos es como lo imaginé. Sos, al fin
y al cabo, una Penélope. Mezcla quizá de la antigua, asediada por Antínoo, y de la moderna, que espera un
amor.

Y también yo, que fríamente ideé el Caballo de Troya de estas cartas, con el fin de poder introducirme
inadvertidamente en tu corazón para incendiarlo y conquistarlo, tengo algo de aquel antiguo Ulises.


(Fin de las cartas...)



TERCERA PARTE



EL ULTIMO SUEÑO (Cuento de Juan Beltramino)


El hombre cayó al agua negra y turbulenta del río y cuando pudo salir nuevamente a la superficie alcanzó a
ver en la tormenta el casco blanco con el pequeño trapo a popa, pendulando entre olas despiadadas; ya
lejos de su alcance.

Después flotó a la deriva creyendo ver en la noche, a la luz parcial de relámpagos, sombras lejanas que su
esperanza convertía en costas u otras embarcaciones. Pero también pudo anticipar, una a una, las etapas
del cansancio, del frío y del abandono final a ese destino. Al alba se supo entre kilómetros de agua desierta
y, agotado, se fue perdiendo poco a poco en una especie de última pesadilla...

***

Un cuerpo humano flotando en el agua despierta siempre mórbida curiosidad. Porque casi seguramente se
trata de un cadáver. Y un cadáver es de algún modo atractivo; tal vez porque siempre resulta interesante
contemplar el rostro de la muerte, aunque repugne y dé cierto temor; tal vez porque en ese rostro está,
indescifrable, el misterio de la vida. Por eso se observa con curiosidad. Y también por ese modesto
consuelo de la desgracia ajena que parece que hiciera menores las propias.

De lo contrario nadie estaría dispuesto a subir un cadáver a bordo; y menos al barco de un hombre rico e
importante. Un hombre que debe vivir cuidado por otros hombres, casi como en una lujosa cárcel. Un
hombre que se siente poderoso pero es a la vez vulnerable; que no puede transitar una vereda cualquiera ni
mezclarse en un gentío, ni viajar sin seguir minuciosas rutinas de seguridad y protocolo; que vive rodeado
de sirvientes y de guardias, tal vez sin poder disfrutar de esa deliciosa intimidad con uno mismo que es la
soledad, ni de la misteriosa felicidad que da el andar por el mundo como los caracoles, con la casa a
cuestas, o mejor aún sin casa, con la antigua libertad de los animales, de los tiburones.

En cambio el otro, el que flotaba en el río y ahora es izado a la cubierta, puede entrar a ese mundo de
ricos, sofisticado y perfeccionista, sin dejar de ser lo que era o es: un hombre libre. Y sin tener que pagar,
además, los costosos derechos de admisión al club de los privilegios. Sin tener que aprender y aceptar
indiscriminadamente todas y cada una de las minuciosas reglas; sin tener que vestir la pesada armadura que
permite soportar esa terrible guerra constante por el éxito social.

Así aborda el barco. Como un deshecho humano. Apenas un hombre semi ahogado que ahora escupe agua
y tose y pone los ojos en blanco y se deja arrastrar y extender sobre el piso y apoyar la cabeza sobre un
montón de ásperas y gruesas sogas. Un hombre que escucha atentamente todas y cada una de las voces
postergando el momento de abrir los ojos.

Porque por esos ojos se puede escapar su secreto.

Deja que se ejecute en él esa rutina ostentosamente generosa de torpes primeros auxilios que conoce al
dedillo. Uno, que sabe algo más que el resto, empuja su cabeza hacia atrás para evitar que la lengua
obstruya la entrada del aire a la tráquea, dice. El pulso es casi normal, aunque algo débil naturalmente; y
también observa que no hay agua en su vientre porque no se lo ve hinchado... Sólo hay que desnudarlo y
volverlo a vestir con ropas secas para liberarlo del frío.

El dueño de la nave no está a bordo en ese momento pero alguien lo ha llamado para informarlo
inmediatamente. Porque aunque se encuentre a miles de kilómetros, en un palacio francés ó en algún
restaurante de Nueva York ó en alguna mansión de la costa norte de Buenos Aires, quiere saberlo todo.
Nada se decide sin consultarlo.

Es un hombre mas que prudente, casi desconfiado. Se aleja un poco de los que lo acompañan y pregunta
qué clase de persona es ese "ahogado": edad, altura, color de pelo, etc. Y la respuesta es que se trata de un
hombre blanco de unos cincuenta años, alto, delgado pero de contextura fuerte, de piel bronceada, barba y
pelo muy cortos. Y también que parece un tipo común pero no vulgar, de rostro agradable y extraña
firmeza en los ojos, que ahora acaba de abrir; y que vestido con ropas apropiadas pasaría fácilmente por
uno de tantos dueños de los yates que pululan por esa zona perdida entre el agua y las selvas, ese lejano y
salvaje rincón de Sudamérica y del pasado donde confluyen el Parará y el Uruguay: el Delta del Río de La
Plata.

El hombre duda... Pero finalmente ordena que se le brinde toda la ayuda posible. La solidaridad es una ley
en la navegación. Mucho más en su barco.

Así pudo Juan entrar al mundo en que, creía, estaría ella.

***

Ahora se halla en el camarote que le han asignado. Vestido con una impecable bermuda blanca y una
camisa oscura parece uno de ellos. Se mira en el espejo y observa en su rostro, una vez más, la huella de
los años. Pero no le molesta. Al contrario. Se siente lleno de una fuerza que, más que de su cuerpo, parece
provenir de su espíritu.

Mira alrededor y constata que cada uno de los objetos ha sido cuidadosamente elegido. Es una sobria, casi
austera elegancia. La cama tiene un curioso velador de aire oriental que difunde una cálida luz; hay una
pequeña biblioteca que destaca contra las paredes oscuras de madera lustrada y por el ojo de buey, de
bronce inmaculado, ve que cae ya la noche.

Verse en esas cómodas ropas ajenas le produce placer. Vuelve a observarse al espejo mientras repasa el
cuento del naufragio que será, naturalmente, el primer tema de conversación. Pero le resulta difícil
concentrarse en los detalles porque su mente escapa hacia lo otro: hacia la verdadera e increíble historia; la
de un hombre tan loco por una mujer, a quien casi no conoce, que ha sido capaz de seguirla hasta esas
soledades para hurgar en su vida, intuyendo que hay algo en esos ojos, alguna extraña cosa que su
curiosidad de escritor muere por conocer.

Nada ha podido notar aún que denuncie la presencia femenina a bordo. Ningún perfume distinto de ese
aroma a limpieza que se mezcla con el olor acre del río. Ninguna voz que pueda asociarse ni lejanamente
con la que imagina grave, y llena de clásicos timbres de clase alta. Y ahora se pregunta si realmente será
así; que en ese yate fondeado entre cortaderas y luna esté justamente esa mujer que busca hace tanto
tiempo.

Si así fuera, ella sabrá, tarde o temprano, que su historia del naufragio es falsa. Es difícil esconder secretos
a una mujer. Pero, además, también sospechará por otras razones. Porque también es muy raro, muy
improbable para decirlo con exactitud, que justamente él, el inconcebible hombre que ha escrito tanto
sobre ella, sea pescado imprevistamente de las aguas del río...

***

Al subir las escaleras que llevan a la cubierta intenta nuevamente su papel de náufrago. No es actor pero se
ayuda con su mente acostumbrada a crear fantasías: trata de recrear la sensación de frío que por mucho
tiempo quedaría en su cuerpo...

Observa ahora que el barco es un crucero de placer de alto bordo y amplia cubierta. Bajo un tenso toldo
blanco hay una cómoda mesa redonda y confortables asientos. Un hombre muy joven, con ropas de oficial,
lo espera sentado mientras simula consultar una carta de navegación. Hay algo de niño y de implacable
suspicacia en su mirada cuando se incorpora a recibirlo.

- Qué le pasó? - dispara sonriente extendiéndole la mano.

Su historia trata de ser corta pero con dos o tres detalles curiosos y aún graciosos que le prestan
credibilidad. No vale la pena repetirla. Baste decir que el otro la acepta sin el mínimo indicio de dudas.
Después la conversación ronda en torno al modo en que volverá a la costa: puede hacerlo en la lancha ínter
isleña, un transporte colectivo ruidoso y ruinoso, atestado de pobladores del lugar... Pero, después de
escucharlo hablar, el capitán se ha convencido de que es uno de ellos: vocabulario de marino, términos
precisos, escuetos, ingenioso por momentos, gracioso a veces... y entonces lanza la oferta que Juan está
esperando desde el primer momento: puede permanecer a bordo esa noche y volverse en el helicóptero que
vendrá, como siempre, a reaprovisionar al yate. La generosidad corre por cuenta y orden expresa del
propietario del barco: el Señor Presidente de la República.

Es necesario simular sorpresa. Y lo hace casi sin esfuerzo: los años le han enseñado que para mentir bien
no es necesario exagerar ni redoblar escandalosamente la apuesta como en el truco: por eso mira a su
alrededor con medido asombro y repite lentamente lo que acaba de escuchar.

- El barco de Américo Márquez - dice bajando un poco la voz - El "Falucho Black"?

- Exactamente - contesta el otro - pero ya no se llama así...

Y justo allí es donde la conversación se interrumpe porque los ojos del oficial se han desviado y el rostro
se le transforma a tal punto que resulta obvio que a sus espaldas está esa mujer que busca. Porque nada
puede causar un efecto de cambio tan marcado, casi brutal, entre el gesto de circunspecta amabilidad, de
estudiada, controlada cortesía destinada a él y esa sonrisa amplia, desarmada y hasta algo estúpida que
aparece de repente en el rostro del marino.

Es un momento crucial. El sabe que ella lo reconocerá inmediatamente. Lo que no sabe es cuál será su
reacción, y menos aún si hará por disimularla. También ignora cuál será su propia actitud en esa escena que
ha soñado despierto tantas veces. ¿Alcanzarán sus años y su experiencia para conservar la calma?

Ella lo conoce por fuera y por dentro. Lo ha visto muchas veces, aunque nunca han llegado a hablarse,
pero también ha leído cosas que él le ha escrito; y allí estaba, clara, indisimulada, buena parte de su alma.
Lo que ha escrito para ella son, sin embargo, meras conjeturas inspiradas en su hermosura. ¡Y tantas veces
se ha sorprendido con las diferencias entre la imagen y el alma!

Lo primero que advierte cuando se da vuelta es que ese lugar, ese barco, ese paisaje de río, selva y
soledad, son un marco mucho más adecuado a la belleza que los descoloridos y sucios parajes urbanos en
donde la conoció o la imaginó. La naturaleza le da un aire de diosa del tercer milenio, parada contra la
noche, con el pelo al viento y las manos en los bolsillos de un amplio vestido que no alcanza a disimular su
enorme sensualidad. Y así, durante un instante detenido, se produce una vez más ese fuego cruzado que va
de los ojos de ella a los de él y de los de él a los de ella, con un código secreto que nunca alcanzaron a
comprender: tal vez algún idioma antiguo hecho de formas y de colores.

Pero todo esto es sólo un prólogo porque luego ella lo sorprende con una sonrisa que no ha visto nunca y,
como en un sismo de tierra, él cae definitivamente por la grieta abismal de ese amor, de ese loco amor...

Ella no muestra la sorpresa. Las formas caprichosas del destino y del universo son moneda corriente de la
mente femenina. Más aún para una mujer acostumbrada a que a su paso se produzcan remolinos,
turbulencias. Por eso apenas presta atención a su explicación falsa y cómica del naufragio; lo escucha,
entre pensativa y divertida, casi sin abrir la boca. Y por sus ojos pasa la película de ese inefable placer que
da el torbellino de la vida: goce infinito de sentir el amor. ¿Quién es este tipo? ¿Un campeón de las novelas
del rey Arturo? ¿Un James Bond de las de Fleming? ¿Un loco suelto? El atrevimiento descomunal de ese
abordaje la seduce y la llena de honda curiosidad. Mucho ha escuchado hablar de amantes latinos: tendrá
esto algo que ver con ese mito?

Después, cuando la historia del accidente queda atrás, sucede la segunda sorpresa de esa noche de
inesperados y sucesivos milagros: esa mujer morena, de gruesos y oscuros labios africanos pronuncia un
español simple, casi rudimentario, con fuerte acento germánico ó quizá escandinavo. El contraste lo
desconcierta y le recuerda películas de horror en donde la voz de Satanás hace hablar hebreo o latín a los
poseídos.

Al principio queda perplejo y sumido en pensamientos. La conversación le llega algo lejana e
intrascendente. ¿Qué pudo entender esa mujer de todo lo que ha escrito para ella si apenas habla el
castellano? Suena casi ridículo: esa mujer jamás podría comprender su alma y él, acaso, tampoco la de ella.
¿Pero es esto realmente así? ¿Será el entendimiento una función de los medios o una coincidencia de
fondos, un dibujo profundo, casi indivisible de ética y estética que busca su contrapartida como el calce
perfecto de las fichas de un rompecabezas?

Esta especie de desilusión repentina se disipa parcialmente a medida que se va acostumbrando a esa
conversación de preguntas y respuestas elementales, típica de los niños pero también de los encuentros de
personas de culturas distintas, que sin embargo resulta interesante: como una oportunidad de empezar de
nuevo por lo más simple o de dejar de lado disfraces y poses. Porque él también se ve forzado a abandonar
sutilezas y sofisticaciones para lograr ser entendido por ella.

Pero al fin ya nada importa, basta con mirar esos ojos que lanzan mensajes en otros lenguajes. Vuelve la
seducción de antes con un nuevo toque de misterio y desafío. Los sonidos del agua y los gritos de la selva
prestan realidad a tanta irrealidad y todo es goce instantáneo, efímero pero de algún modo eterno por lo
perfecto, por lo irrepetible.

***

Luego de la cena el marino enuncia una excusa y los deja solos.

Sucede entonces un silencio inicial previsible. ¿Hacia dónde dirigirse con la conversación? ¿Continuará
siendo prudente lo superficial o habrá que ir buscando revelaciones, tendiendo puentes?

Las frases de doble sentido, las bromas sugerentes, suelen usarse para explorar sin riesgos el terreno. Pero
en estas circunstancias se hace difícil emplearlas porque tal vez la mujer no las comprenda. Ella parece
disfrutar del momento, pero es casi imposible adivinar si será algo más que mera cortesía. En el pasado,
favorecida por otras muy diferentes circunstancias, ella ha podido o sabido mantener una distancia que
nunca llegó a ser rechazo. Aceptó todas sus cartas sin contestarlas. Mantuvo sus miradas sin desviar ni
bajar los ojos pero también sin permitirse el menor gesto de reprobación o aceptación. El imaginó ser una
especie de amor prohibido que debía permanecer latente o secreto.

Después, cuando ella desapareció, vino esa locura incontenible de buscarla y encontrarla y alcanzarla
donde quiera que estuviera, quien quiera que fuese... Y allí estaba ahora sin poder decir ni mostrar su amor
porque ya había sido dicho y demostrado muchas veces. Como alguien que espera a ser juzgado y
condenado o absuelto, como alguien que aguarda una palabra, una orden, un veredicto final.

Y ese veredicto llega de la forma más inesperada.

Absolutamente increíble si no fuera porque toda la situación es tan extraña que nada parece poder estar
fuera de lugar. Llega en un castellano aprendido en España que mezcla el tuteo con el voseo, que bien
podría ser algún idioma germánico por lo directo y que suena a italiano por lo dulce.

- Mira, Juan - dice ella con voz baja y rostro impávido- me parece que si vos no me dejas la puerta del
camarote sin llave no podré ir a visitarte esta noche...

Como un enorme portal los ojos de ella se han abierto para franquearle la entrada. Hay ahora en ellos ese
brillo algo burlón y cómicamente desafiante que sólo una vez, aquella del aeropuerto, pudo observar. Es la
clave de acceso que había esperado durante tanto tiempo.

Y luego sucede a ambos lo que es usual en estos casos: el amor hace resplandecer el mundo.

***

A los cincuenta años se sospecha tanto de los grandes triunfos como de los desmoronados fracasos. Por
eso, después que ella se retiró, él se queda paladeando y dudando a la vez de ese momento de gloria
aparente. Riéndose consigo mismo al preguntarse qué sería para él lo más terrible, la mujer faltando a la
cita o la mujer cumpliendo su promesa.

La poética, ese pájaro o ángel sagrado de Borges y de Platón, puede a veces ser la felicidad misma y otras
su forma, su representación más acabada: esa noche calma y calurosa de abril sobre el río parece ser lo
segundo. ¿Qué haríamos con nuestros sentimientos si no existiera el arte para contenerlos? Desde algún
lugar, detrás de la siluetas oscuras de los montes, le llega discontinuo en el viento ese ritmo de olas
tranquilas del acordeón en las canciones litoraleñas.

***

Ella cumple el desafío.

La siente introducirse en la cama estrecha como un especie de invasión perfumada y magnética; y lamenta
la penumbra que oculta su belleza infinita. Sus ojos la buscan con avidez y sus manos casi tiemblan al
tocarla. ¿Qué imágenes de esa noche quedarán en su memoria para siempre? ¿Los labios duros que se van
ablandando a besos? ¿Las enormes pestañas hamacándose con la pasión? ¿El entrecejo fruncido por el
ansia del deseo?

El goce, como muchas otras cosas de la cultura, es siembra y cosecha. Y la primera vez, aún con una
mujer hermosa, es un venturoso pero imperfecto ritual. Es más el placer espiritual de haber sido aceptado
que el físico que da la posesión. Es más una aventura de exploración y dominio que un disfrutar de
sensaciones.

Hay también esa angustia de lograr templar exactamente un fino instrumento para extraerle el más perfecto
de los acordes. De ahí la necesidad imperiosa de no descontrolarse, para poder ir empujando lentamente
hacia los túneles vertiginosos del amor. Hay que convertirse casi en una especie de verdugo que prolonga
impiadosamente los preparativos.

Pero, como un montañista, oscila entre la belleza absoluta y la vorágine insondable, y la cuerda se tensa
desesperada y hay un momento en que ese dominio de la situación se torna imposible: es el instante en que
siente que ella comienza a perder el control. Es una especie de encrucijada. Puede elegir el camino de
seguir adelante con esa escena de ejecución, de frío y minucioso degüello, de tortura lenta, de ahogo y
sádica destrucción... o puede dejarse resbalar como por una pendiente de hielo sin retorno, como tratando
de atrapar al amor que se escapa inalcanzable hacia el abismo, a los hondos laberintos de donde parece
surgir la vida...

***

Después, el espíritu, liberado, muda a otros sueños. Es una especie de izar las velas o de desplegar las alas
del alma y alzar el vuelo de retorno hacia las cumbres desde donde ha bajado como en caída libre sobre la
víctima...

Por eso, cuando mas tarde entraron silenciosamente en el agua cálida del canal, ambos sintieron, a la vez
que un dulce alivio de frescor, también una liviandad infinita en el alma. El barco fue quedando atrás. La
luna había desaparecido tras los árboles y un frente de nubes de tormenta relampagueaba hacia el norte. La
noche se había hecho mas oscura pero el río aún reflejaba estrellas.

Nadaron pausada y silenciosamente hacia el borde de juncos sintiendo ese extraño y primitivo placer de las
salpicaduras del agua en el rostro. La costa parecía estar siempre a la misma distancia pero la sensación era
falsa: la corriente imperceptible del canal los ayudaba y pronto sintieron la proximidad de la orilla en la
forma de aguas más templadas y estancas. A él, el sopor del sueño le invadía vastas zonas de la mente,
pero la cercanía de la mujer le daba inagotable energía.

Al ingresar al recodo en donde estaba fondeada la pequeña embarcación que buscaban, una pareja de patos
alborotados alzó escandalosamente el vuelo. Unos metros mas adelante la oscuridad se hacía perfecta bajo
los sauces pero el casco blanco, inmóvil, se distinguía con facilidad.

Se bamboleó pesadamente al abordarlo.

Al iniciar la maniobra la mujer reaccionó como una experta. Ordenó cabos, deshizo y volvió a hacer nudos
y tomó el timón mientras él empujaba con ayuda de un pequeño remo. El mástil del velero sorteó algunas
ramas altas y salió finalmente al canal dirigiéndose a favor de la corriente hacia la no lejana
desembocadura. Pronto avistaron el boyado del Paraná Miní. Hacia atrás quedó la silueta del yate contra el
negro fondo de la jungla y un relámpago lejano iluminó el monte en el mismo momento en que sentían en
la cara la primera ráfaga de una brisa firme de aguas mas abiertas. Izaron rápidamente la vela mayor y el
pequeño barco se inclinó y adquirió velocidad en un rítmico golpeteo de pequeñas olas contra el casco. Un
viento suave del noroeste los impulsó río abajo.

Como para comprobar que todo aquello era real, él se daba vuelta a mirarla cada tanto. Los ojos de ella
recorrían sistemáticamente el horizonte y las orillas. Luego repasaban con algo de curiosidad las cosas de
abordo: instrumental, cabos y unos equipos de buceo que se hallaban en un rincón. Y siempre terminaban
encontrándose con los de él. Aún sin poder verse claramente en la oscuridad, ambas miradas querían
infundirse tranquilidad.

Después, mirando nuevamente hacia adelante, él trataba de concentrarse en el boyado porque el cansancio
y la proximidad de la mujer le hacían la tarea doblemente difícil: a cada instante le volvían los momentos de
la pasión... Sueño o realidad, esta otra etapa de esa locura, que se le antojaba aún más profunda que la
anterior, había sido acordada aquella misma noche, planeada en la cama. Con frases susurradas que se
mezclaban con suspiros y quejidos. Con preguntas y respuestas que se intercalaban cómicamente con las
del amor... Y aún en los momentos culminantes hubo espacio para algún detalle final que había quedado
por aclarar...

- Puedes llevarme de aquí - le había dicho ella finalmente cuando ambos dormitaban entrelazados. Y esa
había sido la orden de partida.

Ahora, el cansancio se hacía sentir por momentos pero bastaba con darse vuelta y verla empuñar el timón,
serena y erguida, con el pelo mojado que se le iba secando lentamente en la brisa nocturna. Y el misterioso
mensaje a flor de piel, ese que sintió desde la primera vez que la vio.

Adelante el Paraná se ensancha hasta lo infinito al aproximarse al Río de la Plata. El boyado se multiplica y
se hace complicado. Hay también tráfico de barcos de gran porte y de chatas pesadas que levantan fuerte
oleaje a su paso. El pequeño velero se estremece y deriva pero la mujer lo conduce con firmeza, recto a las
crestas de agua, y después vuelve la calma... El va descifrando el comienzo del canal Mitre y se lo indica
para que ella lo siga. Y así, con rapidez y aparente facilidad dan la vuelta a los Bajos del Temor y enfilan
directamente a la costa Argentina. En el fondo oscuro del horizonte comienza a distinguirse el pico
iluminado y agudo de la Catedral de San Isidro Labrador.

Algo en la actitud de ella indica que se ha puesto mas alerta. Busca señales que la ayuden a ubicar el lugar
hacia el cual se dirigen. La tensión aumenta gradualmente a medida que se acercan a la costa. Lentamente
otras luces se hacen visibles y hacia el este una vasta claridad indica que el alba comienza.

De pronto ella lanza una corta exclamación de triunfo y se inclina sobre las espaldas de él para indicarle un
lugar en las orillas, un casi invisible canal de acceso señalado por dos pequeños faros fijos. Atrás, un
palacete colonial de colores claros asoma entre la vegetación.

- Allí vamos, Juan - dice serenamente besándolo en el cuello como al descuido.

El se da vuelta a observar el rostro. Pero no encuentra el gesto de alivio que espera. Hay en cambio una
nota tensa, una mezcla de sentimientos encontrados, determinación fría y también temor.

Prefiere guardar silencio. Quizá por esa sensación de que en cualquier momento se romperá el
encantamiento del sueño y todo desaparecerá, la mujer, el río, el sabor irrepetible, inefable, de una perfecta
noche de amor y aventura.

***

Al apoyar el pie en el pequeño muelle de troncos siente otra vez una fuerte sensación de irrealidad. La
travesía le parece de pronto imposible: demasiado rápida, demasiado simple...

Ella salta detrás de él y queda mirando y escuchado atentamente hacia el edificio que se levanta entre
jardines, a unos doscientos metros más adelante, como encaramado en la barranca.

- ¡Wagner! - dice escuetamente aludiendo a una música que se escucha lejana. Y en ese momento un
trueno retumba en otra dirección como un desmesurado redoble de timbales. La tormenta los está
alcanzando. La noche, la oscuridad retornan. Ella continúa:

- Muchos hombres siguen construyendo castillos para protegerse... Sigurd, el héroe nórdico, es el Siegfred
de Richard Wagner, sabes? Y conquista a dos mujeres pero una de ellas lo manda matar porque él la ha
traicionado - y su vista continúa escudriñando el edificio cercano que asoma entre álamos y palmeras -
pero, mientras muere, él mata a su asesino con un movimiento espasmódico de su espada.

Luego se vuelve a mirarlo profundamente:

- Este mito dice también que hay mas de un hombre en la vida de esa mujer, pero que esos hombres son,
dentro de ella, el mismo... - termina diciendo ella con una sonrisa.

Ya no hay tiempo para reflexiones... Desde el otro extremo del muelle alguien se acerca cojeando
presurosamente. El botero ha reconocido a la mujer y se hace cargo de la embarcación con actitud casi
servil. Bajan rápidamente los equipos de oxígeno y cada uno carga con uno de ellos.

Ella se dirige luego (simula hacerlo) por el camino que asciende hacia la casa; pero repentinamente se
vuelve sobre si misma y luego de comprobar que el hombre no los observa cambia rápidamente de rumbo y
se pierden en un sendero que serpentea entre la maleza de las orillas y termina mas adelante en una especie
de casilla vieja y abandonada. Las puertas y ventanas están abiertas, los vidrios rotos, la vegetación ha
invadido el interior.

Entran en el momento en que comienzan a caer las primeras gotas; los frecuentes relámpagos iluminan un
interior desmantelado. Ella se detiene. Mira en derredor y se vuelve hacia él aproximándose hasta quedar
unidos en un largo y repetido beso con lejano sabor a río y restos de maquillaje.

- Vos ahora ya no necesitas mas tu brújula porque el camino será uno solo... pero sí una bruja que te guíe
en la oscuridad dice ella mirándolo con dulce burla.

- Yo conozco una clase de bruja... que me encanta los bosques del alma... ella siente en la sangre
burbujas... pero nunca ha perdido la calma... - recita él pausadamente, sonriéndole con los ojos.

Y el siguiente beso tiene intensidad de amor.

Después, como habiéndose recuperado, ella busca hasta encontrar una trampa en el suelo y tirando
resueltamente deja a la vista un túnel estrecho que se hunde hacia la mas perfecta tiniebla.

- ¿Vos tienes terror? - pregunta tranquila.

El prefiere en cambio asegurarse de que ella entiende el funcionamiento de los equipos de aire. Hacen una
prueba antes de iniciar el descenso controlando los reguladores y el estado de la carga.

Luego, tras una última mirada de inteligencia, comienzan a bajar por escalones de tierra que se
desmoronan y pronto el espacio se vuelve tan estrecho que apenas permite avanzar. Se ven obligados a
caminar casi de perfil. Sólo una pequeña linterna hermética que es parte del equipo de buceo los ilumina.
La luz inquieta muestra un pozo cavado en la tierra negra y reseca que, cada vez mas angosto, se curva
hacia la profundidad.

Ninguna columna ni travesaño hay colocado para prevenir eventuales derrumbes. La tormenta parece
haberse súbitamente disipado y todo es perfecto silencio sólo interrumpido por el roce de los cuerpos
deslizándose y chapaleando a veces en el suelo húmedo. La oscuridad es absoluta.

La sensación de ahogo y claustrofobia se vuelve pronto casi insoportable. El aire parece contener menos
oxígeno. El suelo del delta genera, por fermentación anaeróbica de materia orgánica, frecuentes
reservorios de gas "grisú", un metano muy combustible que los lugareños suelen utilizar para consumo
doméstico. Las emanaciones, más livianas, ascienden y se acumulan en la parte superior del túnel
mezcladas con algo de sulfídrico de olor putrefacto... Las paredes se aproximan en largos tramos una
contra la otra obligando a caminar casi deslizándose en la tierra, como si hubieran sido enterrados vivos.
Los equipos de oxígeno comienzan entonces a funcionar...

No es posible en tal situación dejar el menor espacio para el pánico: significaría la muerte por ahogo o
locura. Sólo un frío autocontrol les permite seguir avanzando, uno contra el otro para defenderse del
miedo, de la mano a veces y casi siempre tocándose una y otra vez como para comprobar que aún están
ahí...

Parece que han recorrido kilómetros cuando la grieta se ensancha un poco y deja ver un pequeño espacio
de tres o cuatro metros cuadrados en donde hay dispersos unos pocos objetos: un tosco banco de madera,
un pico, unos pedazos de cuerda y un montón de huesos humanos (un cráneo entre ellos) cubiertos de
polvo y andrajos. No hay el menor movimiento ni señal de vida en el lugar pero esas huellas que indican
que alguien pudo alguna vez haberse enfrentado a una desesperación de asfixia en ese pozo abyecto
produce un principio de frío.

- Aquí murió ahogado un hombre hace tiempo - relata ella en voz baja quitándose de la boquilla del equipo
- parece que fue atado a ese banco y todo su cuerpo pintado con aceite... O tal vez fue el gas... - agrega
con un leve jadeo.

- Quizá él también mató a muchas gentes - termina luego con simpleza.

El observa, en cambio, el contraste brutal entre esos restos yertos y los ojos de ella que llamean en la
penumbra: con el tubo amarillo del oxígeno a la espalda y esa mirada de fría valentía parece ahora la
versión humana de la jadeante Lara Croft, de los juegos digitales. Advierte entonces que la muerte al lado
de esa mujer parece importarle menos. Se da cuenta una vez mas que llevaba ese perfil de rostro y silueta
escrito en el alma desde mucho antes de conocerla.

Se quita la boquilla para poder besarla... pero luego le indica que vuelva a usar el equipo. La falta de
oxígeno puede producirle un súbito desvanecimiento que en esas circunstancias podría complicar mucho
las cosas.

El túnel continúa. Ella ilumina sucesivamente las paredes y el piso con el pequeño haz de luz y se vuelven a
deslizar como lombrices o ratas en la grieta.

Es nuevamente una tiniebla de tiempo contado segundo a segundo; imposible calcular los metros
recorridos que parecen muchos más de los que realmente han sido. Los tubos del equipo resultan cada vez
más pesados. Pero finalmente el ubicuo sector iluminado muestra abruptamente unos escalones; una
trampa de madera cierra misteriosamente el paso y una música débil vuelve a escucharse.

***

Lo que sigue es una pequeña y limpia bodega en donde caen al suelo extenuados luego de quitarse los
equipos, sofocando el deseo de toser y aspirar enormes bocanadas de aire. El piso de madera lustrada y
perfumada se convierte en el más mullido de los lechos y así quedan tendidos un rato, agradecidos, como
olvidados de todo.

Finalmente él se incorpora y queda mirándola. Su belleza es perenne. No importa el pelo que chorrea barro
sobre los hombros y el pecho. No importa la traspiración que dibuja surcos, lágrimas sucias sobre la frente
y las mejillas, y un resto de maquillaje que oscurece el contorno de los ojos como un grafito desprolijo.
Todo contrasta sin embargo fuertemente con el recuerdo de ese rostro perfecto brillando contra la noche y
la selva...

- Hay siempre en la vida de un hombre mas de una mujer... Pero esas mujeres son, dentro de él, la misma -
le susurra con una media sonrisa.

Lentamente ella hace una cruz de silencio con el índice y sus labios. Pero luego se incorpora hacia él para
un largo y apasionado beso.

Y ese beso es el último.

***

Una búsqueda minuciosa empieza luego en una habitación vecina que parece una especie de pasaje. Hay
cajones con innumerables objetos, libros de fotos, piedras y recuerdos turísticos cuidadosamente
ordenados en anaqueles vidriados, colecciones de monedas y mariposas, armas blancas, pistolas, un par de
cabezas de jabalí y una de ciervo de enorme cornamenta.

La mujer revisa carpetas con papeles. Lo hace con método pero no oculta una cierta prisa, un leve
nerviosismo que nunca llega al descontrol. Pregunta de vez en cuando en voz muy baja por algún término
castellano que no entiende. Pero la búsqueda fracasa y se ven obligados a continuarla en la habitación
contigua que parece mucho mas expuesta: una especie de estudio meticulosamente ordenado y limpio.

La música se puede escuchar ahora algo más clara y cercana; y de vez en cuando parecen distinguirse
ruidos confusos pero es imposible saber su origen porque se mezclan con los truenos. Una luz gris, media
penumbra de amanecer y de tormenta de verano penetra por grandes ventanales que dan a unos jardines de
vegetación muy verde y algo salvaje, lustrosa por el agua de la lluvia.

No hay en la habitación documentos a la vista. Pero ella empuja imprevistamente una biblioteca y el
mueble se corre casi sin ruido y deja ver la puerta de una enorme caja de seguridad. Dos llaves surgen
rápidamente de un bolsillo... y también un pedazo de papel del cual ella, con esforzada calma, comienza a
copiar una clave en la cerradura digital.

La pesada puerta gira finalmente sobre sí misma y deja el paso a un pequeño cuarto con estantes repletos
de papeles. Ella sofoca un grito y cruza con él una mirada de triunfo. Pero luego suspira y la búsqueda
continúa, cada uno en un extremo distinto de ese mar de folios, muchos de ellos en idiomas extranjeros.

Es muy difícil concentrar la atención en lo que se lee con tanto apuro cuando se está pendiente de cada
pequeño ruido que se escucha; tratando desesperadamente de discriminar entre los rumores de la tormenta.

Largos minutos de tenso silencio han pasado cuando él queda con la vista clavada en una gastada tapa de
cartulina de color marrón amarillento. Su inmovilidad también detiene a la mujer que acercándose lee
ávidamente.

- Esto necesito - susurra ella señalando un nombre escrito a modo de título en la carátula - Es un juicio que
decide la suerte de toda una vida...

El piensa inevitablemente en su propio juicio: el que decidió, el que decidirá la suya... Y le parece injusto
que esos pocos papeles puedan ser el bien y el mal de tantas cosas. Ella, ajena, los recorre rápidamente
para asegurarse de que son lo que buscaba.

Pero de pronto una luz que se enciende los detiene.

El siente que una mano fría le aprieta el estómago y lo inmoviliza. Ella, en cambio, apenas vacila un
instante y luego, tras quitarse rápidamente el calzado, desaparece sin el menor ruido. El queda esperando
con una vaga mezcla de temor y de culpa.

Imposible saber cuanto tiempo transcurre. Escucha en el silencio los ruidos del temporal y comienza a
pensar que ha quedado finalmente solo para enfrentar su destino. Y que esos papeles que ahora tiene en las
manos quizá no alcancen para defenderlo ni justificarlo y quizá ni siquiera para explicar la mas trivial de las
circunstancias de esa encrucijada en la que ahora se encuentra. Pero sus dedos igualmente los aprietan con
una fuerza que es reflejo de su angustia.

En algún momento siente y luego ve una sombra cercana a la puerta de la caja que se refleja sobre una
pared opuesta. Algo así como una cabeza grande y distorsionada que se apoya contra el caño de un arma.
Y siente una nueva opresión sobre el corazón que ahora le late a martillazos. Acorralado contra el fondo
del pequeño cuarto, se sabe una presa fácil, indefensa, un blanco inevitable. Pero esto no le extraña, porque
siempre se imaginó que todos los finales deben de ser así: una inesperada trampa sin escape.

Brusca y silenciosamente una figura aparece en el dintel de la caja y lo apunta con una escopeta corta de
dos caños; los ojos negros y viscos del arma parecen irrealmente cercanos. Y oye que una voz profunda,
lenta, extranjera, le habla:

- Ud. sabe bien que quien comete un delito está cruzando una frontera a un pais sin derechos...

- Las fronteras de los paises cambian - alega él casi como para sí mismo - Pero es cierto que Ud. y yo
estamos ahora en un pais sin derechos... Y sin embargo sentimos tan diferente...

- Y que es lo que Ud. siente? - escucha preguntar con sorna.

- Yo siento lo mismo que siente ella... - se escucha contestar.

- Siente lo que ella siente... - repite el otro - Sabe Ud. lo que ella siente? Le ha quitado Ud. los zapatos?

- No, ella ahora se los ha quitado sola... - contesta maquinalmente recordando recién entonces el par de
sandalias que han quedado abandonadas a sus pies...

La mirada del otro se dirige automáticamente hacia abajo y queda allí un momento largo... sucede una
especie de encanto, una atracción magnética que hace que el arma también comience a bajar.


Entonces, por alguna razón adivina que ese hombre que lo mira con frío desprecio desde la mira no lo
perdonará y alcanza a intuir el momento en que el disparo saldrá implacable. Y es ese cálculo misterioso el
que le salva la vida porque la bala va a dar al escudo de cientos de hojas de papel que de pronto levanta a
su pecho. Huele la pólvora y un estampido seco de silenciador lo sorprende.

Y casi en el mismo momento (no recuerda bien si antes o después) reconoce, por el pelo largo y
desgreñado, otra sombra que va moviéndose sobre la blanca pared opuesta; que se agazapa y luego avanza
rápida, con la mezcla de energía y cautela de una fiera en acecho; y que finalmente se yergue bruscamente
como una serpiente preparando el ataque y se sacude con el movimiento circular de los brazos que se unen
formando un solo puño. Y de golpe todo eso se transforma brutalmente en algo real que cruza el aire y que
golpea al hombre en el cuello y deja allí algo clavado.

Curiosamente, la tensión no le impide reconocer, al cabo de un instante, el pisapapeles que se hallaba sobre
el escritorio del estudio: una tosca daga antigua con empuñadura de hierro desnudo y un símbolo
damasquinado en la base de la hoja corta y aguda. El arma queda allí firme, algo torcida, negra, más negra
aún contra la piel blanca salpicada con sangre, formando un grotesco moño de etiqueta.

Después, con una sola mano porque la otra sigue apretando el arma, el enorme cuerpo del hombre trata de
sostenerse en pie, tambaleando y braceando desaforadamente como si fuera un títere de guante, buscando
con desesperación un punto de donde aferrarse para no caer.

Pero las rodillas se le doblan.

La imagen real de ella aparece ahora; necesita apoyarse contra el dintel y tratar de recuperar la respiración;
mira con ojos que quieren saltar de sus órbitas al hombre que se muere a sus pies agitando un brazo en el
aire, emitiendo sonidos que más que a gemido suenan a mugido sordo, gárgara ahogada. Su mano derecha
se hunde en el pelo sucio y alborotado y tira de un mechón y por un momento parece que va a pronunciar
un nombre, pero la sílaba queda trunca en su garganta...

- Nosotros hablamos tantas veces de este puñal - murmura luego incoherente - él estuvo siempre sobre su
mesa... y ahora lo mata. Qué increíble!

Pero después parece no poder soportar mas y con las manos se cubre el rostro y detrás de ellas se escucha
un sollozo contenido, como una especie de aullido que pugna por salir.

Y ese último gesto le cuesta la vida.

Porque le impide ver lo que en el momento pareció un acto reflejo casi instantáneo; que congela en labios
de Juan un grito desesperado de advertencia. Otro disparo se oye corto, tan leve que parece inofensivo,
una bala sin dirección ni destino que se escapa a la presión de un puño que se contrae.

Caen los papeles al piso pero aunque Juan salta hacia adelante y quita el arma con rabia, ya es tarde... Ella
se dobla en dos, como el alto tallo de una flor de cortaderas quebrado, segado por un solo golpe seco.

El alcanza a sostenerla pero inmediatamente se da cuenta de que sólo puede ayudarla a caer; y la extiende
luego sobre el piso y le acomoda la cabeza sobre sus brazos; y su mente busca con desesperación la forma
de salvarla... pero ya sabe que todo será inútil: el rostro de ella le anuncia algo que jamás vio, pero que de
alguna manera reconoce...

Ahora sabe el final de esa historia que es también una metáfora de su vida: sueños, esplendores... y
despedidas. Pero ese egoísmo es sólo momentáneo y luego vuelve la necesidad desesperada de tomar la
mano de ella, como para impedir que caiga a un abismo.

Los ojos de la mujer lo buscan; pero parecen mirar hacia adentro o hacia atrás, como tratando de recordar
algo; tienen una rara quietud, un cierto aire de indiferencia; pero brillan aún a la luz gris de la mañana
lluviosa. La vida se le escapa a chorros por una herida negra que se cubre con ambas manos a un costado
de la cintura y su rostro refleja ya la aceptación obligada de lo inevitable que se avecina.

Tose al tratar de hablar y el dolor le contrae la frente:

- Juan, no dejes esta pobre niña sola... - le parece recordar haber escuchado en ese momento de los labios
pálidos; y los ojos se clavan en los suyos y, por última vez, pasa ese mensaje de código secreto y la sombra
de una sonrisa...

Después quedan inmóviles.

Como uno de aquellos antiguos barcos de las tumbas vikingas, el cuerpo comienza a separarse de la costa
segura del Universo; inicia su viaje final a lo desconocido llevando al espíritu por el temible océano de la
nada.

Y el resto es para Juan una completa soledad; un túnel donde la oscuridad es tal que no sabe si tiene los
ojos abiertos o cerrados. Pero la muerte es un milagro tan formidable como el de la vida misma, y el haber
presenciado ese final le deja en el alma una dulzura que lo acompañará para siempre...





EPILOGO



Algunos poemas de un libro de Juan Beltramino (silenciosamente llamado "De mi alma") hablan de armas.
Transcribo aquí uno que comienza con versos muy significativos:


"Ten prudencia hijo mío
en el manejo de las armas,
que ellas saben de la muerte
tantas cosas... y callan!"


Otros en cambio ("Ese loco perdido...") se me ocurren más relacionados a los acontecimientos que
siguieron, de los cuales tengo sólo alguna que otra referencia periodística, los comentarios ocasionales,
siempre muy escuetos, de mi abuelo y algunos vagos recuerdos.

Habrán sido - ya lo puede suponer el lector - tiempos muy difíciles para Juan, que tuvo sin embargo la
fuerza suficiente como para emprender el largo proceso de tramitar nuevamente mi adopción y luego mi
emigración a los Países Bajos.

Actuó desde el principio bajo la forma legal de "padre sustituto", de manera de reservar al padre de
Penélope Maturana, mi querido abuelo, el lugar de tutor y educador. De esta forma ella llevó el apellido de
su abuela porque así lo quiso su padre y yo adopté luego el de este último, por querer honrarlo. Fue, por
otra parte, quien más habrá sufrido con todo lo ocurrido.

Pero jamás lo escuché quejarse. Creía, como muchos librepensadores, que los designios de Dios están
demasiado alejados como para pretender juzgarlos y menos tratar de redimirlos asumiendo la culpa de lo
que nos parece equivocado. Sólo nos queda observarlos con asombro, decía. En su mirada pude ver sin
embargo, cuando la vida me enseñó a distinguir, la tristeza enorme que había quedado arrumbada para
siempre dentro de su corazón.

Tanto el asesinato de Claus Verboom como la muerte (¿diré accidental?) de Penélope fueron
cuidadosamente ocultados. La prensa de Buenos Aires sólo hizo, en el primer caso, una muy breve
referencia a su fallecimiento "por causas naturales". Los restos reposan en un mausoleo perteneciente a su
familia, en un pequeño pueblo del sur.

Eran años de decadencia de esa sociedad sin reglas ni leyes: la venta ilegal de armas, las colosales
evasiones de impuestos de empresas (grandes y pequeñas), el caso IBM-Banco Nación y el de las
exportaciones de oro, la aduana paralela, son todos del orden de los millones de dólares pagados con
dinero de todos. El enriquecimiento ilícito de jueces, senadores, diputados, jefes de la policía, funcionarios
del gobierno en general, y los casos repetidos de coimas a todos los niveles, el asesinato de María Soledad
Morales que dejó a la luz el sistema feudal que todavía imperaba en las provincias, el de José Luis Cabezas,
que mostró un escalofriante desprecio por la vida por parte de gente que gobernaba y decidía el destino de
la sociedad, pero, por el otro lado, también casos que manipulación de la información por parte de los
medios sin ningún respeto por el nombre de las personas y, además, cientos de injustificables jubilaciones
de privilegio, entre las cuales llama la atención encontrar a parientes de pretendidos defensores de la moral
y los derechos populares, destacan entre un sin número de otros privilegios de "menor" cuantía, como
registros del automotor concedidos en forma graciable, sospechosas y arbitrarias contrataciones directas,
miles de sueldos pagados con dineros públicos a personas que no trabajaban ("ñoquis") y otros mas
coloridos que van desde el lujo de la innecesaria pista de aterrizaje de Anillaco (un pueblo de apenas diez
manzanas), hasta falsificaciones de calificaciones en los exámenes universitarios e incluso el de algún
pseudo ingeniero, que se inventó el título porque "a cuántos les dicen doctor y son sólo abogados".

Estos son ejemplos que llegaron a ocupar espacio en los medios. Otros, ni siquiera merecieron una línea en
los diarios: caso (para citar alguno concreto) del reclamo de las comunidades del área de Teuco-Bermejito
(Provincia del Chaco) referido a 150.000 hectáreas reconocidas por el Gobierno a los tobas en l926, en el
cual los cien mil dólares destinados a gestiones de mensura y entrega de tierras fueron "extraviados" en el
Banco Provincial. La corrupción ganaba en todos lados y en todos los niveles, siempre justificada por
casos mayores...

En medio de ese notorio paradigma del delito que fue la Argentina de aquellos años, no debe extrañar que
estos hechos hayan podido pasar desapercibidos.

Poco y nada dice de esto el diario de Penélope. Y tal vez sea ésta la clave de muchas cosas: no es posible
justificar nuestra propia corrupción con la mayor corrupción ajena. No se cuidan en Holanda los tulipanes,
nos dice ella misma, sólo señalando a quienes los arrancan, sino más bien cuidándose de no buscar excusas
para arrancar alguno (nosotros) "por única vez"...

Juan murió luego a los pocos años de un cáncer que lo llevó en unos meses. El cuento que da forma al final
de este relato fue escrito durante ese tiempo. Sus restos estuvieron en un cementerio público de Buenos
Aires pero yo me ocupé luego de trasladarlos a donde se hallan los de Penélope. Ambas placas están
separadas sólo por unos pocos metros de verde hierba en la ladera suave de una colina y cuando las miro
desde lejos suelo confundirme fácilmente y no saber cuál es cuál.

Hoy todos los personajes de esta historia, a excepción de quien esto escribe, han desaparecido. Pero
seguramente otro Ulises navega y enfrenta tormentas y magia, y otra Penélope lo espera acechada por
Antínoo. Y quizá sea éso lo que El Creador pretenda de nosotros: que representemos para su deleite
infinito esta obra trágica que desde nuestro modesto lugar de actores jamás podremos comprender.

Sea como fuere, estos acontecimientos cambiaron mi suerte. Fui, sin saberlo, un pájaro liberado que pudo
tender las alas y volar por sobre las rejas de aquel asilo que ya no puedo recordar. Atrás quedó la
corrupción, atrás quedó la muerte. Y aunque esta sea un lucha sin final, siempre habrá momentos más
luminosos que otros.

No poseo recuerdos personales de Penélope y esto de algún modo me angustió. Durante mucho tiempo
traté de asociar los retratos y fotografías de ella con momentos de mis primeros años. Pero es inútil. Solo
tengo o creo tener unas imágenes de un baño saturado de vapores y de una bañera llena de agua tibia en la
que nada un pato ó cisne de juguete de brillante plumaje negro y pico rojo, y cierto perfume a jabón, que
por alguna misteriosa razón asocio a ella.

De ninguno de estos terribles acontecimientos (repito) tuve noticias hasta que me propuse buscar aquel
poema perdido y pude encontrar en cambio el origen, si no de mi vida, sí de mi destino. Fui, de algún
modo, esa gaviota sin pasado que ella quiso que fuera, libre sobre el océano, tripulante de vientos azarosos
que me llevaron a otras latitudes.

Y quizá no haya mayor poesía que ésa.

Ahora que conozco este pasado, miro a veces aquel viejo retrato (que heredé de Juan) y me pregunto
cómo hubiera sido el vivir al lado de un reina como ella... Y también pienso que ésta fue la razón por la
cual mi abuelo no me contó lo que había sucedido: quiso evitar que yo sufriera como le tocó sufrir a él.
Pero creo que en esto se equivocó. No puede haber dolor si no hay afectos, que crecen sólo lentamente,
con las cosas compartidas...

Siento por ella, en cambio, una admiración casi infinita:

Hay quienes hemos nacido para ser un paso más en la sucesión de la vida. Todo lo que podremos hacer es
trasladarla hacia adelante para evitar que perezca. Otros, en cambio, reciben el extraño e infrecuente
mandato de ser, de alguna manera, el final de esa cadena: como aquel amuleto antiguo que pendía del
cuello de Penélope... Se produce entonces una especie de apoteosis de la fuerza y de la belleza que
encandila en la impensable diadema de estrellas del Universo, y su destello queda en los ojos de todos, para
que recordemos que somos hijos de Dioses.

Luego todo vuelve a perderse, a olvidarse.

Alguna vez, por simple curiosidad, he caminado por aquellos andenes de la estación de Juan y de
Penélope. La vida continuaba por allí como en tantas otras partes, indiferente, impávida. Y, aunque he
tratado de escuchar atentamente "en el fragor momentáneo de los trenes al pasar", nada extraño ni
sobrenatural pude advertir. Pero así son los fantasmas: secretos, furtivos. Sólo con el paso de los años he
aprendido que para poder percibirlos es preciso saber imaginarlos...



INDICE



PROLOGO....................................1.

PRIMERA PARTE .........................4.

SEGUNDA PARTE........................44.

TERCER PARTE ..........................97.

EPILOGO...................................116.










C A R T A S A P E N É L O P E






( U N P E Q U E Ñ O C A S O D E C O R R U P C I Ó N )











N O V E L A






J U A N C A R L O S A U L M A N N

1 comentario:

juan carlos aulmann dijo...

La leí entera! Muy buena! Hay mas?